Uruguay tiene tesoros que trascienden fronteras, y Narbona es uno de ellos.
Lo que comenzó en Carmelo, en el departamento de Colonia, entre viñedos, ganado, tambo y aire de campo, hoy se proyecta como una marca gastronómica, industrial, hotelera e inmobiliaria con presencia internacional, sin perder nunca la esencia ni el origen.

Cada queso, cada dulce y cada botella de vino cuentan una historia. Una historia de tradición, de manos que trabajan con paciencia y de recetas que viajan de generación en generación. Fue allí donde Eduardo “Pacha” Cantón y María José Banchero sembraron un proyecto que con el tiempo se transformó en marca, en destino y en una forma de vivir. Desde el inicio, la filosofía fue clara: excelencia sin artificios, trabajo duro con humildad y una tradición que se celebra alrededor de la mesa.

Esa visión es la que sostiene todo lo que vino después y la que permitió que una nueva generación tomara la posta. Jerónimo, Eduardo Segundo y Catalina Cantón, formados bajo esa misma cultura, demuestran a diario que tradición y evolución no solo pueden convivir, sino también potenciarse.
Desde Uruguay, Narbona dio el salto. Primero cruzó el río, luego el continente, y hoy avanza con fuerza hacia nuevos destinos. Actualmente la marca cuenta con tres restaurantes en Florida, Estados Unidos, en Key Biscayne, Coconut Grove y Boca Ratón, consolidando su presencia en uno de los mercados gastronómicos más competitivos del mundo.

La expansión continúa en Brasil con un proyecto integral en Florianópolis, donde Narbona desarrolla tanto el restaurante como su industria láctea, reforzando su identidad productiva. Para 2026 están previstas nuevas aperturas en Porto Alegre y San Pablo, además de desarrollos inmobiliarios en distintas regiones del sur y norte del país.
A este crecimiento se suma Narbona Agrelo, una propuesta integral que consolida la marca en Mendoza, Argentina, una de las capitales vitivinícolas más importantes del mundo, integrando gastronomía, vino y hospitalidad bajo un mismo concepto.
Hoy, el desafío de Narbona es claro: seguir escalando con estructura, procesos y visión, sin dejar atrás la esencia que los trajo hasta acá. Llevar el ADN Narbona a nuevos territorios, manteniendo calidad, identidad y origen, y demostrando que crecer también puede ser una forma de honrar las raíces.
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