Número uno en el ranking mundial de aguas gélidas, ganadora de dos récords Guinness, dos veces campeona del mundo, y la primera sudamericana en conseguir el reto de 7 de 7 mares, sin duda es la nadadora más destacada de nuestro país.
Por Paula Avilés Villagra

Mañana fría de otoño en Santiago, hay solo 6 grados de temperatura. Quedamos de encontrarnos en un café en los faldeos de la cordillera, que está completamente nevada; entro y rápidamente la ubico. Ahí está la“Sirena de hielo”, con su gorro de lana (siempre con pompón) y tomándose un humeante latte, que aunque suene paradójico es porque “soy friolenta”, dice.
Mientras pedimos más café me cuenta que viene llegando de Antofagasta, donde estuvo dando una charla para la Teletón, y aprovechando la visita, se arrancó a la playa. Allí descubrió a un grupo de mujeres que se meten al mar cada mañana a las 6 am. Ese encuentro fugaz la retrata, porque Bárbara, no nada por las medallas o por los récord Guinness, nada para y por la gente, por el amor que le tiene a los océanos y por estrechar barreras.

Bárbara nació en Recoleta, bien lejos del mar. Una realidad que confirma su rasgo más distintivo y que ha marcado su vida, incluso antes de que atravesara los mares: su determinación a toda prueba, porque cada brazada que ha dado desde los 6 años ha sido a pulso.
¿Siempre fuiste tan determinada?
Creo que la determinación también se entrena en la vida, y mis padres han tenido un rol clave en ello. Siempre me alentaron a conseguir lo que realmente quería, buscando formas y hablando con personas. Por ejemplo, ya a los 10 años me empujaban a hablar con la profesora para que me tomara otra prueba y así poder subir la nota. Más adelante, me apoyaron en este camino que no existía en Chile, ayudándome a encontrar la manera de ser una deportista extrema, nadando tanto en Chile como en otros lugares, y vinculando estos nados, tan desafiantes, pero importantes, a nuestro país.
Además, soy la primera generación de mi familia en ir a la universidad, lo cual también me marcó con una gran autoexigencia. Desde muy niña tuve que aprender a organizar mi tiempo para cumplir con lo que tenía, debía y quería hacer

¿De dónde vino la pasión por el mar?
Siempre he sentido que meterme al mar es un privilegio, incluso hoy que tengo 38 años. Durante mi niñez, no tuve fácil acceso a áreas verdes, parques o árboles. El cambio definitivo ocurrió cuando, a los 17 años, conocí el río Calle Calle. No lo podía creer, ya que la única imagen de un río que tenía era la del Mapocho. Sin embargo, allí encontré naturaleza, cisnes y lobos de mar, y por eso siento que es un regalo entrar al mar. Viajé a Valdivia para competir en una carrera de aguas abiertas y sentí que simplemente fluía. Cuando gané mi primer cruce en la Bahía de Corral, me dije: “Soy buena en esto porque no necesariamente tienes que ser la más rápida”.
Y fue en Valdivia donde Bárbara aprendió sobre corrientes y vientos, a despedirse del traje de neopreno, a nadar bajo la lluvia y a soportar el agua fría. Desde entonces, han pasado más de 20 años, en los que ha obtenido un título universitario –Bárbara es psicóloga de la Universidad de Chile–, un magíster, y ha ganado medallas como campeona del mundo en aguas gélidas en dos ocasiones. Ha cruzado el canal de la Mancha, nadado en Cabo de Hornos, el canal de Beagle, el estrecho de Gibraltar, alrededor de la isla de Manhattan, y ha sido la primera persona en nadar en la Antártida, completando 2.5 kilómetros sin traje de neopreno.
Siempre acompañada por su familia; por Gabriel Torres –su único entrenador desde los 6 años– y por Jorge, su pareja desde hace 12 años, quien le pidió matrimonio hace unos meses, la Sirena de Hielo –como la ha bautizado la prensa– siempre va en busca de nuevos desafíos.
Hace una década, surgió el desafío de convertirse en la primera persona sudamericana en completar el “Reto de los 7 mares”, reconocido por la Organización Mundial de Aguas Abiertas por su nivel de dificultad. Este desafío ha sido superado por sólo 28 personas en todo el mundo. Al cierre de esta edición, el 13 de junio, Bárbara alcanzó su sueño, nadar 7 de 7 mares, cruzando el estrecho de Tsugaru, Japón en más de 12 horas, y con más de 40 kilómetros recorridos.

