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ELLA EST //
Maria Freytes
30/08/2011 Su hobby se convirtió en profesión en un momento de madurez. Hoy, a los 37 años, su equilibrio se nota a distancia, una mujer alegre, que ama todos los roles que desempeña: madre, esposa y profesional. El reconocimiento a su talento no llegó ni un minuto antes ni un minuto después, llegó justo para coronar su gran momento de plenitud. Alegría es lo que sobra. Se nota desde que nos recibe en su casa el pequeño Borja de tres años, con una sonrisa de oreja a oreja. Simona, su hija mayor, de siete años, está en el colegio. Y María, embarazada de pocos meses, nos recibe radiante. Ingresamos por la cocina, llena de colores, stickers, hasta llegar al living donde todo se fusiona de manera perfecta. Una gran pintura, plena de color, llama la atención: según nos cuenta María, es de uno de sus autores preferidos, un Claudio Roncoli, recién adquirido. Todo está en armonía.
Nos invita a pasar a su cuarto, donde mientras se prepara para las fotos va respondiendo nuestras preguntas, con la espontaneidad y frescura que la caracterizan. Al instante capta la atención de todo el equipo: María tiene carisma, dan ganas de escuchar todo lo que tiene para contar. A mediados de 2009, comenzó a trabajar como panelista de RSM, el exitoso programa que se transmite por América TV, conducido por Mariana Fabbiani. La nueva participante llegó para aportar su cuota de alegría y perspicacia. Anteriormente, su vida profesional puede resumirse como una continua búsqueda. Estudió Licenciatura en Sistemas y realizó un Master en Economía Política. Durante aquel tiempo, también producía un programa de cable, sobre política, porque le divertía. “Me gustaba estudiar, pero me gustaban miles de cosas. Eso tiene de bueno un programa como RSM: podés proponer un montón de temas y al menos tenés el espacio para hacerlo”, comenta. Cuando fue al casting, reconoce que estaba tranquila: “Mariana misma me confirmó que me había ido bien. Al llegar a casa, me abrumó el cambio de vida que podía aproximarse. Yo había ido relajada al casting. Como tengo dos hijos, tengo la energía en otro lado, y de pronto caí en la cuenta de que mi vida cambiaría”. María recuerda que el primer día que salió en vivo, habló de “la ley de la triple g”, que explica cómo recuperarse del post parto: “¡Estaba dura! Tenía un brashing que era cero yo. Pero finalmente todo salió bien.” Cuando piensa en su carrera futura, la panelista menciona que no sabe qué ocurrirá, pero subraya que vive el día a día. Esa manera pausada de vivir la aprendió con la experiencia, aunque al principio, la exposición la superó, porque estaba acostumbrada a una vida tranquila, casera, y las cámaras la ponían nerviosa. El libro María siempre escribió. Comenzó con un blog, que se llamaba Nosotras en Crisis, siempre sobre una temática femenina, y ese mismo formato derivó después en un libro. Este volumen se llamó Fatigadas, y surgió a partir de la columna que hacía la panelista en RSM. De esta manera, la contactó editorial Planeta. “Los disparadores del libro, teniendo ya dos hijos, me salieron muy fácil. Me puse a pensar en los problemas típicos de las mujeres de hoy: trabajo, culpa, maridos, hijos”, enumera. No tiene ningún rito a la hora de escribir, a no ser por la concentración: “Cuando tengo que terminar un texto, no escucho música, apago todo. Todo el día escribo algo en mi cabeza, empiezo hablar y Simona, mi hija, me pregunta con quién hablo. Me reí mucho cuando me preguntó una vez si estaba haciendo un ‘monólogo’.” El libro comienza explicando con humor los rasgos más significados de la mujer actual. La segunda parte trata la temática de la maternidad. Y una tercer parte, describe vida y aventuras de separadas, divorciadas y solteras. “Me puse a escribir sin parar, pero son textos cortos, no es como una novela. Se imprimieron cuatro mil ejemplares y al mes se agotó”, asegura la autora con entusiasmo: “En realidad no sabía lo que hacía, cuando se editó, recién entonces tomé conciencia de lo que había hecho. Era una exposición enorme para mí, porque podía irme bien o pésimo.” Cada vez que habla de alguna preocupación, María equilibra con una postura serena. “El libro me tomó en una etapa en la que estoy más tranquila y me dije: ‘¡qué sea lo que sea!’ Yo soy bastante tímida por ejemplo para promocionar el libro en el programa. Se difunde mucho, en cambio, por el boca en boca.” María confiesa que escribir le gusta, porque es algo mucho menos expuesto, que puede compatibilizar con sus horarios de mamá. Sin embargo, también asegura que su participación en RSM no implica demasiadas molestias, pero que igualmente resulta cansador. “Peinarte, maquillarte y pintarte, todos los días y por obligación es una tortura”, se ríe, despreocupada, fresca, con algo de niña pequeña y de mujer madura: “Antes, no me maquillaba demasiado incluso podía ir a ‘cara lavada’ a un casamiento. Mis amigas se reían al verme tan producida en pantalla. Pero yo me lo tomo con humor.” Los primeros años y Tomás “Estudiaba junto a Mia Maestro, que entonces no era conocida, con Carlos Gandolfo. Un verano recuerdo que me llamó él, para decirme que nos quería dirigir en una obra de Pirandello. Me extrañé y me dije: ‘soy actriz’”, recuerda y sigue contando que en aquel momento a Mia le surgió un proyecto en España, con Carlos Saura: la película Tango. Entonces, la obra que iba a realizar junto a ella quedó trunca y nunca se realizó. “Me acuerdo de dos cosas sobre ese momento: fui a una entrevista con el prestigioso director Norman Brisky, pero también pensaba en alejarme del teatro. La reunión con Brisky fue espectacular. Yo tendría unos 26 años.” María guarda silencio unos segundos. Sonríe con la vista fija en Borja, que juega a poca distancia. “Brisky me dijo que me sacara tanto dramatismo de la cabeza, que yo necesitaba una comedia romántica… Venía de un teatro muy denso. Pero arrancar todo de nuevo me dio fiaca. Y no arranqué, aunque me quedé con ganas.”
En ese momento, María optó por otro camino y comenzó en Telefé, en el área de nuevos negocios. Fueron tres años en los que confiesa que se divirtió mucho. Después se dedicó a los desarrollos inmobiliarios. “Me fue muy bien. Manejaba mis tiempos. Yo organizaba toda la estrategia de inversión y comunicación para los vendedores”, pero faltaba muy poco para que el destino volviera acercarla a los escenarios. Para coronar esta etapa, llegó el matrimonio. Se casó con Tomás cuando ella aún trabajaba para Telefé. “Él me conocía desde hace mucho y no creo que se haya sorprendido por el vuelco de mi carrera”, asegura y sigue sonriendo: “¡Sabía con lo que se estaba casando, pero Tomás es una masa total! Él me bancó siempre con buen humor. En cierto momento hicimos juntos un curso de comunicación y nos encantó. Los dos sabemos conversar y respetamos mucho los espacios del otro.”
María explica que tienen una relación fluida, donde el cariño y el diálogo solucionan cuestiones como los horarios, que quizás en otras parejas podrían complicar la relación. “Que mi marido me bancara para mí fue muy importante, porque yo soy muy mamá y no sabía si iba a poder. Pero él me ayudó un montón, y también está Julia, la chica que nos ayuda en casa, que es lo máximo”, y subraya: “Se me pasó el cuco de que de siete a diez de la noche no iba a estar en casa y no sabía si iba a poder.” Aunque ella primero remarque la paciencia y el afecto de su marido, ambos, aunque en diferentes momentos, tuvieron que apoyarse desde que se casaron. “Hace ya bastante tiempo que Tomás empezó con su propia empresa. Entonces me tocó a mí darle la confianza y el ánimo que necesitaba. Pero se puede decir que los dos hicimos cambios profesionales importantes y nos apoyamos.” Yo, panelista Lo primero que le surge a María cuando recuerda su inicio en la pantalla es una carcajada contagiosa. Es que con el tiempo, los nervios y preocupaciones se vuelven un poco patéticos y entonces, solo queda una sonrisa. “Me acuerdo de que estaba justo en un proyecto con unos empresarios muy importantes, y a la noche ya salía al aire. Ellos me decían al día siguiente: ‘María, ¿puede ser que yo te esté viendo a la noche en un programa de tv?’ Yo decía que sí, pero que era una ‘leve invitación’, solamente por seis participaciones. Uno de aquellos empresarios me insistía en que tenía pasta para eso. Al final tuve que tomar una decisión. Y dije, chau a los negocios inmobiliarios.” María, mamá “Me siento muy responsable por ellos”, asegura y sigue, convencida, segura, repentinamente seria: “Cada cosa la aprenden. Soy muy conciente y estoy atenta y preocupada por eso.”
