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Luisa Miguens
05/12/2011

PASIÓN Y GLORIA. UN SIGLO DE POLO ARGENTINO

A lo largo de 288 páginas, el libro “Pasión y gloria. Un siglo de polo argentino”,  escrito por Luisa Miguens- arquitecta de profesión, fanática del polo por elección- recopila imágenes y anécdotas de un siglo de historia del polo argentino.

Una mirada incisiva, de una experta y apasionada sobre este deporte de elite, del que la Argentina tiene grandes exponentes. Luisa vivió todo el esplendor del polo, dentro y fuera de las canchas, en la Argentina y el exterior. La historia de este pintoresco deporte se ve rescatada a través de imágenes de archivos y de álbumes familiares que la propia autora recopiló durante años. 

Entre estas imágenes se entrelazan las anécdotas e historias de toda la gente del polo: los jugadores, petiseros, las familias y los viajes que son el vivo testimonio de un estilo de vida que se fue perdiendo en este largo viaje a través del tiempo.


El libro está dividido en cuatro etapas: "El polo gringo (1875-1920)"; "En el mapa del polo mundial (1920-1940)"; "Tardes de gloria en Palermo (1940-1960)" y "En la cima (1960-1980)".

Esta joya de colección rinde homenaje a todos los hombres que jugaron este deporte y lo llevaron al privilegiado lugar en donde se encuentra. 


Luisa lleva el polo en la sangre: nació en Buenos Aires, Argentina, hija de un jugador de polo.  Luego se casó con el reconocido y bien recordado polista Gonzalo Tanoira -quién fue uno de los diez de handicap más significativos de los años setenta y los ochenta-. Junto a él vivió las épocas doradas del polo y lo acompañó en sus viajes por el mundo. Hoy, los hijos del matrimonio Tanoira Miguens, siguen con la tradición. Sus tres hijos y sus dos yernos son polistas. Ella misma fue aficionada al polo de campo. En vida de su marido, entonces presidente de la Asociación Argentina de Polo, y a pedido suyo, inició la búsqueda de fotos y textos para compaginar la historia de este apasionante deporte en la Argentina.


En el comienzo del libro al referirse al polo dijo: "Aprendí a amar este deporte desde muy chica, junto a mi padre, Carlos Miguens, y después junto a Gonzalo Tanoira, mi marido. Dos apasionados."

Este es el primer libro de Luisa Miguens, el cual rinde homenaje a la memoria de su marido.

¿Cuándo comenzó tu pasión por el polo? ¿ Cómo surgió la idea de hacer un libro?   
Desde que nací: el libro tiene una foto mía a los tres años agarrando un taco de mi padre. Siempre viví junto al polo. La idea de hacer el libro fue de Gonzalo, quien me lo pidió cuando estaba al frente la Asociación, pero nunca lo llegó a ver.


 
¿Qué diferencias fuera de la cancha encontrás en el polo de antes con respecto al actual?   
Hay muchos polos. Palermo en temporada, polo de campo de la gente común, polo de estancias, polo profesional en el exterior, todos estos polos tienen respuestas distintas. Te voy a contestar el polo de Palermo en temporada: el afuera de la cancha es el mismo, familias, gente fanática desde siempre, polistas rivales, público colorido, glamoroso e internacional.
Obviamente cambió la moda, los autos, la ropa de los petiseros, pero el "Spirit" es el mismo. Hay una invasión mediática, como la de los sponsors, que antes no había, pero la gente es igual.



 ¿Qué diferencias encontrás en el polo dentro de la cancha?
Por empezar la cría del caballo de polo cambió mucho entre los años 60 al 80 y hasta ahora. Se hizo mucho más especializada la raza del caballo de polo argentino, se empezó con el tema de embriones para hacer una raza perfecta, con las mejores cualidades de los grandes jugadores de la historia, machos y hembras.
También el entrenamiento es diferente, así como  los tratamientos que usan los veterinarios en la actualidad. El caballo es mucho más veloz y ágil pero también "dura" menos tiempo dentro de la cancha. Ahora los jugadores cambian dos o tres veces de caballo en el chukker y antes el caballo duraba los siete minutos en perfecto estado. Los jugadores del Abierto de Palermo ahora son profesionales, taquean y entrenan todos los días. No hacen otra cosa y eso ha pulido mucho su juego y su performance.
En cuando a una final en Palermo de hoy comparada con una final de Palermo entre Suarez y Santa Ana, en los años 60, creo que la de hoy sería más cortada por los árbitros, más "enredada" como se dice en la jerga del polo, y con más juego individual de los grandes cracks de la actualidad.

