ENTREVISTA A MATIAS DUVILLE

Lo fantástico como recurso a lo real

Matías Duville, ha desfilado por los mejores museos del mundo y hoy es considerado uno de los artistas contemporáneos más reconocidos de nuestro país. Fue el artista argentino invitado por el Drawing Center de Nueva York, Estados Unidos, una de las principales instituciones de promoción del dibujo del mundo, para presentar su proyecto de investigación, Alaska, y mostrar sus piezas en museos como el Moma, y Tate del Guggenhein. Actualmente está trabajando para la próxima bienal de Sydney, Australia, que se llevará a cabo en Marzo del 2022.

Su obra se desarrolla principalmente a partir del dibujo. Sus representaciones son desoladas, caóticas, mezclando el mundo real con su mundo de fantasía. El agua, el mar, el océano, forman parte de la esencia del artista, no solo por la conexión que tiene con el mar, sino también por la inspiración que le generan. Cada obra forma parte de un viaje espiritual, psicológico, vivencial de alguien que le apasiona explorar y descrubirse. La naturaleza es una pieza clave en todos sus trabajos, no pasa desapercibida su relación con el medio ambiente, con su entorno, su infancia, sus vivencias y creencias. Es un gran observador y analítico. Reflexivo, con una personalidad que lo caracteríza y lo diferencia del resto. Matías, explora su recorrido artístico sumergiendose en aquella infancia en donde la ciencia, la educación, la naturaleza, la exploración invadieron su mente para luego inspirarse y comenzar a mezclar esos recuerdos con fantasía. Su trabajo refleja esa dualidad que perdura en su obra, representando los opuestos, su realidad y su propia ficción, aquellos pensamientos más profundos con las viviencias más empíricas, la reflexión con la experiencia instanánea, los instantes se diluyen y mezclan con sus propias reflexiones, diseñando su propio caos en perfecta armonía.

¿Cómo ha sido tu niñez?
Mi niñez fue tranquila, yo nací en Quilmes y después nos vinimos para Mar del Plata. Mi papá era químico, también trabajaba en biología marina, geología, arqueología, hacíamos muchos viajes al sur. Mi mamá, era directora de escuela y docente. Mi casa era una especie de laboratorio, de hecho, en el fondo había uno que convivía con miles de carpetas que mi mamá tenía que corregir de sus alumnos y se mezclaban con experimentos químicos y fósiles. Fue una infancia increíble en un lugar alucinante. Típica casa chorizo con fondo en el pulmón de manzana en donde teníamos peces que criábamos y un estanque. Un hogar en donde convivían varias ciencias al mismo tiempo. Mi mamá Laura, mi papá Carlos, y mi hermano Pablo, quien tocaba el piano desde los ocho años, empezó en el conservatorio desde muy chico. Recuerdo su música clásica mientras me trataba de dormir. Era una casa caótica, muy hippie y gigante. Había mucho desorden, pero a la vez abundaba la disciplina y el estudio. Es muy interesante encontrar en los rincones de esa casa cosas que muchos años después aparecen en mi trabajo. Por ejemplo, la idea de los fósiles, de la petrificación. Hacíamos varios viajes al sur y traíamos muchas piedras y fósiles de ahí. Era una especie de ciencia aleatoria del trabajo de mi viejo. La biología era otra disciplina que aparecía en mi casa, la piscicultura. Mi papá era increíble, tenia esas conexiones con lo natural, la química y la física.

¿Con qué artista te identificas?
Yo no se responder esa pregunta porque mi influencia real está en mis experiencias de niño. Siempre me pareció interesante que el trabajo se nutra de lugares aleatorios como la geografía, la química, la música y la vida en el océano que es muy particular. Toda nuestra vida estuvimos conectados con el mar. Cuando vivíamos allá y durante mi infancia hasta los 12 años mi relación con el agua sucedía en el sur, cerca de la Patagonia. Y después nos vinimos a Mar del Plata con toda la familia y mi hermano Bernardo que era muy chiquito. Y ahí fue cuando comenzó esa conexión con el océano más profunda. Empecé a surfear y nos introdujimos en la historia de la cultura marítima.

