Esa es la triste realidad que describe el documental “Susurros en el Viento” dirigido por el antropólogo argentino Martin Kraft y producida por el belga Francois Toussaint. Los textos de dicho film tienen la claridad suficiente para tomar conciencia la gravedad de una situación en la que hay que tomar conciencia y comenzar a involucrarse…

La voz de un sabio indígena nos lleva a un viaje en el tiempo, donde los humanos y la naturaleza hablan el mismo idioma. Los árboles sueltan al viento sus mensajes y este anciano los oye con claridad. En su bolso lleva las semillas de la vida para hacer frente a la destrucción. La fuerza espiritual de sus ancestros lo acompañan. Una alianza global se va tejiendo para desplegar estos mensajes a todo el planeta y comienza a gestarse la creación de un santuario natural y cultural que exprese un camino de unión y armonía entre los seres del planeta tierra.
Juayuk es el anciano sabio de la comunidad Wichí, un pueblo originario ubicado en el norte de Argentina, en donde el monte de la llanura chaqueña se une con la selva conocida como yunga.

Durante distintos viajes en los que visitamos a Juayuk, vamos descubriendo progresivamente la espiritualidad y sabiduría de un ser excepcional. Nos comparte la maravillosa interconexión que existe en la naturaleza y las fuerzas espirituales de los ancestros que vivieron durante milenios en una armonía complementaria con todos los seres de la tierra.

Nos enseña, también, absolutamente todo su conocimiento práctico para hibridar especies y para reforestar utilizando raíces de árboles muertos. Todo un conocimiento antiguo que recibió de su padre y este del suyo y así, hasta un lejano pasado no escrito.

El equipo que se va tejiendo detrás de este proyecto, se va consolidando a medida que nos vamos contactando con personas destacadas e influyentes a nivel cultural, espiritual, intelectual y político del mundo “moderno” occidental y con organizaciones, productoras y fundaciones, sus mensajes viajan en el viento por el mundo, su historia de lucha llega a todo el mundo e inicia un diálogo enriquecedor y multicultural, no solo para la realización de la película, sino también la protección de 600 hectáreas de monte.

