Entre tableros y escenarios, la artista y ajedrecista chilena Juga ha construido un universo donde el ajedrez y la música convergen como expresiones de poder, belleza y resistencia. Voz singular, pensadora intuitiva y creadora de símbolos, su vida cruza con naturalidad mundos que rara vez dialogan.

Desde niña, Juga convivió con dos lenguajes que la marcaron profundamente: la música, que le permitía expresar lo invisible; y el ajedrez, que la fascinaba con su lógica y belleza estructural. Durante años fueron caminos paralelos, hasta que descubrió que ambos compartían la misma esencia: narrar historias, tensiones y emociones. Esa epifanía dio vida a un proyecto que hoy inspira al ajedrez mundial.

De esa fusión nació Queen Trap, una obra audiovisual que reunió a más de 200 mujeres del ajedrez mundial, provenientes de más de 60 países. Filmada en las Olimpiadas de Ajedrez en Budapest, fue más que una pieza artística: una ceremonia colectiva donde arte y estrategia celebran el liderazgo femenino. En el centro, la reina no es solo la pieza más poderosa: es símbolo de transformación y fuerza creadora. “Un peón puede convertirse en reina si avanza con determinación y coraje. Es un manifiesto de lo que podemos llegar a ser cuando nos conectamos con nuestro propósito”, explica Juga.

La obra se estrenó en el prestigioso torneo Norway Chess y luego llegó a Rapa Nui, donde se convirtió en un homenaje a las mujeres de la isla y en inspiración para las nuevas generaciones. Allí, junto a Mahani Teave y un grupo de niñas de la Escuela Toki, fundó además el Club de Ajedrez Mama Piru en honor a la reconocida matriarca y activista ambiental. “El ajedrez es mi musa, pero antes de eso, mi gran musa fue Rapa Nui”, dice.

Para Juga, el ajedrez no es solo competencia: es una escuela de vida. Le enseñó a aceptar la incertidumbre, a tomar decisiones bajo presión y a valorar la belleza del proceso por encima del resultado. “Juego como compongo: desde la intuición, la emoción y el riesgo. A veces pierdo por entusiasmo, pero cuando gano, gano con el alma”.
Ese mismo espíritu la llevó a compartir escenario con figuras como Vladimir Kramnik, Judit Polgár, Anish Giri y Alexandra Kosteniuk, además de cantar frente a leyendas como Garry Kasparov, Anand, Carlsen y Gukesh. Aunque, para ella, los momentos más valiosos ocurren en encuentros improbables: desde jugar ajedrez con Jamie Foxx en Budapest hasta conversar con Demis Hassabis sobre creatividad e inteligencia artificial.
Hoy, viviendo en Cataluña tras pasar por Rapa Nui, Buenos Aires y Budapest, Juga entiende el arte como una forma de resistencia: detenerse, dar espacio a los símbolos y a la belleza de lo sutil. “El ajedrez me enseñó que en la pausa está la profundidad. Y componer también es eso: resistir la velocidad y cuidar la presencia de cada nota, cada gesto, cada jugada”.
Su obra integra música, ajedrez, danza y teatralidad en un lenguaje propio que busca algo más que impacto: busca eco. “No quiero un golpe fugaz, sino una conexión duradera. Para mí, crear es jugar una partida larga”.
Y así, entre melodías y movimientos, entre reinas que avanzan y tableros que respiran, Juga convierte el ajedrez en partitura y la música en estrategia vital.
Por Francisca Vives Kunitzky


