Andrea Argibay es Licenciada en Nutrición, especialista en Salud digestiva y Longevidad Saludable y además profesora universitaria. Con más de 25 años de experiencia clínica y formación continua, Andrea nos acerca una mirada integradora y científica sobre cómo la nutrición, las emociones y el cerebro forman un triángulo esencial para vivir más y mejor
En un mundo donde las prisas, el estrés y la desconexión interna marcan el ritmo cotidiano, entender cómo se relacionan la alimentación, emociones y el cerebro se vuelve fundamental para alcanzar una vida plena y longeva.
Andrea Argibay, Licenciada en Nutrición y especialista en salud digestiva y longevidad saludable, nos invita a mirar más allá de las dietas tradicionales. Especialista en Nutrición Preventiva y Longevidad Saludable. Se formó como Residente en Salud Digestiva en el Hospital de Gastroenterología de Buenos Aires. Formó a centenas de profesionales llegando a ser Tutora Académica para profesionales de la Salud en Latinoamérica (OEA, USA).

Con más de 25 años de experiencia clínica y un enfoque humano y científico, nos propone repensar la relación con los alimentos, entendiendo que cada elección nutricional impacta no solo en nuestro cuerpo, sino también en nuestro estado de ánimo, energía y calidad de vida a largo plazo. Andrea nos compartió las claves prácticas para nutrir la mente y el cuerpo, construir hábitos sostenibles y transitar el camino hacia una longevidad con propósito.
¿Cómo están conectados la nutrición, las emociones y el cerebro?
Nuestro cerebro no funciona aislado: depende de la energía, los nutrientes y las señales bioquímicas que recibe de nuestro cuerpo. La microbiota intestinal —compuesta por billones de bacterias beneficiosas— juega un rol clave en esta comunicación. Sabemos hoy que cerca del 90% de la serotonina , el llamado neurotransmisor de la felicidad, se produce en el intestino.Así que, literalmente, comemos emociones: lo que comemos puede modular nuestro ánimo, nuestra respuesta al estrés y hasta nuestra capacidad de tomar decisiones.
¿Qué importancia tiene la microbiota intestinal en el estado mental?
Es enorme. Hay un eje fisiológico llamado eje intestino-cerebro. Cuando la microbiota está equilibrada, se produce más serotonina, se regula mejor el cortisol, y se refuerza el sistema inmunológico. Cuando está alterada —por estrés, mala alimentación o medicamentos—, aumentan la inflamación, la ansiedad, la fatiga y los trastornos digestivos.
¿Qué alimentos favorecen un mejor estado de ánimo y salud mental?
Vegetales verdes, garbanzos y lentejas : ricos en magnesio, ayudan a calmar el sistema nervioso, al modular el metabolismo del cortisol. Ante situaciones de stress perdemos mucho magnesio por orina y sudor.
Pescados , nueces, semillas de lino: ricos en omega 3 que ayudan a mantener la integridad de las membranas neuronales, favoreciendo la comunicación entre las células nerviosas y mejorando la función cognitiva
Frutas cítricas y arándanos, moras, frambuesas y frutillas : aportan antioxidantes naturales que protegen las neuronas del daño oxidativo y favorecen la memoria y el estado de ánimo.
Cacao (pureza >70%): estimula la producción de neurotransmisores como la serotonina y favorece la circulación sanguínea cerebral, mejorando el estado de ánimo y la función cognitiva
Alimentos fermentados : mejoran la flora intestinal y reducen los niveles de cortisol gracias a una bacteria “lactobacillius reuteris”y mejorando de esta manera la flora intestinal.

¿Cómo influye el estrés crónico en nuestra alimentación y en la salud?
El estrés crónico eleva los niveles de cortisol, hormona que, a largo plazo, promueve acumulación de grasa visceral, deterioro inmunológico, problemas de sueño y trastornos emocionales.Además, el cortisol alto nos lleva a buscar “alimentos de confort” ricos en azúcares, grasas y ultraprocesados, que perpetúan el círculo vicioso.
En consulta, les enseño a los pacientes a planificar comidas conscientes, respetar el hambre real y a incorporar alimentos que nutran el cerebro, no solo el cuerpo.
Has hablado de “longevidad con sentido”. ¿Qué significa?
Vivir más años no tiene sentido si esos años no tienen calidad: movilidad, energía, lucidez, emociones estables, proyectos. La longevidad con sentido implica preservar la independencia física y emocional, con hábitos que podamos sostener a largo plazo. Alimentarnos de forma antiinflamatoria, movernos, descansar bien y mantener conexiones sociales son pilares básicos.
¿Cómo transmitís este enfoque a tus pacientes?
Trabajo desde la empatía y la educación nutricional. No creo en planes rígidos ni en recetas mágicas.Propongo un modelo flexible, donde el paciente aprende a elegir alimentos funcionales, a gestionar su estrés desde la alimentación y a construir hábitos saludables desde un lugar de respeto y autoconocimiento.También incorporo recursos de alimentación consciente y estrategias de microbiota saludable.
Claves prácticas para regular el estrés y nutrir el cerebro:
Planificar cenas livianas y antiinflamatorias: pescados, verduras, semillas.
Sumar una porción diaria de fermentados: kéfir, yogur natural, chucrut.
Respetar horarios de comidas para estabilizar el eje cortisol-insulina.
Incluir magnesio y triptófano para mejorar la calidad del sueño.
Limitar el azúcar y los ultraprocesados que alteran el ánimo y la microbiota.
Hacer pausas reales en el día: 5 minutos de respiración consciente o mindfulness.
¿Cómo fue tu experiencia con la Dra. Marian Rojas Estapé?
Tuve el privilegio de asistir a una formación internacional donde su mirada científica e integradora me marcó profundamente: comprender que mente, cuerpo y entorno no pueden separarse es esencial para promover una salud verdadera. En su libro —que tengo el honor de poseer dedicado—, una frase sintetiza con sabiduría este mensaje: “Tu mente escucha tu cuerpo y tu cuerpo escucha tu mente. ¡Cuídalos!”. Transmitir esta visión, desde lo simple y cotidiano de la Nutrición, me permite acompañar a mis pacientes y a mis alumnos en la universidad, colaborando también a que yo misma viva con mayor propósito y bienestar.”
¿Qué mensaje final dejarías a nuestros lectores de Mustique
El enfoque hacia la salud debería ser integral. Centrarse únicamente en una alimentación saludable no alcanza para llegar al máximo bienestar. En mi práctica clínica, a diario procuro que mis pacientes trabajen no solo en su nutrición, sino también en mitigar el estrés diario y les recuerdo siempre una enseñanza de una mentora muy querida para mí: ‘hay que aprender a vivir con problemas’. Asegurar un buen descanso e incorporar actividad física regular son imprescindibles cuando queremos alcanzar ese bienestar tan deseado. Acompañar a las personas en la construcción de hábitos sostenibles me permite mejorar su calidad de vida y colaborar en la prevención de futuras enfermedades crónicas
Nuestra salud no depende de una dieta perfecta, ni de productos mágicos, ni modas pasajeras en redes sociales . Depende de las pequeñas elecciones diarias: lo que comemos, cómo dormimos y qué pensamientos cultivamos.El conocimiento hoy en día está a nuestro alcance: basta con animarse a dar esos pequeños cambios sostenidos en el tiempo. Cuidar nuestra microbiota, nuestro cuerpo y nuestro cerebro es un acto de amor propio que impacta en cada área de nuestra vida.
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