En una noche que ya forma parte de la memoria cultural reciente de Chile, más de 5.500 personas se reunieron en el Centro Cultural Estación Mapocho para presenciar el estreno de Raíces y Alas, una obra que trasciende lo musical para convertirse en una declaración de identidad.
Compuesta por el chileno Sebastián Errázuriz y presentada en el marco del Gran Concierto por la Hermandad 2026, la pieza nació como un homenaje a los 80 años del Premio Nobel de Gabriela Mistral. Hoy, ese mismo proyecto inicia una nueva etapa: su postulación a los Latin GRAMMY, consolidando su proyección más allá de las fronteras locales.
Bajo la dirección de Alejandra Urrutia —figura clave detrás de Vibra Clásica—, la obra se construyó como un hito tanto artístico como colectivo. Sobre el escenario, más de 100 músicos provenientes de distintas orquestas, una mezzosoprano solista y un coro ciudadano de 150 voces dieron forma a una experiencia que combinó precisión técnica con una profunda carga emocional.
A este despliegue se sumaron coros infantiles de Quilicura y Vicuña, ampliando el alcance territorial y simbólico del proyecto. Una puesta en escena que no solo interpretó una obra, sino que tradujo en sonido la dimensión humana y cultural del legado mistraliano.
La grabación enviada a la Academia Latina de la Grabación captura esa atmósfera única: la de un espacio histórico transformado en un escenario de estándar internacional, donde la música clásica se abre a nuevas audiencias y reafirma su capacidad de convocar, emocionar y conectar.
Desde hace siete años, el Concierto por la Hermandad ha trabajado en democratizar el acceso a la música clásica en Chile. Con Raíces y Alas, ese propósito alcanza una nueva dimensión, integrando comunidad, territorio y excelencia artística en una misma experiencia.
Pero más allá de la magnitud del proyecto, hay una intención que atraviesa toda la obra.
Recuperar la voz de Gabriela Mistral y proyectarla hacia el presente.
Una voz que, lejos de quedar anclada en la historia, encuentra en esta nueva narrativa sinfónica una forma de dialogar con el mundo contemporáneo.
Raíces y Alas no es solo una composición. Es un gesto cultural.
Uno que ahora inicia su camino hacia el escenario más relevante de la música latina, llevando consigo algo más que una obra: una identidad.


