Con apenas 29 años, Jacob Elordi dejó atrás la etiqueta de ídolo adolescente para convertirse en uno de los actores más interesantes de su generación. Entre el cine de autor, las grandes maisons y una presencia que combina magnetismo y elegancia, el australiano construye una carrera que trasciende la pantalla.
Jacob Elordi es uno de los actores más destacados de su generación. En pocos años pasó de ser un ídolo juvenil a convertirse en un intérprete buscado por algunos de los directores más prestigiosos del cine contemporáneo. Su carrera refleja una evolución poco habitual en Hollywood: lejos de conformarse con el éxito comercial, eligió proyectos cada vez más desafiantes y construyó una identidad artística marcada por personajes complejos, una presencia magnética en pantalla y una clara preferencia por el cine de autor.

Nació el 26 de junio de 1997 en Brisbane, Queensland, Australia. Es el menor de cuatro hermanos y creció en una familia de clase trabajadora. Su padre, John Elordi, nació en el País Vasco español y emigró junto a su familia a Australia cuando era niño, mientras que su madre, Melissa, se dedicó principalmente al cuidado del hogar. El actor ha contado en distintas entrevistas que esa historia familiar, marcada por el esfuerzo y la inmigración, influyó profundamente en su manera de entender el trabajo y la perseverancia.
Durante su infancia, el deporte ocupó un lugar central. Practicó rugby y básquet de manera competitiva, hasta que una lesión en la espalda durante su adolescencia lo obligó a abandonar el rugby y terminó acercándolo definitivamente a la actuación. Al mismo tiempo participaba en musicales escolares y obras de teatro, donde comenzó a descubrir un interés genuino por la interpretación.

Uno de los grandes detonantes de esa vocación fue Heath Ledger. Tras verlo interpretar al Joker en The Dark Knight, comprendió que quería dedicarse al cine. Comenzó a estudiar actuación, perfeccionó por su cuenta el acento estadounidense y pasó horas analizando las carreras de figuras como Marlon Brando, Daniel Day-Lewis y Christian Bale.

Después de sus primeras experiencias en producciones australianas, decidió mudarse a Estados Unidos para intentar abrirse camino en Hollywood. Sus comienzos estuvieron lejos del glamour que luego lo rodearía. Trabajó como extra en Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales y, según contó, durante sus primeros tiempos en Los Ángeles atravesó dificultades económicas e incluso llegó a dormir en su automóvil mientras asistía a audiciones.
El gran punto de inflexión llegó en 2018 con The Kissing Booth, la comedia romántica de Netflix en la que interpretó a Noah Flynn. La película se convirtió en un fenómeno global y transformó a Elordi en uno de los rostros más reconocibles de la plataforma. El éxito continuó con dos secuelas, aunque años después el actor reconocería que nunca sintió una verdadera conexión artística con aquellas producciones y que las entendió como una manera de abrirse camino en la industria estadounidense.

Mientras todavía cargaba con la etiqueta de galán juvenil, sorprendió con un giro radical en Euphoria. En la serie creada por Sam Levinson interpretó a Nate Jacobs, un joven violento, manipulador y emocionalmente fracturado. La intensidad psicológica que aportó al personaje reveló un registro dramático hasta entonces desconocido para el gran público.
“Tenía ganas de despojarme de las ideas preconcebidas que todo el mundo tenía sobre mí. Quería hacer cosas como Euphoria desde antes de llegar a Hollywood, desde que estaba en el colegio”, explicó sobre aquel cambio de rumbo.
A partir de entonces comenzó a priorizar proyectos junto a cineastas de prestigio. En 2022 participó en Deep Water, dirigida por Adrian Lyne, y un año más tarde llegaron dos películas que terminaron de modificar la percepción de la industria sobre él.

La primera fue Priscilla, de Sofia Coppola, donde asumió el desafío de interpretar a Elvis Presley desde una perspectiva íntima y alejada del espectáculo. Su interpretación evitó la caricatura para mostrar a un Elvis seductor y vulnerable, pero también contradictorio y oscuro.
Ese mismo año llegó Saltburn, dirigida por Emerald Fennell. Allí dio vida a Felix Catton, un joven aristócrata británico cuyo magnetismo funciona como centro de una historia atravesada por el privilegio, el deseo y el poder. La película se convirtió en un fenómeno cultural y terminó de consolidar a Elordi como uno de los actores jóvenes más interesantes de Hollywood.

Sobre su decisión de sumarse al proyecto, Elordi destacó especialmente a su directora: “Ella y solo ella fue la razón por la que quería participar sí o sí. Tiene una forma de ver las cosas única y para ella todo cuenta. Cada segundo y cada detalle hablan de ella. Quería formar parte de ese mundo”.
Lejos de repetir fórmulas, continuó apostando por personajes exigentes. En 2025 protagonizó la miniserie The Narrow Road to the Deep North, basada en la novela ganadora del Booker Prize de Richard Flanagan. Para interpretar al cirujano Dorrigo Evans atravesó una importante transformación física y emocional, en uno de los trabajos más maduros de su carrera.
Ese mismo año dio vida a la criatura en Frankenstein, dirigida por Guillermo del Toro, un proyecto que confirmó su crecimiento artístico y profundizó su vínculo con el cine de autor internacional.

“Lo vi en Saltburn y me encantó su inocencia y franqueza. La mirada de Jacob está llena de humanidad. Lo elegí por su mirada”, explicó Del Toro sobre su elección.
Más allá de sus personajes, Elordi construyó una imagen pública bastante diferente a la del típico actor surgido de un fenómeno adolescente. Con 1,96 metros de altura, una estética clásica y un marcado interés por la literatura, el cine y la moda, suele mantenerse lejos de la sobreexposición mediática. Ha dicho en numerosas ocasiones que no disfruta especialmente de la fama y que su prioridad es construir una carrera como actor antes que convertirse en una celebridad.

La moda es otra parte importante de ese universo. Su estilo relajado, elegante y de inspiración clásica llamó rápidamente la atención de las grandes maisons. Bottega Veneta, Prada, Burberry y Saint Laurent son algunas de las firmas que han formado parte de sus apariciones públicas, convirtiéndolo también en una referencia de la moda masculina contemporánea.
Menos conocida es su pasión por la lectura. Suele viajar con varios libros a la vez y alterna novelas, poesía, teatro, diarios de viaje y biografías, materiales que considera parte de su propio trabajo como actor.
“Estoy enamoradísimo del arte, sobre todo cuando se hace a través de la narración. Me conmueve todo: las fotografías, las pinturas, la música, descubrir música nueva, compartir un interés con alguien”, declaró.
Lo que comenzó con el fenómeno adolescente de The Kissing Booth evolucionó hacia una filmografía cada vez más ambiciosa. Sofia Coppola, Emerald Fennell y Guillermo del Toro forman parte de una lista de cineastas que encontraron en Elordi algo más que una presencia magnética frente a cámara.
A los 29 años, parece haber conseguido justamente aquello que buscaba cuando intentaba desprenderse de las primeras etiquetas: dejar de ser simplemente el galán del momento para construir una carrera propia. Y todo indica que todavía está comenzando.