Morir de Hambre en la Argentina
Comunidad Wichi
Al menos 10 niños de la comunidad wichi han muerto por mala nutrición o falta de alimentos este año. Ya es el doble de los que murieron por desnutrición en 2010.
Argentina es uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo y ha conmocionado a la nación al descubrir que parte de su población no recibe suficientes alimentos.
Casi 30.000 personas viven en esta región del noroeste de Argentina, formando unas 200 comunidades. La tribu que visitamos es conocida por su reticencia. Sus miembros desconfían del contacto con los forasteros.
Las zonas en las que viven son una imagen de pobreza desesperada. Las casas son en su mayoría chozas de madera, con mantas como paredes improvisadas, cuando las hay. En las comunidades que visitamos apenas encontramos acceso a agua potable o a sistemas de alcantarillado.
“Cuando los niños que carecen de nutrientes adecuados se enfrentan también a este tipo de riesgos sanitarios, aumenta el riesgo de enfermedades”, afirma Enrique Heredia, director de medicina social de la provincia de Salta, que visita regularmente las comunidades indígenas para proporcionarles atención médica gratuita. “Un ataque de diarrea o deshidratación puede matarlos en poco tiempo”.
Las autoridades locales no suelen registrar el hecho de que la desnutrición es la condición subyacente que vincula estas muertes. En su lugar, sólo anotan la enfermedad inmediatamente responsable. La población local depende de la ayuda del gobierno, pero no siempre es suficiente
Pero los médicos admiten que la desnutrición es un elemento importante para explicar estas muertes. “Sin duda, la falta de nutrientes adecuados es un factor que ha contribuido a la muerte de estos niños”, afirma el Sr. Heredia.
Un asesino silencioso
Marcelino Pérez recibió en su comunidad al equipo de filmación, llamada Lapacho II, en las afueras de un pequeño pueblo llamado Tartagal, cerca de la frontera con Bolivia. Se presentó como el jefe de la tribu, al frente de unos 300 wichis y varios perros callejeros.
“Todo lo que sé es que no tenemos comida. A veces no conseguimos trabajo ni dinero suficiente para cubrir nuestras necesidades. Y lo que recibimos del gobierno tampoco es suficiente”, dijo.
En Lapacho II veían a muchos niños jugando en la tierra, con la ropa rota y con signos reveladores de la extrema pobreza. Pero eso no era África. No estaban extremadamente delgados ni tenían huesos sobresalientes.
La desnutrición puede ser un asesino silencioso, les expresaron, ya que debilita el sistema hasta que una enfermedad menor puede resultar fatal.
Esta comunidad es una imagen de los campos de refugiados que se ven en lugares azotados por desastres naturales. Ningún terremoto o tsunami ha golpeado este territorio, pero evidentemente su desastre es la deforestación.
“Antes obteníamos nuestra comida del bosque y ahora hemos tenido que adaptarnos a la comida del hombre blanco, que no es suficiente”, expresó.
Desde la antigüedad, los wichi han sido una tribu de cazadores-recolectores. Durante siglos, los bosques de la zona les proporcionaron alimentos ricos en proteínas, como el pescado y la fruta, que les mantenían en buen estado de salud. Pero todo eso ha cambiado ahora.
El gobierno de Salta afirma que entre 2000 y 2006, al menos 600.000 hectáreas de bosque -una superficie cuatro veces mayor que la del Gran Londres- fueron arrasadas en la región por empresas agrícolas que cosechan soja, maíz u otros granos y cereales.
La carretera pública que tomaron estaba flanqueada por kilómetros y kilómetros de campos de soja, que han sustituido a los bosques que antes crecían allí.
Sin embargo, estos productos no van directamente a las comunidades locales, aunque son los que han mantenido la economía argentina en auge. El año pasado su PIB creció un 9,5%, cifra sólo superada por China e India.
“La deforestación se detuvo hace un par de años por un fallo judicial, pero ya ha cambiado la forma de vida de las comunidades indígenas”, dice Claudia Lungu, miembro de Asociana, una organización local que se ocupa de los problemas sociales que afrontan grupos como los wichi en Salta.
“Aunque vemos que estos grupos están recibiendo más ayuda de las autoridades, creemos que son mucho más pobres que antes debido a los problemas creados por la deforestación, como la desnutrición”, añadió.
Algunos de los lugares que visitaron eran diminutas comunidades indígenas completamente rodeadas de cultivos, como pequeñas islas de vida humana en medio de campos de soja. Y la única forma de ingresar era por los caminos de los agricultores.
Desmontes en Tartagal, Salta.
No se trata solo de un atentado contra la naturaleza, sino contra un patrimonio cultural y una violación absoluta a los derechos humanos de los pueblos originarios.
En la comunidad “Territorios Originarios Wichi” del km 6 de la ruta 86, Juan de Dios López, cacique sabio de su comunidad, ha reforestado desde hace mas de 60 años sin descanso y peleando contra los constantes desmontes y fuegos intencionales de parte de quienes quieren expulsar a esta comunidad de sus tierras desde hace décadas.
Juan de Dios es un hombre de vastos conocimientos botánicos, y nosotros, un equipo internacional, estamos haciendo una película sobre su vida y sus conocimientos técnicos de reforestación únicas. Recupera arboles cortados de cuajo con motosierras, o arboles quemados hasta sus raíces. Puede combinar especies hibridando semillas nuevas en estas raíces que aun tienen vida. Por esto, Juan es un ser especial, repleto de conocimientos antiguos de su cultura, practicas de manejo y entendimiento que esta compartiendo con nosotros, para la realización de una película documental y para colaborar con investigaciones académicas de Universidades Nacionales e Internacionales.
Mientras filmábamos, teníamos que lidiar con al menos 3 camiones y operarios que con sus motosierras cortaban los especímenes mas anejos y Juan, debía rogarles que le perdonen la vida a uno de los múltiples arboles que el había sembrado hace mas de 60 años. Triste y truculento, no solo por la destrucción de un hábitat natural, sino porque esos arboles son especies que ya no son fáciles de encontrar en la zona de la comunidad de Juan, como el Cedro o el Yuchán, sino porque él mismo, hace varias décadas había hibridado dando vida a un espécimen único. Pero lo mas desesperante, es que ya una jueza había dictado una cautelar frenando toda actividad de desmonte y destrucción del territorio de la comunidad. Justicia que no existe en el país del vale todo por dinero, por intereses políticos y económicos espurios.
La carpeta técnica otorgada por el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) también queda sin efecto ante una realidad que siempre va en contra de los aborígenes y de la naturaleza.
Desde la gobernación de Salta, nada se hace por cumplir con la ley de bosques nativos, o el derecho que tienen las comunidades de pueblos originarios sobre los territorios que les son respetados desde la Constitución Nacional. De hecho, queda en evidencia que su objetivo es el máximo aprovechamiento de los recursos madereros para favorecer, en ultima instancia, la expansión de la frontera agropecuaria y la expulsión de las tierras de uso tradicional de las familias aborígenes de todo el territorio.
El permanente daño al ecosistema Yunga-Chaco se vuelve mas dramático cuando además se destruye la cultura y conocimientos ancestrales de nuestro pueblos originarios, quienes dependen de la recolección de semillas, miel y frutos de sus territorios. Sus plantas medicinales y sus cosechas se pierden de la mano con la posibilidad de existir como wichi. “Sin monte no hay wichi” dice Juan, con una preocupación profunda y real.
Proteger la Tierra
Tras la película, esperamos reunir suficiente apoyo y recursos financieros para que podamos, en las condiciones adecuadas y de plena conformidad con los deseos de Juayuk y su comunidad, proteger su territorio.
Nuestro objetivo es adquirir y proteger la tierra que ahora está en disputa y saqueada, para que pueda ser gestionada de acuerdo a su voluntad y bajo sus conocimientos culturales. Esta tierra debe convertirse en un santuario donde se
prohíban las actividades ilegales de tala y minería. Juayuk pretende hacer un vivero de árboles nativos, un banco de semillas de todos los especímenes y enseñar sus técnicas de reforestación a otras comunidades nativas para comenzar con un proyecto de reforestación a gran escala.
Se pondrá en marcha un proyecto de regeneración, que tendrá como objetivo volver a desarrollar la biodiversidad, recuperar las especies de árboles desaparecidas en la zona, devolver las especies desaparecidas y asegurar el futuro de esta Comunidad wichi. Este territorio se volverá un espacio de memoria e identidad, de saberes ancestrales y abierto para que se vuelva un lugar de intercambio con universidades y activistas del mundo entero, compartiendo el conocimiento y la filosofía wichi con otras técnicas y visiones del mundo. Un lugar emblema en Latinoamérica, donde jóvenes nativos y de todas partes puedan ir a aprehender y compartir el conocimiento dirigido a la regeneración y al respeto por la diversidad de la vida. Confiamos en que un espacio de esta naturaleza, se convierta en un faro de luz en el mundo indígena y no indígena, y se vuelva un ejemplo de inspiración a imitar.
Por: Martín Kraft