¿Qué pasó luego de esa etapa en Mar del Plata?
Mucho después volví a vivir a Buenos Aires, empecé la beca Kuitca. Una nueva etapa, con viajes y producción de muestras, abriendo el panorama de la visibilidad de mi trabajo en Argentina y de a poco en otro países. Junto con mi familia, mi mujer Luciana que es psicóloga y Blas nuestro hijo que tiene ocho años, seguimos el derrotero de los viajes que iban surgiendo. Comencé con Luciana a producir obras y emprender nuevos rumbos. La idea del estudio del taller fue mutando, uno se hace más gitano. Mi trabajo fue viviendo esa transformación y las muestras de afuera tenían un poco que ver con esa mutación por un contexto nuevo y por una nueva audiencia.

¿Cómo es tu relación con la naturaleza?
Es muy interesante ver tu trabajo desde afuera, sacárselo de encima y ver como si fueras un espectador más, esa idea del que el trabajo no lo hiciste vos. La relación con la naturaleza fue muy intensa para mí. Hay varios aspectos que me interesan del mar. Una es la idea del misterio. Esa pregunta que está en la mente que hay debajo de esa masa de agua. Es algo muy místico. Cuando vivís la mayor parte de tu vida en el mar, pasa a ser como una religión, lo observas constantemente, lo analizas y confias. Hay una conexión rarísima en el fondo del mar y en lo profundo de tu mente, una analogía y paralelismo muy extraño que sucede. Ese aspecto me interesa mucho de lo natural. La idea del surf es casi como un dialogo entre tu fuerza y la fuerza de las olas que vienen desde miles de kilómetros. Es increíble porque uno recibe esa fuerza y dialoga con ella. El mar en invierno tiene una fuerza increíble.

¿En qué momento tu obra comienza a interpretar todas esas vivencias?
Mi trabajo comenzó a tener visibilidad en Argentina a partir del programa de la beca Kuitca desde el 2003 al 2005. Fue el primer programa importante que hice, comencé a investigar mucho qué me pasaba con la naturaleza. Me fui a Buenos Aires y me quedé muchos años. Y pensar en la naturaleza era muy excitante para mi porque me quedaba lejos, la podía tener los fines de semana y cada quince días. Guillermo Kuitca en una de nuestras charlas me dijo que mis dibujos eran como una especie de bocanada de aire fresco… y yo lo tomé como una especie de punta de lanza… es un dibujo que produce una sensación… En esa época mi trabajo se dividía en dos. Por un lado, tenia la investigación sobre los soportes y ese diálogo entre la materia y la narrativa, pero por otro lado me liberaba de todo eso y simplemente dibujaba sobre papeles. Un lado se volcaba sobre otro. En los papeles empezó a aparecer esa idea del caos natural, la gente miraba mi trabajo y me decía que veía catástrofes. Y sí, eran mis propias catástrofes, yo los diseñaba, no los retrataba. Mi deseo era llevar la idea del caos a una catástrofe psicológica. En el momento qué estoy trabajando me siento todo poderoso, entonces puedo congelar los mares, cortar las montañas, levitar los ríos, vaciar el océano. Los primeros dibujos tenían toda esa fuerza de querer conquistar un paisaje fantástico.


¿Cuáles son tus momentos de inspiración?
Para mi es un momento de quietud, son como shocks. Pueden ocurrir en cualquier momento del día. A veces estoy confortable pero no puedo dormir, esos son momentos que les presto atención porque hay una especie de vínculo entre algo que está por surgir. Y allí es cuando trabajo. Me levanto, anoto cosas, hago pequeños dibujos. La producción es más autómata. Dentro de ella hay accidentes que son muy interesantes y te van guiando. Pero los momentos de iluminación son distintos pueden ocurrir en cualquier lugar, incluso nadando, y no tienen que ver con el momento de producción, que es otro tipo de accidente. Lo llamo así, porque tiene que ver con la producción en sí mismo, con algo técnico y está ocurriendo ahí en ese instante. Yo divido la parte de la iluminación y con la de la producción.