Los antiguos tenían un juego largo y ordenado, menos fouls, muchos más pases largos entre ellos. Personalmente, me gustaba mucho más el polo de antes. Pienso que - en un partido hipotético  entre los jugadores de ahora contra los de antes - ganarían los de ahora, por su juego y por sus caballos.

En el polo de campo o no profesional, la cosa no ha cambiado tanto. Se juega entre amigos, se divierten  y el polo es parecido.

¿Qué cosas cambiaron que te gustaría haber conservado dentro del mundo del polo  fuera de la cancha?   
En Palermo no cambiaría nada. El público ha sufrido los mismos cambios del siglo: antes nos vestíamos bien para ir a  la cancha de Palermo y ahora es un desastre, pero es igual que en todos lados, contra eso no se puede. En las tribunas principales visten bien, look casual y la gente se comporta bien. En las tribunas populares vienen de short y musculosa, gorrita ¿qué te puedo decir? No se puede ir contra la marea...
Se comportan igual que antes: vienen en familia, gente lindísima, muy fanáticos, tienen ídolos como siempre hubo, es un público bastante educado que sabe de polo, no son neófitos o "publico social" (que no mira y no entiende de polo, como sucede en otros países). Acá el público sabe. Hinchadas molestas siempre hubo y seguirá habiendo. Pensándolo bien, cuando me dicen ustedes "el mundo fuera de la cancha" pienso en el público, pero quizás ustedes pensaban en los "jugadores fuera de la cancha". Ahí sí hemos tenido grandes cambios.



¿Cómo cambió el mundo de los jugadores fuera de la cancha?
Sigo hablando del abierto de Palermo. Acá los grandes equipos  fuera de la cancha no son muy amigos, si bien hay algunas amistades personales. Muchos equipos no van a las tribunas a festejar o a hacerse ver, simplemente se retiran. Jamás festejan un abierto los ganadores junto a  los perdedores como sucedía en mi época, en que no salir a festejar con los contrarios estaba mal visto. Durante las entregas de premios,  recuerdo la costumbre del perdedor de levantar la copa por el ganador, y gritar con el puño en alto "¡¡¡hip, hip, ra !!!". Esto era un saludo casi heroico después de perder, pero que demostraba gran caballerosidad. No había sponsors, ni logos, ni gorras, ni señoritas, era un juego de caballeros,  sin dinero de por medio. Ahora todo es  marketing, si bien, la pasión y la excelencia del juego no se han perdido.

¿Qué considerás que aporta el mundo del polo al público?  

A todos sin duda, aporta una pasión. Empieza la temporada y todos pasan a tener fines de semana fascinantes, con expectativas, encuentros con amigos, extranjeros, más salidas, más fiestas. Le pasan cosas al jugador… le aporta dinero si es profesional, es su trabajo, está defendiendo su trabajo de todo el año. ¿Su familia?...el jugador está atrapado por la temporada, tiene menos tiempo para su gente, tiene más estrés, está más irritable pero al mismo tiempo más feliz y la familia siempre lo apoya, lo sigue y lo contiene porque para ella, también el polo en temporada es un “programón”. Para el público en general también es una pasión, noviembre en Palermo es un gran mes.



¿Qué diferencias tiene con respecto a otros deportes?   
Bueno es obvio que es muy distinto. Por empezar más peligroso, más caro, más complicado en su organización (no es lo mismo una bolsa de palos en el baúl del auto que un camión con ocho caballos y tres petiseros de aquí para allá).
También en mi libro cuento que es un deporte de familia, ya que todos siguen al jugador a la cancha, hacen picnic en el auto al costado de la cancha, los chicos corren con taquitos, las mujeres conversan, es como una caravana de gitanos siempre en la movida familiar. El polista va a entrenar siempre solo, pero a los partidos va con toda su gente.

