
Entrevista exclusiva a Sylvia Earle, fundadora de “Mission Blue” y la persona más importante en conservación de los océanos. colabora con Rolex en “Perpetual Planet” para promover iniciativas globales destinadas a restaurar la salud y la productividad del océano. Earle ha dirigido más de cien expediciones, registrado más de 7.000 horas bajo el agua y es autora de más de 190 publicaciones científicas.

Los océanos cubren dos terceras partes de la superficie de la Tierra y son el hogar de la mayoría de los seres vivos. También regulan el clima y producen gran parte del oxígeno del cual dependemos. La vida en la Tierra se originó en el mar y permaneció ahí durante los primeros 3 mil millones de años de evolución. Actualmente se conocen unas 250.000 especies, pero se estima que existen más de dos millones. Gran parte de los océanos sigue inexplorada y han sido relevado tan solo cerca del 15 % del lecho marino. Sin embargo, hay alguien que se destaca por conocer al océano más que ninguna otra persona, y ella es la reconocida bióloga marina Sylvia Earle, a quien tuvimos el privilegio de entrevistar.

Su presencia inspira, sus palabras enseñan, su entusiasmo contagia, y su espíritu y curiosidad logran un mundo mejor. Hace dos años, tuve la oportunidad de participar en Washington D. C. del evento más importante en la conservación del planeta, los Premios Rolex a la Iniciativa y el National Geographic Explorers Festival, y allí conocer a esta increíble mujer y leyenda de 86 años. Su humildad y conocimiento dejan a uno atónito, sin aliento, pero indudablemente con la luz de la esperanza encendida para poder ayudar en la conservación de nuestros océanos. Con una vitalidad envidiable, ha dado conferencias en más de 90 países y tiene más de 100 honores e innumerables reconocimientos.

Sylvia es exploradora residente de la National Geographic Society. Fue nombrada como una de las “Héroes del Planeta” de la revista Time, y ha sido pionera en la investigación de ecosistemas marinos, con un enfoque especial en la exploración, conservación
y el desarrollo de nuevas tecnologías para acceder eficazmente a las profundidades marinas y otros entornos remotos. Es la primera mujer en convertirse en científica en jefe de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y fundadora de SEAlliance, que se asoció con National Geographic en Mission Blue y con Rolex en Perpetual Planet para promover iniciativas globales destinadas a restaurar la salud y la productividad del océano. Earle ha dirigido más de 100 expediciones, registrado más de 7.000 horas bajo el agua y es autor de más de 190 publicaciones científicas, técnicas y populares.

Nació en Nueva Jersey el 30 de agosto de 1935 y se mudó a la costa oeste de Florida cuando era una niña. Obtuvo un diploma de la escuela de “St. Petersburg” en 1952 y dos años más tarde el título de grado “Bachelor of Science” de la Universidad Estatal de Florida. Luego de cursar el máster en ciencias en 1955 empezó el doctorado en ficología, es decir, la ciencia que estudia las algas, en la Universidad de Duke. Allí conoció al zoólogo Jack Taylor con el que se casó posteriormente y tuvieron a su hija Elizabeth y a su hijo John. En 1964, participó de una expedición en el Océano Índico, siendo la única mujer con 70 hombres.
En 1966, fue investigadora en Harvard y luego volvió a Florida como directora residente del “Cape Haze Marine Laboratory”. Tras no poder formar parte del proyecto Tekite I, por diferentes motivos
de aquella época, luego fue seleccionada para liderar el proyecto Tektite II, siendo el primer grupo completamente femenino de submarinistas. Sylvia estuvo dos semanas enteras viviendo bajo el mar en la base submarina de Islas Vírgenes.

En 1979, consiguió el récord femenino en profundidad oceánica. Se sumergió hasta una profundidad de 381 metros con un traje especial. Esta inmersión llegó en pleno océano abierto hasta el suelo oceánico cerca de Oahu (Hawái). En el momento en el que llegó a las profundidades marinas apagó las luces del traje para poder observar la oscuridad marina. Pero no fue así. Lo que vio fueron luces de colores que provenían de todo tipo de seres submarinos.

