La actriz, parte del elenco de la nueva apuesta nocturna de Mega, Reunión de superados, que hoy se luce en Netflix como protagonista de Limpia y que el próximo año debutará en una serie de Amazon Prime Video, atraviesa un momento de cambio profundo. Nuevas oportunidades, una vida más consciente y un renovado sentido del cuidado marcan esta etapa.

“Si no dejas de tomar, nos separamos”. Ese es el ultimátum que Matilde Manríquez le da a Coke Benavides, su marido y el único hombre en su vida. Con esa frase pone en jaque un matrimonio de más de 30 años, iniciado cuando ambos eran compañeros de colegio. Pero a ella no solo le preocupa el alcohol: detrás de la pareja hay meses sin intimidad y, para peor, comienza —sin saberlo— la perimenopausia, una bomba hormonal que la mantiene constantemente contra las cuerdas.
Aunque más de alguien podría sentirse reflejado en esta historia, lo cierto es que pertenece a la ficción: al guion de la nueva teleserie nocturna de Mega, Reunión de superados. Una trama con altas dosis de comedia donde Ignacia Baeza interpreta a una mujer frágil, sensible y en plena crisis.

Un personaje muy distinto a los roles que suele interpretar, como Loreto del Valle, su último trabajo en las nocturnas del mismo canal. Un papel fuerte, marcado por la soledad y también ligado al alcohol, que le valió dos nominaciones a los Copihues de Oro y un premio Caleuche.
Esta vez es diferente.
“Creo que esos personajes tenían más carácter. Generalmente me tocan mujeres fuertes, power, y Matilde es más frágil. Empieza una crisis consigo misma y con su marido, que está metido en el alcohol. Por supuesto, le dice lo que piensa, le para los carros, no es una mujer sometida. Ha sido interesante habitar ese espacio, el de una mujer más suave, muy buena. Me encanta”, explica.

—¿Tiene un atractivo distinto para ti?
—Cada personaje tiene algo. Me encanta el drama y disfruto la comedia; me gustan los personajes con cuento, con rollos profundos, y Matilde tiene uno. Aunque es una comedia, enfrenta una perimenopausia, una crisis matrimonial y un marido borracho… amoroso, pero borracho. Eso está muy bien logrado, porque podrían haber puesto a un hombre alcohólico y pesado, pero él es bueno, la quiere, la escucha. Entonces es muy difícil, porque se empiezan a separar, pero no porque no se amen.
—Algo similar a lo que vimos con Loreto del Valle en Generación 98: una mujer con luto, soledad y alcoholismo, pero en clave de comedia.
—Era un personaje muy solo, que evadía en el alcohol y tenía dos hijos a los que no miraba. Se mostraba muy cool hacia afuera, pero en el fondo era súper frágil. Creo que, si existiera, tendría la autoestima baja. Fue un personaje intenso, que bordeaba lo patético, pero muy entretenido de hacer.

—¿Cómo ha sido el rodaje de esta nueva historia?
—Me río todo el día. Trabajo con amigas de la vida, como Daniela Ramírez, Paloma Moreno y Elisa Zulueta, y eso hace todo más liviano. Además, nunca había actuado con Diego Muñoz y funcionamos muy bien. Es intenso, somos pocos personajes y la carga a veces es pesada, pero lo paso increíble. También trabajo con niños, que han sido un desafío hermoso: talentosos, responsables y encantadores.
—¿En qué te ves reflejada en Matilde?
—Me gustaría parecerme más a ella. Estoy en una etapa en la que busco ser más reflexiva. Matilde es amorosa, piensa antes de actuar, es cálida, no explosiva. Me reflejo en su humor y en la complicidad que tiene con su amiga Teresita.

—Fuera del set, tienes mellizos de 11 años. ¿Cómo es tu rutina como mamá?
—Son exquisitos. Me importa mucho lo emocional: cómo se sienten, que estén bien, que no sufran bullying ni lo ejerzan. La parte académica la entiendo, pero el corazón de mis hijos es lo que más me preocupa.
—¿Eres estricta?
—Soy estricta, pero sanamente. Son responsables y entienden que primero van las tareas y después el juego. Vamos bien.
—¿Cómo ha sido ser mamá de mellizos?
—Fascinante, un regalo. Al principio fue agotador, pero hoy la relación que tienen es maravillosa. Son muy unidos, se cuidan, se llaman “hermano”. Son distintos física y emocionalmente, pero conmigo son exquisitos.
Un nuevo ritmo de vida
—Decías que estás en un período de reflexión…
—Sí. Me agoté un poco de la intensidad con la que vivía. Quise bajar las revoluciones. Empecé a meditar, salgo poco, paso más tiempo en casa, no tomo alcohol, hago deporte. Necesitaba parar la cabeza.
—¿Por algo en especial?
—Tiene que ver con haber entrado a los 40 y con querer vivir con más lucidez, sobre todo por mis hijos. Estoy más introspectiva. No estoy deprimida, siento que algo se está acomodando.
—¿Cuidarte más?
—Sí, pensar cómo quiero ser en los años que vienen. Justo estoy haciendo un pódcast con Mariana Derderián, Elige a tu vieja, que nació de esa conversación: cómo queremos ser, cómo nos imaginamos. La fiesta ya la bailé. No soy una amargada, al contrario, lo paso mejor. Es hacerme cargo de mi presente y de mi futuro.
—El pódcast las encuentra en momentos intensos…
—Somos amigas hace 20 años, vivimos cerca, compartimos la crianza. Somos una pequeña familia. Hoy somos un gran apoyo la una para la otra.
—Se nota mucha complicidad.
—Nos cuidamos. Si alguna se mete en algo muy íntimo, la otra la saca. Eso es muy bonito. Escucharnos ha sido una verdadera terapia.
—¿Qué te deja?
—Presencia absoluta. Cuando grabamos, todo lo demás desaparece. Hablar sana, reírse también. A veces escucho los capítulos sola y me río a carcajadas.
—¿Y el amor?
—He tenido suerte. Hoy estoy sola, terminé una relación hace poco, pero no lo veo como un fracaso. El desamor duele, pero pasa. Nadie se muere de amor, y una aprende que siempre se vuelve a estar bien.
—En 2022 hablaste públicamente de enamorarte de una mujer. ¿Te dio miedo?
—Sí, al principio. Pensé que podía afectarme laboralmente, pero fue todo lo contrario. Recibí puro amor. Mi miedo era más una idea que la realidad. Contarlo fue muy sanador.
—Hoy, después de este proceso, ¿estás más cerca de la “vieja” que quieres ser?
—Tengo un tatuaje que dice “respira”, porque sentía que no lo hacía. Hoy elegiría la palabra “voluntad”. La voluntad es todo. Si quiero ser esa vieja sana, tengo que cuidarme. Me he puesto pruebas a mí misma y voy en ese camino. Me falta, pero voy bien.
Por Bernardita Cruz Baraona