¿Cuál es tu relación con los caballos?   
He sido jugadora de joven y todavía suelo taquear con mis nietos con un par de yeguas fáciles que tengo. Jamás me dio miedo.   
Actualmente mis hijos tienen una gran cría de caballos de polo, conocida en nuestro país y en el exterior. Nos lleva mucho tiempo la genética, los remates anuales y la gestión. Son algo muy importante en nuestra vida y recordamos mucho a Gonzalo a través de esto, ya que sus yeguas y padrillos siguen en el candelero y en boca de todos. Varios han sigo campeones en la Rural de Palermo.

¿Cuáles son tus mejores recuerdos de acompañar a Gonzalo por el mundo?
Recuerdo la amistad que existía en esa época entre los jugadores profesionales que salían a las  temporadas en el exterior. Éramos todos rivales en la cancha pero amigos en la vida. Conocí países lejanos y no solo el país sino su gente a través de la misma familia común que es el polo. En esa época se vivieron los últimos años de glamour en Europa, de grandes fiestas. Aproveché cada instante de estos viajes para conocer todo.



¿Qué celebridades internacionales llegaste a conocer por medio del mundo del polo?   
Conocí en Inglaterra a la Reina, al Príncipe  Felipe y al Príncipe Carlos. A Lord Mountbatten, a quien siempre admiré, el último Virrey de la India y Almirante de la flota inglesa durante la guerra. Fue un gran jugador y muy fanático. A varios Marajás como el de Jaipur, Jodhpur y Udaipur. Al rey de España y la reina Sofía cuando eran príncipes de Asturias, el Emperador Hirohito de Japón, Constantino de Grecia (ya exiliado), Grace Kelly y Carolina de Mónaco, María Gabriela de Saboya, hija del rey de Italia, Porfirio Rubirosa cuando jugaba con mi padre en París, a los Rothschild también en esa época, Omar Sharif en Deauville. Llegué a jugar polo en Pilar con Stephanie Powers, una actriz de los años 70. Ella me presentó a Plácido Domingo en Londres, en su camarín de teatro en el West End. Ya recordaré otros, pero estos me vinieron de golpe a la mente....

¿Quién considerás ha sido o es el mejor polista del mundo?   
Obviamente tiene que ser argentino (ríe). Mi marido solía decir que el gran jugador es aquel que juega muy bien para sí, pero más grande es aquel que juega para su equipo, que pone en marcha el equipo. Siempre dijo que Juan Carlitos Harriot fue el mejor de la historia y pienso lo mismo (quizás los de ahora tienen un taqueo superior, caballos superiores, más velocidad, pero nadie jugó para su equipo tanto como lo hizo Juan Carlitos).



¿A quién considerás una leyenda del polo?   
A Luis Lacey, un jugador de los años 20. Nació en Canadá, pero se crió como hijo del encargado de polo del Club Hurlingham y llegó a 10 de hándicap en la Argentina. Fue un señor en todo el sentido de la palabra, un caballero, un ídolo de multitudes. Fue tan señor que, cuando tuvo que ir a las Olimpíadas a jugar para Inglaterra, aceptó pero con la condición de no jugar en los partidos contra la Argentina, contra su camiseta. Su historia está en mi libro, es el héroe del capítulo dos "en el mapa del polo mundial".
Luis Lacey puso a la Argentina en el mapa del polo mundial. La gira del año 1922 duró ocho meses y ganaron en todos los lugares adonde fueron. Su historia me fascina, a pesar de que su taqueo, estilo y fuerza no serían nada frente a los estándares de hoy. Su caballo "Júpiter", vendido en los Estados Unidos en los años 20 sigue siendo un récord hasta el día de hoy.

¿Cuánto tiempo tardaste y cómo hiciste para recopilar tanto material relacionado al polo?
Durante dos años visité todas las familias del polo mirando sus álbumes y digitalizando sus fotos. Después abandoné todo por tres años y, cuando tuve ánimo me largué de vuelta y  en cinco meses hice el libro.   

¿Qué consejos le darías a alguien que está comenzando a jugar al polo?
Que empiece lo más chico posible, que entre en un club con amigos de su edad, que vaya taqueando y jugando con ellos, que se divierta y goce con este gran deporte. Obviamente, le desearía que logre montarse decentemente, porque sin buenos caballos no se va a ningún lado.




Mustique 28