UNICEF: TRANSFORMAR REALIDADES, CREAR FUTURO

Hay decisiones que trascienden lo inmediato. Que no buscan solo resolver una urgencia, sino dejar una huella. En ese territorio se mueve la filantropía cuando deja de ser un gesto aislado y se convierte en una forma de construir futuro.

Desde UNICEF Argentina, Mariela Becker trabaja precisamente en ese punto de encuentro entre intención e impacto. Su rol consiste en acompañar a individuos, familias y fundaciones a transformar su compromiso con la infancia en acciones concretas, medibles y sostenidas en el tiempo. Pero también, en algo más profundo: convertir esa decisión en un legado.

La filantropía, entendida en su sentido más esencial como “amor por la humanidad”, hoy adquiere una nueva dimensión. Ya no se limita únicamente a la asistencia inmediata —aunque sigue siendo indispensable—, sino que se proyecta como una herramienta para transmitir valores, involucrar a nuevas generaciones y construir propósito a largo plazo.

En ese camino, UNICEF propone un enfoque distinto: no hay una única manera de dar, sino múltiples formas de involucrarse. Cada vínculo comienza con una pregunta simple pero decisiva: qué moviliza a quien quiere involucrarse. A partir de ahí, se construye una estrategia a medida, alineada con sus intereses, sus inquietudes y su mirada sobre el mundo.

Con más de 80 años de trayectoria y presencia en más de 190 países y territorios, la organización trabaja de manera integral en áreas clave como salud, educación, protección, inclusión y emergencias. Esa escala global, combinada con una fuerte presencia local, le permite no solo intervenir, sino también fortalecer sistemas y generar cambios estructurales que pueden escalar hasta convertirse en políticas públicas.

Esa capacidad se refleja también en historias concretas. En Argentina, por ejemplo, la articulación con la comunidad armenia permitió canalizar apoyo hacia proyectos específicos en Armenia, generando un puente que no solo movilizó recursos, sino también experiencias transformadoras para quienes participaron. Ver el impacto en primera persona cambia la lógica: deja de ser una contribución para convertirse en una conexión.

El contexto local plantea desafíos urgentes. Más de 5,5 millones de niños viven en situación de pobreza en el país y 1,2 millones en condiciones de indigencia. Detrás de esos números hay una realidad que condiciona el acceso a derechos básicos y limita oportunidades de desarrollo.

Frente a ese escenario, el trabajo se enfoca en salud y nutrición, acceso a agua segura, educación, protección frente a la violencia y reducción de la pobreza, siempre adaptándose a las particularidades de cada comunidad. El objetivo es claro: garantizar que cada niño y cada niña pueda desarrollar su máximo potencial.

Uno de los ejemplos recientes más cercanos es el trabajo junto a una fundación familiar para ampliar el acceso a agua segura en comunidades rurales e indígenas de Salta y Chaco. A través de infraestructura, provisión de insumos y capacitación en territorio, no solo se mejoraron las condiciones de vida, sino que también se generó una experiencia transformadora para quienes impulsaron el proyecto.

Esa dimensión humana se vuelve aún más evidente en terreno. Becker tuvo la oportunidad de visitar proyectos en Zambia, donde pudo observar de cerca el impacto del trabajo en comunidades extremadamente vulnerables. Allí, en medio de contextos difíciles, aparece un elemento que atraviesa todo: la esperanza.

Cuando un niño logra recuperarse de la desnutrición o una madre vuelve a confiar en el futuro, el impacto deja de ser abstracto. Se vuelve tangible, cercano, real. Y es precisamente esa experiencia la que fortalece el compromiso de quienes deciden involucrarse.

En situaciones de emergencia, esa capacidad de respuesta se vuelve clave. UNICEF cuenta con el mayor centro logístico del mundo dedicado exclusivamente a la infancia, ubicado en Copenhague. Desde allí, se distribuyen medicamentos, vacunas, alimentos terapéuticos y kits esenciales que pueden llegar a cualquier punto del planeta en un plazo de 24 a 72 horas.

A nivel global, además, existe una red filantrópica que potencia este trabajo: el International Council, integrado por líderes y familias de distintos países que comparten conocimiento, experiencias y recursos para impulsar iniciativas de gran escala. Argentina aún no forma parte de este espacio, pero el potencial está latente.

En un mundo donde los desafíos se vuelven cada vez más complejos, la filantropía aparece como una herramienta capaz de generar transformaciones reales. No solo en quienes reciben, sino también en quienes deciden involucrarse.

Porque, en definitiva, transformar realidades también es una forma de redefinir el propio lugar en el mundo.

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