LA VIDA ÍNTIMA TRAS EL LENTE DE JORDI CASTELL

Jordi Castell es una figura pública conocida por su trabajo en la televisión, la fotografía y el modelaje. Pero no todo lo que brilla es oro. En esta conversación, Jordi comparte detalles íntimos sobre su vida, sus relaciones, el abandono y sobre cómo ha decidido diseñar su propia felicidad. Para mí, Jordi Castell no es la estrella que las personas paran en la calle para pedirle fotos, Jordi es mi mejor amigo.

Por Fernanda Álvarez C.

Como tantas otras veces, fui al departamento de Jordi, pero esta visita fue para entrevistarlo por primera vez. Como nunca, el lugar estaba completamente refaccionado. Atrás quedaron las decenas de plantas, los colores verdes y grises de sus paredes que dieron paso a tonos neutros y blancos, lo que habla exactamente del momento que está viviendo. Se nota que anda más ligero, más simple, más resuelto. Esta vez fuimos solos los dos. No había otros amigos, tampoco música ni fiestas. Solos él y yo y la grabadora. Y pude ver a un Jordi reflexivo, feliz y, sobre todo, franco. Porque sé que conmigo no hay tapujos, es que empecé a indagar en su relación con los hombres y le recalqué que es él, precisamente, quien abrió un camino en Chile para hablar abiertamente de homosexualidad, sexo y relaciones.

Jordi menciona que ha tenido varias relaciones importantes en su vida, pero reconoce un patrón de comportamiento donde tiende a abandonar a sus parejas. Explica que esto puede estar relacionado con el abandono que sufrió por parte de su padre cuando era niño.

¿Por qué tus relaciones terminan abruptamente? Si hasta pareciera que haces ghosting…

Claramente, he experimentado el abandono de mi padre y tengo la tendencia a alejarme de las relaciones con hombres. Es algo inevitable; me voy, desaparezco. Sin embargo, las veces que he dejado algo pendiente, he mantenido la amistad con mis ex parejas. Cometí el mismo error durante toda mi vida, buscando hombres a los que sentía que debía admirar o de quienes debía aprender algo positivo para mí.

Tenía apenas tres años cuando su padre lo abandonó, desapareció de su vida. Esta ausencia lo marcó profundamente, y tuvo que lidiar con ello hasta bien entrada su adultez, cuando finalmente decidió viajar a París para conocer al hombre que, a pesar de su ausencia física, había dejado una huella indeleble en su vida. “Mi madre me advirtió que éramos similares. Solo había visto una foto de él. Decidí ir a verlo. Lo contacté y nos reunimos. Fue una experiencia emocionante, pero sabía que necesitaba cerrar ese capítulo. Él comentó que yo parecía ser el hijo ideal y que era injusto que estuviéramos separados. Yo le respondí que no era tan injusto, que todo tiene un precio”, confiesa con emoción.

¿Qué sentiste en esa primera conversación?

Nunca en mi vida lloré tanto como cuando le corté el teléfono. Y después de haberlo escuchado, seguí llorando como unos 20 minutos seguidos sin parar. Lo vi y efectivamente era mi padre, somos iguales, fue una imagen muy fuerte. 

Sin embargo, la figura paterna no estuvo ausente en la vida de Jordi. Su abuelo, Buo, asumió ese rol y lo desempeñó de manera ejemplar. Lo cuidó, lo aconsejó, lo mimó y le enseñó todo lo que Jordi es hoy en día. Hablar de su abuelo es uno de los temas favoritos de Jordi. Aunque se nota que lo extraña, lo hace con alegría, recordando cómo siempre estuvo a su lado, incluso en sus momentos más difíciles.

Las fotografías de Buo, como cariñosamente lo llama, llenan su casa, al igual que los vívidos recuerdos que guarda de él.

Háblame de esta relación

Yo construí con el Buo la relación padre hijo que duró eternamente. Él se preocupó de inculcarme los valores que mi papá no me dio y lo hizo como si fuera su hijo. Y yo siempre me empeñé en tratarlo a él con el mismo amor que él me trató a mí.

En la otra vereda siempre estuvo presente la relación con Viviana, su madre, con quien confiesa haber atravesado innumerables crisis, experimentando altibajos. Ha sido precisamente a través de esas experiencias que Jordi ha aprendido la importancia del perdón para hallar la paz. “He tenido muchas crisis con mi mamá a lo largo de mi vida, porque, así como ella probablemente fue una mamá imperfecta, yo fui un hijo muy imperfecto. Cuando uno se embarca en el ejercicio de sanar, de comenzar de nuevo, hay que ser muy humilde y entender que uno perdona porque hace bien, porque necesita estar en paz. En mi casa se comía muy bien, pero se trabajaba mucho. De hecho, creo que por eso valoro tanto el trabajo hoy, porque me enseñaron a verlo como un templo de estabilidad y progreso en la vida”.

¿Cómo te relacionas hoy con tu mamá?

Con mi mamá estamos regio. Ella entiende desde la sabiduría que le han dado los años. No debe ser fácil para ella tener un hijo tan expuesto como yo.

¿Qué se siente ser una figura tan pública?

Nunca me mareé con la fama. Es que la fama para mí es una estrategia comercial, un estilo de vida. Me he tenido que adaptar a diferentes formatos y líneas editoriales en televisión, lo que a veces limitaba mi verdadera personalidad. Mostraba el 8 % de lo que realmente era.

¿Cómo ha evolucionado tu relación con la fama después de tantos años?

Soy bueno para trabajar en equipo, soy un buen empleado, soy un buen obrero, porque soy un obrero de las comunicaciones. Soy una celebridad de poca monta, y me encanta serlo porque me da la libertad de moverme a mi manera. La fama me ha permitido tener una vida buena y holgada: he podido viajar y estudiar gracias a lo que he hecho. Te confieso que, de la fama, lo que más me gusta es el dinero. Vengo de un origen muy distinto a la realidad que vivo hoy, y eso ha implicado varios vaivenes emocionales para mí. 

Jordi ha pasado por varias crisis emocionales que lo llevaron a buscar ayuda profesional. Habla sobre la importancia de la terapia y cómo ha diseñado la persona en la que quería convertirse.

¿En qué buscabas convertirte?

Hace 25 años, durante mi primera crisis importante, asumí que necesitaba terapia psiquiátrica. Le dije al psiquiatra: “Quiero diseñar el hombre en el que quiero convertirme”. He trabajado mucho y he invertido en mi salud mental, entendiendo que es la base de todo. Cuando tengo una crisis, la espero, la recibo y la sufro, no al revés. Manejo y ordeno la situación, siempre diciendo: “Esto va a pasar de esta forma y yo voy a salir bien parado, tengo las herramientas para hacerlo”. 

Hoy, Jordi no está solo. Afirma haber formado una verdadera familia con Dagoberto Bobadilla, Nina Simone y Rocío Jurado, sus perros, además de Topacio y Rosalía, sus gatas. Al preguntarle si no considera que son muchos en este departamento, responde: “¿Multitud? Aquí está mi familia y me desenvuelvo con ellos lleno de amor. Me hacen muy feliz”.

Así es el Jordi de hoy: limpio, resuelto y lleno de un humor capaz de conquistar a cualquiera. Es un hombre hecho y derecho, una celebridad en decadencia, como él mismo confiesa, pero un amigo presente en todas las situaciones. Esta es la mejor versión de Jordi Castell, y me siento muy afortunada de ser su amiga.

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