Artista y narrador visual, Gonzalo Lauda crea escenas de alto impacto emocional donde la historia se vuelve presente. Sus fotografías no solo se miran: se sienten.

Nacido en Buenos Aires en 1967, Gonzalo Lauda es uno de los fotógrafos argentinos más singulares de su generación. Formado junto a referentes como Pedro Luis Raota y con una sólida trayectoria en moda y publicidad, con el tiempo volcó su mirada hacia una fotografía artística y documental profundamente personal. Su obra reinterpreta momentos clave de la historia nacional —desde las batallas de la independencia hasta la gesta de Malvinas— a través de producciones de escala cinematográfica, con soldados reales, vestuarios auténticos y paisajes cuidadosamente elegidos. Cada imagen funciona como un puente entre arte, memoria e identidad.

¿Hay alguna imagen de tu infancia que haya anticipado tu mirada actual?
Sí, pero no fue una foto. Fue ver a una persona sacando fotos en la playa. Yo estaba sentado en un médano mirando y pensé: “Eso es para mí”.

¿Cómo influye tu personalidad en la estética de tus fotos?
Con los años aprendí a tomarme el momento con más calma. Antes era muy intenso; a veces ayudaba y a veces no. Hoy confío más en el proceso.

Cuando no estás fotografiando, ¿qué te despierta ganas de crear?
Además de estar con mi familia, mirar la luz. Ver cómo baña a las personas y los lugares e imaginar qué haría con una cámara.
¿Te considerás un observador paciente o un cazador de instantes?
Depende la situación. A veces la foto aparece y hay que sacarla, pero en general soy observador.

¿Sos de planificar mucho o preferís la espontaneidad?
Conviven las dos. Puedo viajar horas solo, esperar la luz perfecta, o disfrutar de grandes producciones: armar escenarios, dirigir actores, pensar cada detalle.
¿Qué aprendiste de vos mismo a lo largo de tu carrera?
A calmarme, a observar más y a entender que con paciencia, constancia y propósito se puede llegar muy lejos.
¿Hubo algún proyecto que te haya marcado especialmente?
El de las batallas. Me dio visibilidad, satisfacción y una gran lección de organización.
¿Qué te sigue sorprendiendo hoy de la fotografía?
La mirada de los fotógrafos y las ideas. La inteligencia artificial llegó para quedarse, pero hay algo en la forma en que cada persona mira que no se puede reemplazar.
¿Cómo sentís que evolucionó tu mirada en la última década?
Cambia todo el tiempo. Mantengo una línea estética, pero sigo evolucionando. Los proyectos que encaro en 2026 son incluso opuestos entre sí.
¿Qué te gustaría que la gente perciba al ver tu obra?
Mi pasión. Mi forma de mirar lo cotidiano.
¿Qué buscás dejar en el mundo con tus imágenes?
Que quien se cruce con mi obra se sienta, de alguna manera, movilizado.


