En el extremo sur de Namibia, donde alguna vez se desarrolló una de las mayores migraciones terrestres de la historia, un proyecto de conservación está comenzando a devolverle movimiento, vida y equilibrio a un paisaje que parecía condenado al silencio. Con el apoyo de la iniciativa Perpetual Planet de Rolex, ORKCA concretó la primera liberación de fauna silvestre en una región que perdió cerca del 90 por ciento de su biodiversidad en apenas un siglo.

Órix, gacelas y avestruces volvieron a correr libres sobre un territorio ancestral marcado durante décadas por cercos, estructuras abandonadas y tierras agrícolas que interrumpieron las rutas naturales de migración. El acontecimiento representa mucho más que una simple reintroducción animal: es el punto de partida de uno de los programas de restauración ecológica más ambiciosos de África Austral.
Durante generaciones, el río Orange fue el eje de una inmensa red de vida salvaje. Allí se desarrollaba la legendaria migración trekbokken, protagonizada por millones de gacelas saltarinas que atravesaban el paisaje en movimientos masivos incluso más numerosos que las célebres migraciones de ñus del Serengeti. Con el avance de la actividad humana y la fragmentación del territorio, ese ecosistema comenzó a desaparecer hasta quedar reducido a pequeñas poblaciones aisladas.

Frente a ese escenario, el Área de Conservación Río Orange-Karoo (ORKCA) nació en 2020 con una visión clara: reconectar los paisajes fragmentados del sur de Namibia y permitir que la fauna vuelva a desplazarse libremente. El proyecto combina la compra estratégica de antiguas tierras agrícolas con acuerdos de cooperación junto a propietarios locales, buscando reconstruir un corredor ecológico continuo entre Namibia y Sudáfrica.

Actualmente, la reserva ya supera las 160.000 hectáreas protegidas, aunque la ambición del proyecto apunta mucho más lejos: alcanzar más de un millón de hectáreas restauradas en los próximos veinte años.
La primera liberación de fauna fue celebrada como un momento histórico para el proyecto. Diez órix, diez gacelas y diez avestruces fueron trasladados y liberados tras más de dos años de preparación científica y logística. Cada ejemplar fue equipado con collares de seguimiento que permitirán estudiar patrones de adaptación, desplazamiento y comportamiento migratorio, información fundamental para futuras etapas del programa.

“Cuando la primera gacela saltó del camión, la emoción era palpable. Fue un hito para ORKCA”, expresó Nabot Mbeeli, director ejecutivo de la iniciativa.
En etapas futuras, el proyecto prevé la reintroducción de grandes depredadores como el guepardo, esenciales para restaurar el equilibrio natural del ecosistema y mantener las manadas en movimiento constante.
Los cofundadores de ORKCA, Andreia Pawel y Red Barthorp, llegaron a la región en 2016 y encontraron un territorio profundamente alterado por décadas de intervención humana. Con el paso de los años entendieron que la recuperación debía ir mucho más allá de limpiar infraestructura o recuperar parcelas aisladas: el verdadero desafío era devolverle continuidad ecológica a todo el paisaje.
La visión de largo plazo contempla una gran reserva transfronteriza articulada alrededor del río Orange, capaz de unir ecosistemas y garantizar también el acceso histórico del pueblo indígena Nama a estas tierras ancestrales.
Desde 2023, Rolex acompaña el proyecto a través de Perpetual Planet, su plataforma global dedicada a apoyar iniciativas científicas y ambientales orientadas a la protección de océanos, glaciares y ecosistemas naturales en distintas partes del mundo.
“Rolex creyó en nosotros cuando aún éramos un sueño”, afirmó Andreia Pawel. “Nos ayudaron a asegurar tierras, iniciar estudios científicos y reintroducir fauna. Su experiencia global en conservación es invaluable”.
El contexto climático actual también juega un papel decisivo. Tras registrar las lluvias más abundantes del último siglo, Namibia atraviesa un momento excepcional para la recuperación ecológica: el suelo vuelve a regenerarse, el pasto reaparece y el ecosistema comienza lentamente a recuperar su dinámica natural.
El regreso de la fauna no solo transforma visualmente el paisaje. El movimiento de los animales airea el terreno, dispersa semillas y reactiva procesos biológicos esenciales para la salud del ecosistema. En otras palabras, cada paso de estas especies ayuda a reconstruir el territorio.
Mientras ORKCA continúa asegurando nuevas áreas protegidas y desarrollando infraestructura para convivir de forma armónica con las comunidades vecinas y el ganado local, la iniciativa ya logró algo que parecía improbable hace apenas algunos años: devolverle movimiento a uno de los paisajes más antiguos del planeta.
Fotos: ROLEX