¿Cuáles son tus pasiones fuera de tu arte?
Es difícil separar porque para mi está todo conectado. Te podría decir que el surf es como algo aparte o la música, pero esta conectado. Tengo un proyecto con mi hermano Pablo que se llama “Centolla Society”, es una banda que va desde la invención de sonido a música pop y es muy amplia la idea del proyecto. Pero esta totalmente adentro de mi trabajo porque todas estas cosas aparecen en la obra, son parte de ella. Me interesa la pesca con mosca, es algo que desde muy chico hacíamos con mi papá y ahora con mi hermano Bernardo.

¿Cómo viviste el proyecto “Alaska”?
Alaska fue un proyecto muy extenso que duró desde el 2008 al 2013. Se dividió en 3 etapas, un viaje mental, un viaje real y las memorias del proyecto. En 2008 decidí trabajar, por primera vez, con un verdadero referente; necesitaba un lugar en la Tierra que estuviera alejado de mi vida cotidiana, pero al mismo tiempo en el mismo continente. Entonces, comencé a dibujar e imaginar cómo sería este lugar (como nunca había estado en Alaska, decidí no trabajar con información o imágenes reales de este lugar). Sentí la necesidad de involucrarme en un paisaje real y pensé en un lugar que tenía ciertos fenómenos naturales fantásticos, casi de ficción pero que eran reales, por ejemplo, la aurora boreal, grandes especies animales y gigantes, enormes paisajes. Y, además, se encontraba en el borde del conteniente, por lo tanto, comencé a trabajar con esa idea de los límites. Un lugar distante pero cercano… Estos bocetos comenzaron a formar un viaje mental, describiendo el territorio donde, un año después, en 2009, pasaría una temporada. Ese año, conocí a Mario Gradowczyk que financió el proyecto, un coleccionista impresionante y gran persona que me ayudó mucho. Con Bernardo (mi hermano menor) que trabajaba en mi estudio, convertimos un “motorhome” en estudio móvil. Estaba recorriendo los paisajes que había proyectado mentalmente en el 2008. No eran paisajes copiando la realidad, eran ideas que yo tenia en ese lugar, que luego no coincidían para nada, pero en algún punto se encontraban en un lugar común que tenía en la mente, las proyecciones imaginarias. Fue un proyecto increíble que se involucraban muchas cosas, la pesca con mosca, la música, la idea de la expedición, del campamento. Ese estudio móvil era un “cocktail” que me llevaba al recuerdo de esa casa de la infancia, y la mezcla de ciencias. Estaba presente esa costumbre de pescar y comer de la naturaleza. La pesca con mosca es engañar con algo artificial a una trucha o un salmón que la desea comer, que luego pasaba a ser nuestro alimento y entretenimiento. Y era una especie de emulo del arte, de gancho del anzuelo. Hice instalaciones muy grandes con anzuelos gigantes. Ese concepto del señuelo de la mosca artificial estaba en este proyecto, pero era uno de los cientos de puntos que lo conformaban. Y esto concluyó con la publicación de un libro que se publicó en el “Drawing Center” de Nueva York, en donde concluyó en el año 2013. El proyecto se dividió en tres pasos: un grupo de bocetos creados en mi estudio en Buenos Aires en 2008 (viaje imaginario); otro grupo de dibujos creados en Alaska (el verdadero punto de referencia del proyecto); y finalmente una secuencia de dibujos hechos en 2012 a partir de la memoria de todo el proyecto.

¿Qué pensas de la pandemia?
No hay nada interesante. No se puede decir nada original esta todo dicho, casi que uncliché hablar de la pandemia. Hubo algunos aspectos interesantes al principio cuando la naturaleza parecía que se iba a comer a la civilización, e iba a reconquistar su lugar, pero fueron esas primeras semanas de “lock down” mundial y después nada… todo se
transformó en lo que ya sabemos y es como que se rompió el juguete.

