Un recorrido por Brera, el barrio bohemian-chic de Milán por Carolina Dias

No muy lejos de la Piazza del Duomo se encuentra este quartiere de Milán que combina arte, diseño, historia y gastronomía. Un poco chic, un poco bohemio, pero sobre todo muy milanés.

Caminando desde Piazza della Scala comienzan a aparecer, de golpe, imponentes palazzi, galerías de arte y locales muy bien cuidados. Es que ya estoy en Via Brera, la calle central de este barrio.

Me encuentro con algunos de los negocios a los que no me puedo resistir y cada vez que paso por la puerta entro. Pettinaroli con sus mapas y estampas antiguas. Cavalli e Nastri, porque en la capital de la moda darse una vuelta por un local vintage es un must. Y Rigadritto, que no podría definir si es una librería, una juguetería o una casa de decoración; solo sé que me compraría todo.

Sigo caminando y aparece el enorme Palazzo Brera, donde se ubica uno de los museos más importantes de Milán, e incluso de Italia. La Pinacoteca de Brera es una parada obligada para los amantes del arte. Otra de las cosas que me gusta visitar en este edificio es su botánico, que se encuentra en la parte de atrás y es uno de los rincones verdes ocultos de la ciudad. Además, siempre me doy una vuelta por la biblioteca Braidense, en el primer piso, que me transporta en el tiempo (o a una película de Harry Potter).


Continúo el recorrido por Via Fiori Chiari y es donde Brera se transforma en un lugar mágico. Las calles se vuelven peatonales, los balcones de los edificios desbordan de flores, los bares sacan sus mesas afuera y las vidrieras ofrecen lo mejor de sí. Y para sumarle esoterismo, tarotistas listas para predecir nuestro futuro.

Pero no es hasta llegar a Via Madonnina que decido sentarme a tomar un café. Es cierto que en Brera las opciones gastronómicas no faltan, pero es en esta calle donde me enamoré de Milán (una ciudad a la que me había mudado sin conocerla) y no me canso de volver.

Regreso tras mis pasos para perderme por las callecitas de este barrio. Caminando sin rumbo voy disfrutando de las galerías de arte y de los negocios que me cruzo en el camino.

No pasó mucho tiempo desde el café, pero muy cerca se encuentra el Palazzo Parigi, por lo que resuelvo terminar el día en su jardín disfrutando de un aperitivo.

Quizás no sea objetiva con la recomendación que les voy a dar, pero no se pierdan de descubrir este barrio (un poco chic, un poco bohemio) si vienen a Milán.


Por Carolina Dias (@mood.trips)

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