Actriz multifacética, madre de dos hijos y creadora de sus propios caminos, Brenda Gandini habla sin filtros sobre la maternidad como pasantía de vida, el equilibrio entre exposición e intimidad y la búsqueda constante de nuevos lenguajes creativos dentro y fuera del escenario.

Brenda Gandini lleva más de dos décadas actuando, aprendiendo y reinventándose. Madre, artista y creadora de proyectos que se mueven entre el teatro, el cine, la televisión y las redes, vive cada etapa con una mezcla de valentía y mirada introspectiva. En esta conversación íntima, habla de la maternidad como un acto de transformación —una “pasantía de vida”, como ella lo llama—, del desafío de criar en tiempos de hiperexposición y de cómo se sostiene en un mundo acelerado que exige, todo el tiempo, nuevas versiones de uno mismo.

Hoy te vemos muy activa en redes. ¿Cómo vivís ese espacio?
Me amigué con las redes. Ahora las siento un espacio creativo donde puedo jugar: mostrar mi faceta de actriz, mi vida familiar, el teatro. Ahí puedo poner un poco de todo.

¿Cómo describirías la experiencia de ser mamá?
Para mí, la maternidad es una pasantía de vida. Fui madre joven y eso me encantó: quería ser compinche, tener una relación cercana con mis hijos como tuve con mi mamá. Criar implica presencia, renunciar a proyectos y tiempo personal. Cuando nació Alfonsina dejé una obra en España que era un sueño para mí. Elegí quedarme. Ser mamá me enseñó a correr el ego, revisar mis valores, sanar cosas familiares. Los hijos vienen a enseñarnos.

¿Cómo sos como mamá?
Con mi primer hijo fui obsesiva, casi paranoica. Pensé que iba a ser relajada… y nada que ver. Con el segundo estuve más tranquila: la experiencia ayuda. Tener un hijo varón hoy es un desafío. Me importa hablarle de igualdad, respeto, romper mandatos. Como familia hacemos terapia; tener un adolescente implica rebeldía y distancia, y la terapia nos ayuda a acompañarlo sin retarlo todo el tiempo. Mi meta es que sean buenas personas, que descubran sus pasiones y tengan sus propios espacios.

¿Qué disfrutás más de esta etapa?
Acompañarlos a ser quienes son. Verlos crecer, descubrirse. Mis hijos también vinieron a mostrarme quién soy yo y qué valores quiero transmitir. Me ayudaron a sanar cosas y encontrar límites.

¿Cómo equilibrás tu vida profesional con la maternidad?
Nunca dejé de trabajar, ni embarazada. Después de la pandemia la estructura laboral cambió y empecé a crear mis proyectos, también desde redes. No quiero perder mis espacios personales por ser madre. Quiero seguir con mi camino profesional.

En una pareja conocida, ¿cómo preservan la intimidad?
Fue duro al principio. Gonzalo estaba en un momento muy fuerte y había mucha persecución mediática, muchos inventos. Eso duele. Con el tiempo aprendí a no engancharme y a poner el foco en lo que importa.

¿Trabajaron juntos? ¿Cómo es esa dinámica?
Sí, hicimos Chiquititas, obras de teatro y una gira de tres años con Desnudos. Nos llevamos mejor trabajando que en casa. Salís de la rutina, vivís otras cosas. Estamos juntos hace 15 años y aprendimos a cuidar nuestros espacios individuales. Él es muy capitán, yo lo incentivo y él me incentiva a mí. La clave es no perder la individualidad.

Sos multifacética: teatro, cine, tele, redes. ¿Con qué faceta te quedás?
Con todas. Amo actuar, encarnar personajes distintos, salir de mis pensamientos. El cine, el teatro y la tele son registros distintos, y los disfruto por igual. Últimamente estuve más ligada al teatro, pero me gusta ir y venir entre formatos.
¿Cómo sos como espectadora?
Mucho menos crítica. Valoro el esfuerzo de hacer. Poner una obra en escena es enorme, y ahora lo veo más que nunca.
¿Qué te impulsa a elegir un proyecto?
El desafío. Me encantan las historias reales y la comedia, que es lo más difícil. Hacer reír demanda un registro muy preciso.

Además de actuar, estudiás de todo.
En pandemia me agarró la necesidad de entender el cielo y la metafísica, pero desde el autoconocimiento, no desde lo predictivo. No tengo una religión fija, pero me gusta aprender para formar mi propio pensamiento. Estudio todo el tiempo: canto, guitarra, astrología. Quiero vivir muchos años para seguir aprendiendo.
¿Te gustaría ir detrás de cámara?
Escribir no, para eso está Gonzalo, que tiene un talento espectacular. Pero me encanta producir, organizar, estar en los detalles. Me interesa la dirección y la dirección de fotografía: esa capacidad de ver más allá de lo evidente.
¿Tus hijos te van a ver al teatro?
Sí, todo el tiempo. Alfonsina es feliz arriba del escenario. Y cuando Gonzalo no está, mi hijo me pasa la letra. Sus miradas son las más sinceras.
¿Cuáles fueron los momentos que te cambiaron la vida?
Irme de mi ciudad a Buenos Aires fue durísimo. Vine a estudiar Administración, después Diseño, y siempre tuve libertad para buscar lo que me gustaba. De chica actuaba y bailaba sin parar; en la adolescencia me guardé más. Pero cuando tomé clases de actuación acá, me di cuenta de que era lo mío. Una pasión que siempre estuvo, pero que recién identifiqué cuando me animé a mirarla de frente.


