SOLIDARITY //
Mabel García y Eggy
13/07/2011

Madre sin fronteras

Comenzaba el año 2010, cuando una catástrofe natural devastadora asoló al país más pobre del hemisferio occidental. Haití, convertida en una triste noticia recorría el mundo, y las imágenes escalofriantes, dejaban al descubierto las venas abiertas de la América más vulnerable. En ese contexto doloroso y como una flor en el desierto nacía una historia de amor, más fuerte que cualquier sismo.

 


El terremoto que sacudió Haití el 12 de enero de 2010 se cobró más de doscientas veinte mil vidas, el caos político, la ayuda insuficiente recibida y la desesperación motivaron que más de cuatrocientas mil personas sean evacuadas en campamentos ubicados en las afueras de Puerto Príncipe, capital del país herido, con miles de hogares desgarrados.

Según estimaciones de UNICEF  trescientos ochenta mil niños aún viven sin un techo fijo.

La historia de Karina Klink, y la adopción de su hijo haitiano marcaron el camino que luego recorrería Mabel García. Karina junto a su familia residían en el exterior, lo que impidió la adopción. (En nuestro país la ley de adopción tiene como requisito tener cinco años de residencia en el país). Dada la imposibilidad de cumplir con este punto, iniciaron la consulta de adopción internacional, en Haití.

Los trámites de adopción en nuestro país suelen ser de muy lentos, lo cual a veces  conspira contra el deseo de hallar un hogar para los niños con familias deseosas por recibirlos. Muchas familias terminan dándose por vencidas, enfrentados a un trámite frustrante y doloroso, marcado por la burocracia.

Mabel Garcia, sintió desde siempre el instinto materno. Su carrera como cantante lírica la llevó a difundir su arte por el mundo, y  la intermitencia de su residencia en nuestro país, le impedía adoptar un niño argentino. Mabel lejos de desalentarse convirtió el escollo en puente, y presintió que su hijo tal vez lo estaría esperando en otro punto del globo.

A miles de kilómetros de su país a Mabel la esperaba Egenson, en un orfanato de Puerto Príncipe, bajo el techo, con la comida y la cama que sus padres biológicos no podían brindarle.

En octubre de 2009 Mabel, Eggy y su familia biológica se conocieron, y rápidamente avanzaron con los trámites de la adopción.

Un día antes del trágico terremoto en Haití se firmó la tan ansiada sentencia de adopción, pero Egenson no tenía pasaporte haitiano lo cual impedía su salida de ese país. Una prueba más que el amor de una mujer sorteó sin dificultad. Hoy madre e hijo viven en Singapur donde Mabel trabaja y Eggy concurre al Jardín de infantes.

Aquí los detalles de una historia que merece la pena ser contada por sus protagonistas.

 

¿En qué momento de tu vida decidís ser madre por adopción?

 

Creo que como para muchas otras mujeres, nació como un instinto. Si me preguntas cuando nació mi deseo de ser mamá adoptiva, diría que desde siempre pues a pesar de poder ser mamá biológica, elegí el camino de la adopción ni bien pude anotarme en un juzgado de familia cuando mi edad me lo permitió. Hay demasiadas guerras en el mundo y gente sufriendo como para traer un niño más sin pensar que millones de niños necesitan un hogar y son tan amorosos como cualquier otro.

 

¿Por qué tramitás la adopción en Haití?

 

Como mencioné antes, me anoté en un listado para adoptar en Argentina en el año 1999. La ley de adopción cambió en el año 2000 y por ser soltera y otras cuestiones, quedé rezagada. Parece ser un imposible para los monoparentales (N. de la R.): familia nuclear compuesta por un solo miembro, ya sea hombre o mujer.

Adoptar en Argentina. ¿Por qué esperar a casarse para adoptar un chico si la necesidad del niño es tener un hogar? Así fue que me decidí por adoptar en otro país que no fuera el mío.

 

¿Cómo llegas hasta “Eggy”? ¿Cuánto tiempo demandó el trámite de adopción?

 

Seguí inscribiéndome anualmente en el listado de adoptantes argentinos desde el año 1999 hasta que en el año 2002 tuve que viajar a Kuwait por trabajo. Nunca abandoné la idea de la adopción pero supe que para adoptar en Argentina hay que tener cinco años de residencia y el estar fuera, no me permitía adoptar legalmente un niño en mi país. En Kuwait conocí una mujer americana, soltera, que había adoptado a dos hermosas princesitas en Vietnam y allí se avivó mi llama por la adopción internacional.