Los papeles de panelista, escritora, hija, esposa, hermana menor y amiga, de pronto cobran otra importancia, porque existe para esta mujer un personaje fundamental: el de mamá. “Cuando sos mamá, vos te quedás a un lado. Eso forma parte de la maternidad y me encanta”, y continua: “Es una búsqueda: cómo no postergarse y al mismo tiempo estar siempre junto a ellos. Pero mi prioridad y responsabilidad es educarlos: ¡qué bueno cuando una madre deja un ejemplo!” Con respecto al embarazo, tener un tercer hijo era su sueño y el de Tomás. “Dos hijos es muy cómodo, muy fácil. Pero nuestro proyecto había sido siempre tres. Así que nos llegó. Mi lugar en RSM no es principal, así que puedo trabajar embarazada. Me iré en diciembre con panzota. Después veremos cómo seguiré”, explica. Mujer de búsquedas A los veinte años, María Freites no transmitía el aplomo y la confianza de hoy día. Reconoce que era una joven pasional, que leía a Nietzsche, se preocupaba por el existencialismo y escuchaba música clásica mientras escribía. Miles de gustos ocupaban su mente y espíritu, y de esa manera un poco tumultuosa fue eligiendo caminos, cumpliendo sueños y abriendo horizontes. Cuando tenía 25 años viajó sola a la India, con una enorme mochila, un mapa y montones de interrogantes. Esa era una fantasía que María había soñado desde siempre. “A veces le digo a Tomás que me gustaría volver de mochileros con los chicos”, se ríe nuevamente, utópica, soñadora: “Y él me saca volando, pero siento que en algún momento me gustaría regresar.”
Ese mismo proceso de caminar y caminar, buscar, sorprenderse y encontrar finalmente, le sucedió con respecto al arte. Por causalidad conoció las pinturas del joven pintor argentino Claudio Roncoli. Él varias veces la invitó a visitar su taller, pero por un compromiso u otro no pudo ir, hasta que este año al visitar ArteBA, distinguió a Claudio entre le multitud y no perdió oportunidad de comprarle una pintura. “Era un cuadro muy grande, de 2,20 por 1,60 metros. Así que si no le gustaba a Tomás, que estaba de viaje, yo estaba en problemas, pero por suerte le gustó. Los cuadros de su habitación son de Pablo Sahores, que tienen un aire a Milo Lockett”, señala varios bastidores apoyados contra la pared. Con respecto a la lectura, María admite que este último tiempo lee menos. Pero es de poner el alma en la lectura y recuerda que cuando leyó Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini, lloró sin parar. La alimentación y el ejercicio no le quitan el sueño. De contextura naturalmente delgada, María asegura que no le gustan los gimnasios atestados de gente y que por eso preferiría comprarse una cinta y ubicarla en su cuarto. “Como todo lo que quiero, pero me gustan las comidas sanas. Eso es una ventaja. Una ensalada verde, por ejemplo. Aunque, ¡ojo! Voy a Mc Donald’s con mis hijos y como a la par de ellos”, María se sincera sin prejuicios. Nadie podría reprocharle falta de espontaneidad. Aquellas cosas que todavía no experimentó no significan una falta, sino una invitación, algo nuevo para realizar en el futuro. A la hora de verse linda, elige la sencillez y el despojo que tanto la caracterizan. Se viste con la ropa que le gusta y no le importa tanto si está o no a la moda. “Soy muy de mocasines, jeans y blazer. Si quiero estar un poco más arriba, me pongo un short con unas botas bucaneras y me siento una mamá sexy”, reconoce. Cuando debe recomendar un restaurante, no lo duda: Violeta, en la esquina de su casa. Si debe elegir una fragancia, se queda con las frescas y florales, y jamás con una demasiado dulce. ¿Un diseñador? Alguna amiga diseñadora: le gusta el estilo de Bully, Natalie B, Lupe y María Cher. Música… desde Loreena Mckennitt, pasando por The Killers hasta Charly García. ¿Algo que nunca puede faltarle en la cartera? Se ríe fuerte y casi grita: “¡Todo. Me olvido todo!” Variado, variado, María Freytes prefiere elegir el mundo entero y no dejar de disfrutar. Y, ¿un ejemplo…? si la chica de la pantalla tuviera que elegir una enseñanza de vida, ¿qué diría? En seguida nombra a su padre. “Mi viejo es un tipo muy simple, que se conforma con cosas sencillas. Yo salí así”, se confiesa y no teme describir su posición: “Hay cosas que empiezan a no importarte y otras, te empiezan a sostener. Creo que el hecho de tener esta imagen de papá me ayudó mucho, porque la realidad es que la sencillez y el despojo te hacen feliz.” Es mediodía y dentro de un rato, Simona regresará del colegio con tareas y deberes. Borja seguirá con sus pequeños autos y dibujos. María irá al canal y sonreirá frente a la invisible presencia de las cámaras. A la vuelta, la esperarán Tomás y sus hijos, el secreto sostén de su éxito. Make up: Lucía Vaira Fotografia: Jorge Amado group |
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