Luego la carrera de Sylvia comenzó a crecer a una velocidad impresionante. En 1980 fue parte del “National Advisory Committee on Oceans and Atmosphere” y comenzó a incursionar en otros ámbitos como la ingeniería para desarrollar nuevas tecnologías y llegar a todos los oscuros rincones marinos. Fundó el grupo “Deep Ocean” para diseñar y dirigir sistemas bajo el mar robóticos y piloteados. Se diseñó el submarino de investigación “Deep Rover”, que se sumergió a 1.000 metros. Luego Earle fue líder científico en la Oficina de Administración Oceánica y Atmosférica, siendo la primera mujer en tomar esta posición. En 1992, fundó DOER Marine (Deep Ocean Exploration and Research) para mejorar la ingeniería marina. Ha sido líder de varios programas oceánicos, y participado de numerosos programas para determinar el daño medioambiental causado por el petróleo. Su trabajo, lucha y pasión por el océano ha inspirado a miles de personas. Hoy los océanos se han convertido en un mar de basura, Sylvia lo ha visto a 5 km de profundidad en el Golfo de México. Ella sabe más que nadie que la vida bajo el mar se está muriendo. El 50 % de los corales aproximadamente han desaparecido a nivel mundial. Y considera que el mayor problema es la ignorancia, y que la solución es trabajar para no dañar.

¿Cuándo comienza su amor por la naturaleza?
Me enamoré del océano a los tres años; estaba en una playa en Nueva Jersey, y una ola me tiró. Me hizo descubrir el océano, y lo que acaparó mi atención desde entonces, todos estos años, fue la vida oceánica. Cuando a los 12 años mi familia se mudó a la costa oeste de Florida, encontré cangrejos herradura, ¡y para mí fue como encontrar a un vecino que ya conocía! Quería ser ecologista incluso antes de que la palabra existiera.
¿Cuál es la sensación que uno tiene al bajar tantos metros debajo del agua?
Cada vez que buceo descubro cosas que nunca antes había visto —no siempre son nuevas especies, a veces son nuevas apreciaciones sobre el funcionamiento de los océanos— en las profundidades del océano,
o incluso en arrecifes poco profundos que no reciben la luz del sol; me interesa comprender la forma en que se relacionan con nosotros, que vivimos y respiramos aire en la superficie.
¿Qué cosas son las que más le preocupan en relación con la contaminación de las aguas?
La contaminación altera la química del agua, y eso lo cambia todo. Los nuevos químicos y desechos generados por el hombre, desde insecticidas y plásticos hasta vertidos industriales y aguas residuales, se integran al aire que respiramos, el agua que bebemos, la comida que comemos. Y también pasan a formar parte de los sistemas naturales que sustentan nuestra existencia. Si bien eso me preocupa, el problema más grave es la complacencia y la falta de voluntad de cambio a pesar de que existen pruebas concluyentes de las consecuencias letales, para nosotros, de contaminar el planeta.
¿Qué es lo que más le apasiona del buceo?
Bucear es apasionante, la sensación física de volar sin esfuerzo, de bailar, sentirme liviana, como una pluma. Pero lo que más me gusta es explorar reinos desconocidos, conocer criaturas marinas milagrosas, que con sus formas actuales representan la historia de la vida en la Tierra: plancton microscópico, esponjas, medusas, crustáceos, moluscos, estrellas marinas, corales y por supuesto delfines, focas, ballenas y miles de especies de peces.
¿Qué se siente ser una embajadora tan importante de la protección de los océanos?
Tengo el privilegio de pasar miles de horas bajo el agua, vivir en laboratorios submarinos, viajar en decenas de submarinos, ser testigo de cambios dramáticos producidos en pocas décadas. Al igual que un astronauta siente el impulso de compartir su visión de la Tierra desde lo alto del cielo, siento la misma necesidad de compartir la naturaleza del océano desde su perspectiva, de ser la voz de las criaturas marinas que no pueden hablar por sí mismas.
¿Cómo es su relación con rolex y cuáles son sus experiencias con la marca?
Mi relación con Rolex data de 1970, y durante todo este tiempo nuestros intereses se han ido alineando cada vez más. Al igual que Rolex, siento que ha llegado el momento de apostar por un planeta perpetuo para preservar las maravillas del océano, con su asombrosa diversidad, para las futuras generaciones. A través de Mission Blue, mi objetivo es ampliar la protección de los océanos en la próxima década. Rolex nos ayuda como parte de su compromiso por aunar fuerzas con organizaciones que intentan encontrar soluciones para los desafíos que enfrenta el planeta.
Rolex es una entidad realmente única, que respeta la exploración, la educación, el mundo natural, y que brinda su respaldo a personas que pueden transmitir el mensaje y cuentan con los medios para dimensionar lo que está sucediendo. Rolex hace lo que cada compañía, cada país y cada uno de nosotros debería hacer: intentar hacer del mundo un lugar mejor.

