Un recorrido de San Petesburgo tan distinto que es apto sólo para viajeros curiosos

Ah, la ciudad de los Zares. Donde se respira aristocracia, opulencia y tradición. ¿Quién no quiere viajar a la fantástica San Petesburgo? Pero si bien somos grandes apasionados de esta urbe, en esta nota nos compete un capítulo aparte: la recorrida que merecen su fabulosa cultura y religión. Empezamos por las iglesias ortodoxas, la más llamativa del paisaje urbano, por sus trabajadas y coloridas cúpulas de estilo ruso, es la de la Sangre Derramada (construida a imagen de San Basilio de Moscú), mientras que las de arquitectura eminentemente clásica europea son las catedrales de San Isaac y de Kazan, las tres en el centro de la ciudad. En cualquiera de los casos, presenciar un servicio ortodoxo se convertirá en una experiencia inigualable. Lo envolvente de los cantos en ruso antiguo y el aroma de los sahumerios serán un recuerdo imborrable de la visita a Rusia. En las iglesias ortodoxas también se puede comprar variedad de iconos de madera dorada o pintados a mano, de exótica belleza para ojos occidentales. Compralos, son espectaculares y distintos. Otro imperdible es el Museo Hermitage, una de las mayores pinacotecas y museos de antigüedades del mundo.

La colección del museo ocupa un complejo formado por seis edificios situados a la orilla del río Neva, siendo el más importante de estos el Palacio de Invierno, residencia oficial de los antiguos zares. El resto del complejo arquitectónico lo forman cinco edificios, entre los que se encuentran el Palacio Menshikov, el Edificio del Estado Mayor y un recinto para almacenamiento abierto. El museo se formó con la colección privada que fueron adquiriendo los zares durante varios siglos, y no fue hasta 1917 cuando fue declarado Museo Estatal. Y el broche de oro puede ser un espectáculo nocturno de música y ballet en los jardines de Petrovoretz. Este predio –al que también se conoce como Peterhof– se halla a 40 kilómetros de la ciudad y alberga 17 palacios y jardines más grandiosos que los de Versalles. De hecho, Pedro I se inspiró en el edificio francés para levantar su palacio de verano en las afueras de la ciudad.

Peterhof es una de las grandes atracciones turísticas de Rusia por su riqueza ornamental, y se puede llegar en ómnibus, tren o hidroala, pero indudablemente el cruce a través del Golfo de Finlandia es el más atractivo. Cuando se llega desde el mar, los jardines en barranca, con las más de 360 fuentes y estatuas de dorado resplandeciente impactan más que los palacios, con sus deliciosas historias de amoríos desencontrados y traiciones.
He aquí entonces ,para el viajero curioso, amante del arte y de la cultura, San Petersburgo, una ciudad que abrirá una ventana a un país de 17 millones de kilómetros cuadrados que espera ser recorrido.

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