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    Elisa Insua, una artista que genera conciencia

    La artista trabaja con objetos, aparatos, formas y textiles que se encuentran en desuso o son desechados, y a cada uno de ellos les encuentra un lugar en sus maravillosas obras de arte.

    Desde sus 16 años, Elisa empezó a incursionar en el mundo del arte de una manera más lúdica con objetos que iba encontrando en su casa olvidados en los cajones. Hoy es una artista plástica consolidada que viaja internacionalmente gracias a sus creaciones artísticas que realiza con objetos que se encuentran en desuso o fueron desechados. Sus creaciones tienen una fuerte insignia relacionada con la sostenibilidad, el consumo y la aceleración constante del mundo en que vivimos. “No tenía la pretensión de ser artista, de exponer mis trabajos ni de vivir del arte. Simplemente era algo que hacía para mí, siguiendo un impulso ciego pero irrefrenable de crear”, dice Elisa.

    ¿Qué fue lo que te impulsó a hacer estas creaciones?

    Inicialmente el impulso fue darle nueva vida a la basura que estaba ociosa en las casas de la gente. Había algo en tirar o desperdiciar todo ese material que me hacía ruido. Luego, con el tiempo, fui profundizando en todas las capas de lectura que tenían esos objetos olvidados: lo que podían decir acerca de nuestro sistema económico, de nuestro modo de vida, de nuestro vínculo afectivo con los objetos que nos rodean, de cómo construimos nuestra identidad, de nuestros hábitos. Había algo que me llamaba a cuestionar el “materialismo” en el que supuestamente nos encontrábamos inmersos y, a la vez, contrastarlo con la idea contraria: en vez de alabar el material, lo descartamos constantemente. Considero que estamos en una época postmaterialista. Como dice Byung Chul Han (filósofo surcoreano) en su libro Las no-cosas, “la actual hiperinflación de las cosas, que lleva a su multiplicación explosiva, delata precisamente la creciente indiferencia hacia las cosas. Nuestra obsesión no son ya las cosas, sino la información y los datos”.

    ¿Cuál es tu principal inspiración a la hora de hacer una obra?

    La inspiración puede venir de cualquier lado: un libro, una película, un viaje, una frase, una conversación con algún colega, una muestra. Por un lado, el rap norteamericano, con su estética del bling, sus cadenas de oro, diamantes y opulencia. Por el otro, las iglesias barrocas católicas, algunas películas (como Samsara y Baraka), los viajes (los palacios de Rajastán en India, por ejemplo), la cultura pop japonesa (con sus colores vibrantes y su estética kawaii), la historia de la moda y algunas ciudades particulares en donde estalla la ostentación (como Miami y Dubái). También tomo imágenes o conceptos de videoclips, publicidades y la cultura pop en general.

    ¿Tenés alguna gama de colores que prefieras?

    Trabajo con la estética propia de la publicidad (saturación, brillo, tamaño, explicitud y estridencia), intentando esconder un nuevo mensaje dentro del lenguaje visual de lo conocido, lo atractivo, lo fácilmente agradable. En ese sentido, busco trabajar con colores vivos y acabados brillantes. El brillo es algo que también me interesa particularmente, en relación con lo nuevo, lo atractivo, lo comercial, lo industrializado o lo artificial. Hace poco leí que los seres humanos estamos naturalmente atraídos hacia las superficies brillantes porque biológicamente estamos cableados para buscar agua. Me pareció una idea muy poética. Trabajo bastante con metal y con el color dorado. Es un color que me resulta enigmático y cautivante, que tiene tanta relación con lo sagrado como con lo profano (el dinero, el valor).

    ¿Qué buscás expresar a través de tus obras?

    Cada pieza puede recibir infinitas lecturas o interpretaciones diferentes. Fundamentalmente, mi intención es que, al verlas, el público se haga preguntas acerca de sus hábitos de consumo, cómo se forman sus deseos, cuál es el impacto de nuestras decisiones diarias en el ambiente. Busco desvelar ciertas cuestiones de engaño, ilusión o simulacro que aparecen repetidamente dentro de la lógica del capitalismo y de la publicidad.

    ¿Cómo definirías tu arte?

    Me interesa la enigmática noción de valor, busco yuxtaponer valores éticos con valor económico y afectivo. En última instancia, a través de mi trabajo busco echar luz sobre cómo el dinero, una fuerza abstracta e invisible, constante y silenciosamente afecta nuestro comportamiento, como si fuese la fuerza de gravedad. El ascenso social, el sueño americano, la desigualdad económica, el consumismo irresponsable, la degradación medioambiental y la implosión del capitalismo tardío son elementos recurrentes en mi obra.

    ¿Tenés alguna obra que sea tu preferida?

    De las últimas que hice, podría decir que la escultura Paradojas de valor es de mis favoritas. Surgió como un encargo muy personal por parte de un coleccionista en relación con un anillo de compromiso. A partir de ese objeto, fui trabajando varias ideas en ping-pong con una curadora mexicana que se llama Paulina Ascencio. Considero que la pieza final quedó muy contundente a nivel visual y conceptual, tiene muchos ángulos y muchas interpretaciones, y creo que eso le da cierto misterio y profundidad. 

    ¿Cuál fue tu mejor experiencia como artista?

    Una de mis mejores experiencias fue haber expuesto en 2019 en La Usina del Arte, en La Boca. Fue una exposición individual que diagramé en tiempo récord junto con un amigo y curador español, Juan José Aguilar Orellana. El equipo de La Usina fue fabuloso, muy profesional. 

    ¿Cómo es Elisa? 

    Inquieta, perfeccionista, estudiosa, sociable, caprichosa, alegre. 

    ¿En qué museo te gustaría exponer?

    En el Museo de Arte Mori, de Tokio. 

    ¿Con quién te gustaría hacer una colaboración artística? 

    Con Andy Dixon o Chloe Wise, que son dos pintores canadienses. O con Zsofia Keresztes, una artista húngara que me fascina.

    ¿Cuál es tu principal desafío?

    A nivel artístico, mi principal desafío es seguir evolucionando, seguir creando piezas nuevas que me inspiren y que interpelen al público, sin caer en redundancias ni obviedades. A nivel práctico, mis desafíos tienen que ver con la logística de trasladar obra internacionalmente y con las relaciones con galerías y espacios expositivos, que no siempre son tan fluidas como todos querríamos.

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