¿Cómo es el viaje mental que haces cuando te arrojas al agua?
Es el espacio que más disfruto, creo que vivo para ese momento porque me hace infinitamente feliz. En la medida que avanzas sientes el agua, las burbujas, tu corazón, la respiración, vas muy conectada con tu cuerpo. Hay que estar muy concentrada para no perder el ritmo, para agarrar bien el agua, conectada con el equipo, con lo que está pasando, con la comida, el momento de la hidratación. Y al mismo tiempo te da la oportunidad de conectar con tu mundo interno, que puede ser muy lindo o bien llevarte a tus miedos más profundos, por eso la etapa de la preparación es tan importante.
¿A qué le temes cuando estás en un nado extremo?
Mis temores no se relacionan con el mar ni con las criaturas marinas. Al nadar, me siento protegida y querida. Las personas en el bote, mi equipo, representan no solo a quienes están en casa, sino también a mi familia. Ellos están entregando todo para lograr nuestros objetivos. Disfruto de la sensación de la noche, de no poder ver mi mano debajo de mí ni hacia dónde me dirijo. Lo único que me impulsa es mi propósito, mi corazón, mis pensamientos y lo que elijo que me acompañe. Es por eso que la preparación es tan difícil; implica enfrentar esos lugares llenos de ansiedad donde surgen preguntas como: ¿Soy lo suficientemente capaz, talentosa, fuerte? Las mujeres además enfrentamos la problemática de la procrastinación. Por eso me gusta ir derribando barreras, para allanar el camino a otras mujeres. Veo sus rostros en mis charlas, cuando las animo a que se atrevan.
¿Quieres decir que cuando estás ahí, con el agua a menos de 5 grados o pasas más de 10 horas en el mar enfrentando olas y corrientes, no te sientes sola?
Mi equipo no son simplemente personas que me acompañan o entrenan; son a quienes confío mi vida. Por eso, mis estándares de entrega y lealtad son excepcionalmente altos. Además de mi desarrollo personal, este deporte me demanda esa exigencia, ya que no puedo permitirme estar rodeada de personas que, en mis momentos más vulnerables, no puedan brindarme su apoyo. Todos en el equipo deben comprender que nadie está por encima del objetivo, ya sea conquistar los 7 mares, el Cabo de Hornos o cualquier otro desafío, pues son esas travesías las que nos permiten inspirar a otras niñas, mujeres y personas a creer en sus sueños y atreverse a alcanzarlos. Esa es mi verdadera motivación.
Crear la estrategia de cada uno de esos “nados” quizá sea la hazaña más grande que ha tenido que realizar. Al comienzo de su carrera significó muchos sacrificios, desde vender su departamento, dejar a su pareja que vivía en Punta Arenas para entrenar en Santiago, hasta levantar recursos haciendo rifas y tocando puertas. No obstante, la preparación también conlleva un lado más oscuro.
“La planificación es la parte donde peor lo paso. Desde la rutina del entrenamiento hasta habitar esos lugares incómodos, físicamente dolorosos, pero también emocionales y mentales donde te invaden preguntas como: ¿Qué pasa si no logro mis metas? ¿Y si no consigo el dinero necesario? ¿Y si, después de tanto esfuerzo, no puedo enfrentarme al desafío final? Todo eso te obliga a construir una imagen de lo que para ti es el fracaso o el éxito, te cuestionas una vez más por qué haces lo que haces y lo que estás dispuesto a dar a cambio de eso, y sincerarte sobre si hiciste todo lo necesario. Es rudo la verdad”.
Mientras sopla su café antes de beberlo, me cuenta que haber sido campeona del mundo en aguas gélidas le ha abierto muchas puertas, lo que le ha permitido alcanzar otros objetivos, como la protección del océano austral. Por eso, cada año se fija un objetivo internacional que capte la atención de la prensa y de las autoridades. De esta manera, busca la posibilidad de organizar una travesía en Chile en lugares emblemáticos como el lago Chungará, el Cabo de Hornos, Juan Fernández y la Antártica. En su lista de pendientes está la Isla de Pascua.

