FERNANDA URREJOLA: EL ARTE DE CONFIAR EN LA PROPIA INTUICIÓN

La palabra “ambición” suele asociarse con velocidad, conquista o acumulación. Fernanda Urrejola la entiende de otra manera. En esta etapa de su vida, tiene más relación con la profundidad que con la urgencia; con la posibilidad de elegir mejor, de escuchar más atentamente la intuición y de participar activamente en las historias que decide contar. Después de más de dos décadas de carrera, la actriz chilena atraviesa un momento donde la experiencia parece haberse convertido en una forma de libertad.

Su nombre forma parte de una generación que creció junto a la televisión chilena, cuando las teleseries todavía marcaban la conversación pública y los actores se transformaban en figuras familiares para millones de espectadores. Sin embargo, el recorrido que comenzó frente a las cámaras tomó hace años una dirección más amplia. La actuación sigue siendo el centro de gravedad de su trabajo, pero hoy convive con la escritura, la producción, el desarrollo de proyectos propios y una mirada cada vez más autoral sobre los relatos que le interesa impulsar.

La decisión de instalarse en Los Ángeles en 2016 marcó un punto de inflexión. No fue un gesto de ruptura, sino de expansión. Dejar atrás un espacio donde ya era reconocida para comenzar nuevamente en una industria distinta implicó asumir riesgos, reformular expectativas y aceptar que el crecimiento rara vez ocurre dentro de los límites conocidos. Desde entonces llegaron proyectos como Narcos: México, Cry Macho junto a Clint Eastwood y una serie de experiencias que terminaron ampliando no solo su alcance profesional, sino también la manera en que entiende su oficio.

Hoy, mientras participa en la adaptación de La casa de los espíritus y filma El hijo perfecto para Netflix, Urrejola parece habitar un lugar poco frecuente: aquel en el que la experiencia acumulada deja de sentirse como equipaje y comienza a funcionar como herramienta. Hay menos necesidad de validación externa y más confianza en la propia mirada. Menos preocupación por responder a ciertas expectativas y más interés en construir narrativas que generen conversación, reflexión o nuevas preguntas.

“Estoy en un momento muy importante de mi vida que describiría como un capítulo de madurez, confianza y cosecha”, dice. Y aunque la palabra podría sonar complaciente, en su caso parece describir algo distinto. No una llegada, sino la conciencia de que muchos de los sueños que durante años parecían lejanos hoy forman parte de su presente. “Llevo mucho tiempo moldeando la carrera que quiero y trabajando para cumplir esos sueños. Han ido ocurriendo de a poco y eso me tiene profundamente agradecida y motivada”.

Esa sensación de cosecha convive, paradójicamente, con una renovada sensación de apertura. “Hoy me doy cuenta de que hay cosas que me importan menos, como la opinión del otro. Estoy más confiada en mi visión, en mi intuición y en mi manera de percibir la vida. Eso me llena de energía. Siento que estoy recogiendo el trabajo de muchos años, pero al mismo tiempo se abre un mundo de posibilidades infinitas y eso también me inspira muchísimo”.

Por Francisca Vives K.

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