¿Qué artista te inspira?
Para mi es muy difícil, voy a simplificar todo con Lucio Fontana. Es el artista fundamental.

¿Qué consejos darías a los más jóvenes?
Hace 4 años tuve una catedra en el Di Tella, cosa que fue muy difícil porque para mi lo interesante de producir arte es que cada uno tiene un distintivo. No hay muchos consejos para dar. Uno tiene que encontrar eso que lo diferencia, esa cosa que tenes que no se repite en ningún lado, que es único. Como todo es parecido y similar es difícil darse cuenta que es lo que tenes para ser distinto al resto del mundo. Creo que el trabajo está ahí. Hay que confiar en lo que uno hace ciegamente. Ese poder invisible que es más que una religión, como una creencia. Si uno no tiene esa convicción de crear un universo diferente e imaginario, más allá de lo conocido, te aburrís y lo dejas de hacer, va a ser algo momentáneo. No sé si eso se aprende, quizás se descubre, y quizás uno no es para eso y está todo bien, no se debe forjar eso. Pero son dos partes fundamentales, creer en lo que haces e ir en la búsqueda de lo distinto. Y a partir de eso, podes hacer cualquier cosa porque esa es la fuerza que te va a alimentar la carrera.

¿Qué opinión tenes sobre el cambio climático?
Yo tengo dos posiciones muy distintas. Hay una más objetiva. Decir: esto esta ocurriendo, la contaminación es parte de la naturaleza, es natural, el ser humano es natural, mezcla materias primas naturales y por un error de mezcla se alteran ecosistemas. Me parece interesante ponerme con una postura pasiva y mirar en vista cenital, como parte de esa curva ascendente y descendente, como una destrucción inminente imposible de frenar. Pero luego tengo otra visión que es más activa, dentro de la comunidad, sobre todo en mi contexto que es un contexto marítimo. Estar atento a eso, y dentro de lo que humildemente uno pueda frenar lo va a hacer. Es algo relativamente nueva esta noción de que nos estamos hundiendo. Eso se conecta con el momento que estamos viviendo, esa sensación de ser los más perdedores de toda la galaxia y casi mirarlo como quien se está hundiendo en arena movediza.

¿Qué es la felicidad para vos?
Tener un pie acá y tener un pie en la ficción.

¿Cuál es tu estado ideal?
Tiene algo que ver con la idea de la felicidad. A veces hay momentos que son exponenciales. Me pasa a veces que prendo un fuego afuera y estoy en la intemperie, pero a la vez estoy en otro lugar, casi como un momento de meditación. Es tan simple pero tan perfecto. Estar con dos temperaturas al mismo tiempo, y eso te trasporta a otros momentos. Tengo un par de imágenes que vienen desde la infancia como lugares ideales que están en la mente, pero son ideales porque no los puedo definir ni cristalizar, puedo dar directivas del tipo del lugar al que me refiero, pero en realidad tiene que ver con la imposibilidad de poder describir ese espacio. Tengo un recuerdo de la infancia que yo creo que fue el detonante de todo esto. Estaba con mi hermano en la habitación en un entrepiso que tenía unas ventanas muy chiquitas que correspondían al techo, eran horizontales y muy largas, de una casa vieja que se modificó. Y yo pensaba que iba a pasar algo, lo sentía. Entonces abrí la ventana y en ese momento paso un cometa. Ahí me di cuenta que había pasado algo que tenía que ver con otro tipo de fuerza, nada racional ni lógico. Con siete años había experimentado un momento que tenía que ver con un fenómeno superior. Imposible de describir plenamente. Y ese hecho me cambió para toda la vida, fue un antes y un después. A partir de ahí empecé a creer que el mundo no era simplemente el mundo, sino que existían otras fuerzas, y fue un alivio. Esa imagen que me sigue hasta hoy, ese cometa, tiene que ver con eso. Con todo lo que arrastra un hecho así, y la suerte de haber experimentado ese fenómeno en ese momento. Quizás abundan experiencias como esas, pero cuando uno las capta se da cuenta el poder eterno que tienen.

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