¿Cómo fue el nado de Antártica?
Durante una década, fue una idea que se arraigó en mi mente. Los tres años de estudios de impacto ambiental, la búsqueda de recursos y las numerosas reuniones con la Armada, incluyendo al comandante de la nave (para mí, el Comandante Antártica), de la División Antártica y el Estado Mayor General de la Armada, fueron esenciales. La verdad es que el comandante se convirtió en una pieza fundamental de mi equipo, al punto de que sin él a bordo del buque, yo no habría emprendido la travesía. Cada miembro de mi equipo representa algo invaluable; son el corazón y el motor que impulsan todo esto. La seguridad va más allá de lo técnico; también implica un apoyo emocional, la certeza de que hay personas que comprenden el valor y el esfuerzo involucrado. La expedición a la Antártida fue particularmente difícil, ya que enfrentamos dos intentos previos fallidos. A solo un día de partir, nos enteramos de que la mitad de la tripulación estaba infectada con COVID-19. Esta situación implicó la pérdida de valiosos recursos financieros. Nos ofrecieron desde cruceros a aviones, para llegar, pero yo tengo la certeza absoluta de que la mejor posibilidad de lograr un nado imposible es con la máxima seguridad y eso sólo la Armada de Chile me lo puede ofrecer.
Finalmente lo logró en febrero de 2023, cuando fue capaz de nadar 2,5 km, saliendo del agua con sólo 27º de temperatura corporal. En su Instagram @Barbarehlla_h consignó: “…Aunque la recuperación fue ruda, sabía que estaba con un doctor del Buque Galvarino, mis dos amigos enfermeros Samuel y Danilo y todo el amor de mi equipo, en 2 horas ya estaba pidiendo mi pancito con mantequilla”.
¿Qué pasó en Japón que no se logró el nado en 2023? Y cómo preparaste el intento de junio de 2024?
Creo que ha sido el momento más complejo de mi carrera. El primer Japón lo levantamos en 6 años. Durante ese tiempo, estuvimos aplicando constantemente para poder tener la oportunidad de viajar, ya que la selección es rigurosa. Este año, somos solo cuatro nadadores de todo el mundo, y yo soy la única mujer y la única latina. Esto conlleva una tremenda responsabilidad. Aunque las posibilidades son muy limitadas, hemos aprendido varias lecciones de nuestra experiencia anterior. La primera de ellas fue la importancia de considerar la cultura local, por lo que esta vez hemos viajado con un traductor. En la ocasión anterior, a menudo no me dirigían la palabra por ser mujer. En esta ocasión, contamos con un capitán que conocimos el año pasado, lo cual es un gran apoyo. También nos acompaña una entrenadora que, aunque no es mi entrenadora principal, ha participado en cuatro ocasiones en esta travesía y ya la ha completado. Además, me acompaña mi pareja, Lalo, quien ha sido un apoyo fundamental durante nuestros 12 años juntos. Él ha presenciado situaciones difíciles, como hipotermia severa y lesiones, en muchos de nuestros largos entrenamientos y travesías. Con este equipo y el apoyo del capitán, esperamos tener la oportunidad de alcanzar nuestro objetivo y luchar hasta el final.
¿Cuáles son tus claves para alcanzar tus sueños?
En primer lugar, es crucial no permitir que nadie te diga que son inalcanzables o que es demasiado tarde para perseguirlos. Debes aferrarte al corazón de tu propósito, ya que tenerlo claro es fundamental. Las medallas no representan un fin en sí mismas, sino que sirven como vehículo para alcanzar tus sueños. Cuando doy charlas, también abordo temas como la frustración, el miedo y el dolor, así como el deseo de rendirse. En esos momentos, es crucial aferrarse a tu motivación, a tu propósito. Por eso, elegir cuidadosamente a las personas que te acompañan en este viaje es tan importante.
Hablemos de tus charlas, especialmente aquellas dirigidas a mujeres
En las charlas motivacionales mi enfoque se centra en la construcción de la realidad personal, pero siempre considerando las emociones. La vida, aunque hermosa, también presenta momentos dolorosos y pérdidas que nos marcan profundamente. Es fundamental transitar por esas emociones y otorgarles un espacio dentro de nosotros. Especialmente cuando me dirijo a mujeres, les insto a que dejen de lado la presión de ser superheroínas, ese papel de “súper mujer” que las fuerza a ser perfectas en todas las áreas de sus vidas: trabajo, familia, matrimonio, maternidad, negocios, y hasta se espera que siempre luzcan bonitas y sean simpáticas. ¡No! Esa expectativa debe terminar. ¿Cómo puedes aspirar a la perfección si eso significa perder tu esencia humana, tu capacidad de sentir, de vivir y de experimentar? Solo al comunicar tu realidad puedes hacer visibles tus necesidades. No debemos olvidar que el coraje no es ausencia de miedo, y que la vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad.
¿Habrá algún momento para la maternidad?
Bueno el año pasado congelé óvulos, pensando en un proyecto de familia, pero aún no tengo tan claro el momento por ahora.
¿La Sirena dejará de nadar alguna vez?
Nunca. Nadaré toda mi vida. Quizás no siempre me lanzaré desde un zodiak frente a un glaciar, pero no me imagino apartada del agua, ya que es parte inherente de mi ser. Es mi hogar, mi refugio, donde elaboro, donde integro, donde puedo llorar tranquila, es mi hilo conductor. No tengo una ruta clara sobre dónde me gustaría terminar trabajando. Tal vez hacer las charlas y conectar con la gente, porque me hace profundamente feliz.


