Pasión, propósito y una pizca de locura bien dirigida, así podría resumirse la historia de KANKAY, una PyME argentina que se abrió paso entre el diseño, la cocina consciente y la amistad. Fundada por Federico Schaer y Tomás Beutin, dos amigos de toda la vida, KANKAY no solo está revolucionando el mundo de los utensilios de cocina: lo está haciendo con una propuesta honesta, sustentable y libre de tóxicos.
Desde la casa de sus padres hasta locales propios en los barrios más exclusivos del país, KANKAY es hoy una de las PyMEs de mayor proyección de Argentina. Su objetivo es tan claro como ambicioso: alcanzar una facturación de $9.000 millones en 2025 y llevar el fuego argentino al mundo, sin perder la esencia que los vio nacer.
Con más de 60.000 sartenes vendidas en el último año y exportaciones activas en ocho países, su historia es un testimonio de lo que ocurre cuando el diseño, la tradición y el compromiso se combinan con un propósito auténtico.

¿Cómo nació KANKAY y qué los inspiró a emprender este camino?
Tomás: KANKAY nació entre amigos. Con Fede nos conocemos desde el colegio, compartimos una pasión por la cocina y la parrilla, y siempre tuvimos esa chispa emprendedora. Arrancamos vendiendo parrillas al exterior, literalmente desde la casa de nuestros padres, que era depósito y oficina a la vez.
Federico: Más que una empresa, KANKAY es una idea que fue creciendo con nosotros. Queríamos crear algo propio, pero con propósito: diseño, tradición y calidad, todo en un solo producto.

¿Cuál es hoy el diferencial de KANKAY?
Federico: Diseñamos productos que combinan funcionalidad, estética y durabilidad. No usamos químicos ni materiales tóxicos. Todo es industria nacional, con materiales nobles como hierro, acero inoxidable y madera. No seguimos modas, seguimos convicciones.
Tomás: Y nos comprometimos fuerte con algo que para nosotros es clave: la lucha contra el teflón y los utensilios tóxicos. Queremos una cocina consciente, sin riesgos para la salud.
¿Cómo fue la evolución de la empresa desde que empezaron hasta hoy?
Tomás: En 2024 facturamos $3.400 millones y para este año proyectamos alcanzar los $9.000 millones. Exportamos a ocho países y vendimos más de 60.000 sartenes. Estamos creciendo a un ritmo que nos emociona y también nos exige.
Federico: Más de 60 personas hoy dependen de kankay, y proyectamos llegar a 75 para 2026. Abrimos un local en San Isidro con una inversión de $40 millones y vamos por dos más: Recoleta y Nordelta. Siempre buscando estar más cerca del fuego… y de la gente.

¿Qué rol juega el diseño en la propuesta de KANKAY?
Federico: Fundamental. Hace 10 años trabajamos con la misma fábrica, para lograr la excelencia en la calidad y en el diseño. Nuestros productos, además de ser súper versátiles, duran para toda la vida.
Tomás: Diseñamos para durar, para que cada sartén se convierta en parte del ritual cotidiano. Queremos que cocinar sea una experiencia, no una tarea más.
¿Tienen alguna anécdota que represente el espíritu KANKAY?
Tomás: Una que no olvidaremos nunca: una clienta estadounidense voló desde EE.UU. solo por el día, vino hasta San Isidro, esperó que termináramos de pintar unas parrillas, compró cuatro y se volvió. Eso te marca.
¿Cuál es su visión a futuro?
Federico: Seguir creciendo sin perder el alma del proyecto. Expandirnos, sumar nuevos productos (como nuestro reciente lanzamiento, la nueva línea liviana), abrir más locales y seguir llevando el fuego argentino al mundo.
Tomás: Y no olvidarnos nunca de por qué arrancamos. Queremos una cocina más saludable, productos hechos con amor, y una marca que celebre los rituales de siempre, pero con mirada al futuro.