¿Qué consejo le daría a la población sobre el cuidado y la importancia de las aguas?
Pensar que podríamos vivir sin los océanos es una ilusión. Aunque nunca hayas visto ni tocado el océano, el océano te toca cada vez que respirás, con cada gota de agua que tomás. Del mismo modo, todo lo que hagas, sin importar el lugar, tiene en última instancia un impacto universal. Incluso las cosas más insignificantes pueden marcar una diferencia, como tirar sustancias tóxicas por el desagüe, que finalmente llegan a
los océanos, o lo que elegís comer, o no comer. Nadie puede hacer todo, pero todos podemos hacer algo para ayudar a mantener un planeta viable.
¿Cuál fue la expedición que más disfrutó hacer y por qué?
¡La mejor expedición es siempre la que está por venir! En cada nueva aventura, sacás provecho de las experiencias anteriores y, aunque nunca sabés qué podés llegar a descubrir, sabés que va a ser algo bueno, de una forma u otra.
¿Qué importancia tienen los avances tecnológicos en las investigaciones marinas?
Si contenés la respiración, podés descender unos pocos metros debajo del agua, e incluso algunos buzos intrépidos pueden hacer excursiones breves hasta profundidades de más de 100 metros, y regresar. Pero los restos de la nave Titanic descansan en las profundidades promedio del océano, aproximadamente a 4.000 metros. La profundidad máxima es de aproximadamente 11.000 metros. Las tecnologías desarrolladas en el siglo pasado hacen posible que personas e instrumentos sofisticados lleguen a las mayores profundidades del océano, y nos permiten ver y explorar por primera vez qué impacto hemos producido allí, todos nosotros, desde cualquier lugar, todo el tiempo.
¿Cuáles son las consecuencias que tendrán lugar en pocos años si seguimos maltratando los océanos del planeta?
Desde que era una joven científica que recién comenzaba a explorar los océanos, en la década de 1950, hemos aprendido mucho sobre su naturaleza y por qué son importantes para todos, en todos los lugares, pero también hemos perdido muchas más especies que nunca antes en la historia de la humanidad. Ahora sabemos que los océanos controlan el clima y la meteorología, determinan la química del planeta, contienen el 97 % del agua de la Tierra, generan más de la mitad del oxígeno, capturan gran parte del dióxido de carbono de la atmósfera, y albergan a la mayor parte de la vida en la Tierra. Los océanos son los cimientos del sistema de soporte vital de la Tierra. En síntesis, sin azul no hay verde. Sin océano no hay vida.
¿Qué expediciones todavía le quedan por realizar o le gustaría realizar?
Hemos relevado tan solo cerca del 15 % del lecho marino con la misma precisión que la superficie terrestre y de la Luna, Marte, Júpiter y otros planetas distantes. Un área incluso menor del amplio espacio habitable existente entre la superficie y el fondo marino ha sido observada y, menos aún, explorada. Mission Blue ahora abarca 137 áreas marinas denominadas “Hope Spots”, lugares que, de contar con protección, pueden tener un impacto multiplicador para salvar y restaurar la salud de los océanos. Quiero recorrer varias veces cada una de estas áreas, y trabajar con los Hope Spot Champions y otras personas para identificar, estudiar y proteger lugares hasta cubrir al menos la mitad del océano para 2050.
¿Cuál es el objetivo principal de mission blue y de qué manera uno puede colaborar?
Mi motivación para comenzar Mission Blue fue básicamente encontrar un hogar para el concepto de los Hope Spots, una red de áreas marinas protegidas en todo el mundo de importancia vital para la salud del océano, el corazón azul del planeta. La idea de Mission Blue es promover la exploración, conocer más. Esto requiere
el uso de tecnología para explorar y definir la naturaleza de lo que encontramos, compartir lo que vemos tanto como sea posible, pero no solo a científicos, sino al público en general. Es necesario inspirar a las personas para que actúen y digan: “Esta es una parte del océano, y me preocupa cuidarla. Quiero que sea un Hope Spot, y estoy dispuesto a comprometerme e inspirar a otras personas para juntos cuidar este lugar”. Un Hope Spot puede ser un área que se encuentra en buen estado o que ha sufrido daños a lo largo del tiempo pero que, con cuidados, puede recuperarse. Rolex respalda a Mission Blue desde 2014, y nos ayuda con las expediciones y a divulgar nuestro mensaje, que es otro aspecto de la relación.
¿Cuál cree que es su misión en esta vida? ¿ya la ha cumplido? yo creo que sí…
Lo que hagas en la vida, sin importar lo que sea, sienta las bases para lo que sigue. Recién estoy comenzando con la siguiente etapa de exploración, y protección, de los océanos. Siempre miro hacia adelante… ¡y hacia abajo!
Por: jimena leiguarda / Fotos: cortesía rolex


