NEW YORK FASHION WEEK 2026

Por: Chloé Solnicki

Nueva York volvió a convertirse en el centro de la moda con una temporada que confirmó que la pasarela ya no es solo un espacio para presentar ropa, sino una experiencia completa. Entre ubicaciones históricas, discursos sobre identidad, explosiones de color y propuestas teatrales, los desfiles a los que asistimos esta edición de la New York Fashion Week dejaron en claro que la moda sigue siendo una forma muy poderosa de expresión cultural y emocional.

Jasper tomó como punto de partida la pintura miniatura persa del siglo XVI, usando un lenguaje visual que ya había explorado en otras temporadas. Las referencias se
materializaron a través de diseños, detalles de bordados y una dirección de color
profundamente pensada, donde la figura del caballo se convirtió en símbolo central de poder, nobleza y control, haciendo referencia tambien al 2026, el año del caballo.
La colección se construyó a partir de polleras, tops con transparencias, cardigans, y
vestidos al cuerpo. Detalles familiares como los tejidos de punto convivieron con molderias mas ajustadas y líneas limpias, generando una tensión sutil entre lo doméstico y lo preciso.

El trabajo de bordado fue clave: pedrería y apliques que te hacen acordar tanto la riqueza decorativa de la miniatura persa como los detalles de la ropa ecuestre. El contraste estuvo presente en toda la propuesta. Toda la presentación dio como resultado una colección moderna, versátil y atemporal.
La diseñadora Talia Abbe fundó TABBE con una visión que trasciende el ready-to-wear, integrando la inclusión dentro del universo creativo. Sus diseños, influenciados por la abstracción cognitiva, se traducen en estampas y formas vibrantes que invitan a la conexión y a una mirada única sobre la moda. Para esta temporada, la colección funcionó como una evolución de su concepto del “efecto mariposa”: la idea de que pequeños gestos generan grandes transformaciones. Las formas gigantes de temporadas anteriores se adaptaron hacia piezas más usables, mezclando color y una sensación vibrante a la ropa. El desfile se destacó por su energía: colores intensos, modelos sonrientes y una atmósfera vibrante que convirtió la pasarela en un espacio dinámico y único.

Andrew Curwen transformó su desfile en una escena sacada de una película de terror. Con siluetas marcadas, moldería exagerada y un maquillaje oscuro que ayudaba a la narrativa, el diseñador creó una atmósfera gótica y dramática que capturó de inmediato la atención del publico. La ambientación y el trabajo de iluminación ayudaron a mostrar el concepto de su colección, “Nocturnal Conditions”, consiguiendo llevar al público a un universo nocturno, inquietante y sofisticado. Fue una propuesta que combinó teatralidad y alta costura.

En “Frostbite”, Gabe Gordon exploró una estética más nostálgica, haciendo referencia a la crudeza del invierno usando texturas que sugerían superficies heladas y capas
superpuestas que sumaban profundidad visual. Las siluetas, estructuradas pero dinámicas, reforzaron esa narrativa de resistencia y fragilidad, mientras la paleta fría intensificó la sensación de congelamiento y quietud. Como un detalle, las modelos usaron tacos de la marca Shewak, que sumaron un gran extra al estilismo. La colección consiguió transmitir una identidad clara y coherente, con un fuerte componente conceptual.

Nardos fue, sin ninguna duda, uno de los desfiles más destacados de la temporada. La diseñadora presentó su colección en el Hotel Plaza sobre la Fifth Avenue, un lugar que sumó una dimensión adicional de elegancia y sofisticación. La ambientación y la decoración del espacio funcionaron como el marco perfecto para una colección completamente soñada. Los vestidos, protagonistas absolutos, destacan por sus bordados a mano, telas delicadas y siluetas femeninas que resaltan la figura con sutileza y precisión. Cada vestido transmitió un cuidado artesanal de otro nivel, creando una propuesta que junto romanticismo, técnica y lujo.

Desde lo gótico de Andrew Curwen, lo nostálgico de Gabe Gordon, lo vibrante de TABBE o lo delicado de Nardos, cada diseñador capturó de forma impecable la esencia de su marca, algo difícil de conseguir en una industria que esta cambiando constantemente. Esta edición de la New York Fashion Week mostro una vez mas que la moda es mucho más que tendencia: es narrativa, identidad y puesta en escena. Una temporada que dejó momentos para hablar y colecciones que seguirán teniendo importancia más allá del calendario oficial.

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