Todo era muy confuso al principio porque dado que Argentina no es país firmante del tratado de La Haya, no hay demasiada información sobre adopción internacional. Fue cuando vivía en Dubai, Emiratos Árabes, que contacté a familias adoptantes. Pero no fue hasta julio del 2007 que conocí por una nota periodística a Karina Klink; una mamá argentina que estaba en vías de adoptar un nene de Haití. Llamé a la dirección de la revista y me contactaron con ella quien fue muy amable y me explicó los pasos a seguir. Su página web www.adoptarunangel.org me ayudo muchísimo y le agradezco siempre que me haya enseñado el “camino hacia Haití”.

En julio del 2008, comencé a ir nuevamente a los juzgados en Bs. As. para realizar los exámenes psicológicos sociales de rigor y tener la documentación pertinente que Haití requiere para adoptar allí. Cabe destacar que todo debe realizarse por la vía judicial y si se hace una adopción internacional legalmente, los exámenes psicológicos y psico-sociales no los puede realizar cualquier especialista sino el que el juzgado designe.

 

¿Cuál es la historia de Eggy  y su familia biológica en Haití?

Es una historia como tantas miles: una familia que tuvo varios niños y dio algunos en adopción porque no podía mantenerlos. La “mamá que tuvo en la panza a Eggy” lo dejó en el orfanato cuando el tenía apenas tres meses; Haití es uno de los países más pobres del mundo y la mayoría de las mujeres no saben o no pueden acceder a los anticonceptivos.

¿Cómo fue el primer  encuentro con Eggy?

Fue durante mi primer viaje a Haití en octubre del 2009. Estaba en el hotel donde me hospedaba, había llevado con autorización del orfanato a mi hijito al hotel los días que duró mi visita y una tarde aparecieron a conocerme los papas biológicos de Eggy con un traductor del orfanato. Se estila en Haití, al menos en el orfanato de donde adopté a Egenson (“For His Glory”) que los papas biológicos conozcan a los adoptivos. Me parece bien porque yo estoy segura que fue por decisión de ellos que yo adoptara a mi hijo. Además, los padres biológicos deben firmar su consentimiento tres veces ante el juez, durante tres etapas diferentes de la adopción. Hay una ley que dice que menores de cuatro meses no pueden ser adoptados y también me parece bien porque los padres tienen suficiente tiempo para repensar si quieren dar a su hijo en adopción.

“Gracias” es lo único que tengo para decirle a la madre biológica de mi hijo Egenson.

 

¿Qué recuerdos tenes de tu partida de Haití con Eggy?

Pasaron muchas cosas en el medio. El 23 de octubre del 2009, regresé a Corea del Sur, donde estaba viviendo, y lloraba todos los días extrañándolo. Mi abogada, la Dra. Fabiana Quaini y algunos amigos me sugirieron que llamara por teléfono al orfanato y pidiera hablar con Egenson. Me parecía muy difícil pero lo hice y ¡resulto! Así es que estuvimos un mes y medio hablando al menos una vez por semana hasta que en diciembre volví a viajar a Haití y me reencontré con mi hijito. Estuvimos juntos una semana y lo dejé otra vez muy angustiada. Viajé a Buenos Aires a visitar a mi familia y el 11 de enero del 2010 estaba de regreso en Corea del Sur trabajando; justo 1 día antes que el fatal terremoto de Haití que cobrara tantas víctimas.

Allí comenzó un largo periplo hasta que pude sacar a Egenson de Haití. Tenía firmada la sentencia de adopción pero Eggy no tenía pasaporte haitiano aún y no podía sacarlo de la isla. El ministerio del interior estaba acéfalo y fueron días desesperantes, antes y mientras estuve en Haití. Llegué el 1 de febrero del 2010. Me instalé en un hotel muy precario a 100 metros del orfanato donde no tenía agua y a veces tampoco luz pero al menos tenía una cama para dormir con mi hijo que había estado a la intemperie y en una carpa los últimos 17 días luego del terremoto. Todos los días íbamos al orfanato porque allí el podía jugar con los otros nenes, a veces yo cocinaba algo para todos los chicos y cuidadoras y veíamos como y cuan organizadas estaban las salidas de los chicos hacia otros países donde los papás adoptivos estaban esperando. Los chicos que tenían asignada una familia, salieron en aviones que envió el gobierno de cada país. Los chicos adoptados por argentinos, no salieron hasta que los fuimos a buscar.

El consulado de Corea del Sur estaba dispuesto a ayudarme a llevar a mi hijo a ese país pues yo tenía trabajo y mi residencia allí. Pero lo único que la Embajada Argentina me permitió fue llevar a Egenson a Argentina. De hecho, perdí mi trabajo en Corea del Sur y regresé a trabajar a la Argentina en lo que pude ni siquiera encontré un empleo cerca de mis familiares y tuve que ir a vivir a Balcarce.

 

¿Fue sencillo obtener el DNI argentino para Eggy?

