Actor en plena expansión internacional y referente de estilo, Franco Masini encuentra en cada personaje y en cada proyecto la oportunidad de reinventarse. De Buenos Aires a Europa, del teatro a la moda, su camino refleja versatilidad, búsqueda y una conexión cada vez más profunda con lo espiritual.

Entre rodajes y pasarelas, Franco Masini se mueve con la naturalidad de quien entiende que el arte y el estilo son parte de un mismo lenguaje. Actor en plena proyección internacional y referente de moda, su presencia cautiva tanto en la pantalla como en las editoriales más exclusivas.

Franco ha construido una carrera marcada por la versatilidad y la autenticidad. Su historia se alimenta del deseo de aprender y de la capacidad de adaptarse a cada nuevo desafío. Desde sus primeras apariciones en televisión hasta sus incursiones internacionales en producciones como Rebelde y Todas las veces que nos enamoramos, se ha ganado un lugar propio en una industria exigente. El teatro le dio disciplina, la música abrió otra faceta creativa y la moda lo convirtió en un referente de estilo, trabajando con marcas como BOSS, Moschino o Dolce & Gabbana.

Hoy, con un estreno inminente como protagonista de El Retorno —un drama coproducido entre Argentina, Italia y España donde interpreta al hermano de un sacerdote que asegura ser Jesucristo reencarnado—, Masini asegura que este papel lo conectó con la espiritualidad de una manera distinta.
Has evolucionado mucho como actor. Mirando hacia atrás, ¿cómo creés que cambiaste desde tus primeros papeles hasta hoy?
Creo que todo ha evolucionado. Antes se hacían novelas y hoy predominan las series, lo que comprimió en pocos capítulos lo que antes llevaba meses. Para un actor, este nuevo formato es distinto: el trabajo es más concentrado y exigente, porque en tres meses hay que desarrollar un arco completo en apenas ocho episodios. Hubo una adaptación general para poder contar historias así. Con los años y la experiencia también crecí en lo personal, sumando vivencias y desafíos que me ayudaron a madurar como intérprete.

¿Qué buscás en un personaje para decidir sumarte a un proyecto?
La decisión puede ser por el personaje, por los actores con los que trabajaré, por el director, por la masividad del proyecto o porque me desafía desde otro lugar. Con el tiempo trato de elegir proyectos según lo que quiero para mi carrera. Por ejemplo, abrirme a España o, en Argentina, hacer una obra como Las cosas maravillosas, que era un monólogo y un gran reto para mí. Siempre me guío por lo que me apasiona y por lo que me puede llevar más lejos profesionalmente.
¿Preferís cine o teatro?
Mi sueño es poder hacer ambos en un mismo año. El teatro me encanta y mi pasión nació allí, pero es un ritmo muy intenso y, con el tiempo, el personaje siempre es el mismo aunque el público cambie. Prefiero temporadas cortas y luego pasar a un proyecto de cine, donde el personaje evoluciona durante el rodaje. Me gusta ir combinando y dejarme llevar por la pasión que me genera cada propuesta.

Estás por estrenar El Retorno. ¿Qué fue lo que más te atrajo del guion?
El personaje. No tenía nada que ver con lo que venía haciendo, implicó un cambio físico importante y creo que a muchos les costará reconocerme. El guion es intenso, espiritual, religioso y hasta controversial. Me pareció un desafío muy lindo. Además, la rodamos en Buenos Aires, Italia y España, lo que me permitió filmar en otros países y nutrirme de distintas experiencias.
¿Eras el único argentino en el elenco?
No, también estaba Gabriel Calicchio, pero había actores de distintas partes del mundo.

Este personaje tiene un fuerte componente espiritual y religioso. ¿Te considerás una persona espiritual?
No tanto, y me gustaría serlo más. La película me ayudó a conectarme con ese lado, igual que un viaje a India que hice este año con mi mamá y mi hermana. Fue uno de los mejores viajes de mi vida, me abrió a prácticas y reflexiones que antes no tenía. La India es un lugar que te impacta en todos los sentidos.
¿Hubo algún personaje que te haya hecho replantearte algo en tu vida?
No sé si replantearme, pero sí me llevó a involucrarme en temas que no conocía. Por ejemplo, en una serie muy vinculada a la salud mental, tuve que investigar y aprender sobre el tema para interpretar bien al personaje. Actuar te lleva a lugares a los que quizás no irías por iniciativa propia.
¿Te cuesta despedirte de un personaje?
A veces sí y otras no. En teatro, sobre todo cuando son temporadas cortas, las últimas funciones las disfruto el triple porque siempre está esa pregunta de cuándo volveré a hacer teatro.

¿Cómo te desconectás después de un rodaje intenso?
Me gusta liberar la mente. En un rodaje hay mucha presión para que todo salga perfecto, y cuando termina busco hacer deporte, leer un libro, tomar un café o disfrutar de un buen plan gastronómico sin exigencias externas.
¿Qué te inspiró a decir que sí en tus dos últimos proyectos?
El desafío actoral y las personas involucradas. Amor Animal, por ejemplo, fue creada por Sebastián Ortega, con quien nunca había trabajado y con quien me llevé muy bien.
Si no fueras actor, ¿qué estarías haciendo?
Creo que sería emprendedor. No sé en qué, pero tengo mucha energía para crear y resolver. Me imagino liderando un proyecto propio más que trabajando en una oficina cumpliendo órdenes.
¿Algún director con el que soñarías trabajar?
Me encantaría trabajar con Luis Ortega en Argentina y con Rodrigo Sorogoyen en España.