 

Fue otro largo camino. Digo “largo” aunque demoré solo diez meses y es todo un récord. Pero se sintió largo por todas las idas y vueltas. La Dra. Quaini elaboró un escrito que presenté junto con las fotocopias de mis papeles en el juzgado de familia N° 1 de Quilmes presidido por el Dr. Meiszner. No pude presentar originales pues algunos estaban bajo los escombros en Haití. Una amiga personal y abogada también, Susana Zúñiga fue siguiendo mis papeles pues yo vivía en Balcarce; hasta que los jueces  Meiszner, Ferrari y Hollman acordaron reconocer la sentencia de adopción extranjera y otorgarme la sentencia plena aun con las fotocopias presentadas entendiendo el caso tan particular. Las propias palabras del juez Meiszner fueron: “el día que pierda la sensibilidad me tendré que dedicar a otra cosa”. Cuando conocí al juez Meiszner en persona, no pude más que llorar porque gracias a que fue tan humano y comprensivo, mi hijo tiene al fin identidad, tan devaluada para nuestro castigado país.

Con la sentencia plena en mano, me dirigí al Registro Nacional de las personas en La Plata donde nuevamente, me encontré con abogados y empleados muy humanos y comprensivos que no dudaron en estudiar como anotar a mi hijo en un registro de adopción. Luego de dos meses tuve la partida de nacimiento argentina de mi hijo y de allí fui al Ministerio del Interior donde la gente no pudo ser más buena y amable con mi hijo y conmigo.

Mi hijo se llama Egenson Raúl García. Le agregué un segundo nombre en honor a mi tío que nos esta mirando desde alguna estrella.

 

¿Cómo transcurren los días de mamá e hijo?

 

Hermosos, llenos de amor, cada día es una nueva aventura. Egenson es muy afectuoso, activo, me llena de besos todo el tiempo y me dice “mamita, te quiero mucho, nunca te voy a dejar sola”, “mamita soy muy feliz”. Eggy entiende que estamos en Singapur porque mamá necesita un trabajo digno mientras él va al jardín de infantes.

Eggy tiene actualmente 4 años, los cumplió en Argentina al poquito tiempo de llegar de Haití.

Si tengo que definir a mi hijo con una palabra diría que Eggy es un nene ¡feliz! Hablamos mucho siempre. El me dice: “vení mami, sentate al lado mío” y conversamos sobre sus juguetes, sus primos (tengo seis sobrinos hermosos que lo adoran) y me pregunta de todo.

Le gusta mucho jugar, juega todo el tiempo. A veces cree que es un auto y corre.

Adora ir al jardín de infantes, tanto aquí en Singapur donde estamos viviendo como en Balcarce. Allí un compañerito lo bautizó con el nombre de “rememoto”. Para que te des una idea de lo inquieto que era (ahora está más tranquilo) la directora del jardín le regaló un gusano de peluche que él lo tenía consigo todo el tiempo y por eso lo divisaban a lo lejos y sabían donde encontrarlo siempre bajo las mesas, atrás de los muebles o entre los árboles ¡buscando nuevas aventuras!.

Le encanta dibujar y pintar por eso como una excepción dada su temprana edad, concurrió a la Escuela de Educación Estética de Balcarce. También tomó clases de fútbol y rugby que han sido de gran ayuda para adquirir la lengua española y socializar sanamente con otros niños.

Hace algunos días apenas que estamos viviendo en Singapur, pero Egenson ya comenzó con sus clases de teatro y arte-terapia.

 

¿Algo que te haya dejado este camino lleno de vicisitudes?

 

Mucho, tal vez todo lo que se puede aprender a amar y convivir felices sin dejar de pensar y ocuparnos de Haití que aún necesita de todos nosotros. También reafirmé algo en lo que creo fervientemente: ¡Nada es imposible!

 

¿Qué le dirías a alguien, que le teme a la frustración de no poder adoptar?

 

Todo llega ni un minuto antes ni uno después, pero todo llega. Se necesita tiempo, esfuerzo y muchísimo amor. Los caminos de la justicia son siempre justos, pero hay que ayudarlos.

Es muy fácil decir “no se desesperen” y lo cierto es que yo misma pasé momentos inciertos y de  mucha angustia pero la templanza es la mejor aliada. También les diría que no están solas; son muchos los monoparentales que desean adoptar y no sólo mujeres.

 

Estás volcando en un libro tu hermosa experiencia ¿Cuándo tenes previsto publicarlo? 

 

¡Cuando tenga tiempo para terminarlo! Estará lleno de agradecimientos empezando por mis padres que sin ellos nunca hubiese llegado a donde estoy.

 

Para recuadro de nota

Para más información:

www.forhisgloryoutreach.org

 

www.adoptarunangel.org

 

Por adopción internacional en Argentina:

www.estudioquaini.com.ar

 

 

 




Mustique 28