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La beatificacion de Juan Pablo II
16/09/2011

Camino al cielo

Durante su vida, llevó el mensaje de la Iglesia a cada rincón del Planeta. Se reunió con mandatarios y líderes religiosos. Seis años después de su muerte, Juan Pablo II fue beatificado en Roma por su sucesor, Benedicto XVI. En esta nota, vida y obra de un hombre Santo.



Seis años después de su muerte, Juan Pablo II fue beatificado en una ceremonia encabezada por Su Santidad Benedicto XVI. Aquel 1° de mayo de 2011, más de un millón de personas llegaron desde diferentes sitios del mundo y a partir de las 5 AM coparon la Plaza de San Pedro y la Via Della Conciliazione. El clima fue de fiesta. Muchos de los recién llegados eran polacos, para quienes Juan Pablo II, además de haber sido Sumo Pontífice, fue un compatriota que siempre bregó por las libertades de su pueblo. Cuando el Cardenal Vicario de Roma, Agostino Vallini, leía una breve biografía de Karol Wojtyla, los fieles aplaudían, reían, lloraban, rezaban o simplemente escuchaban en silencio.

Durante la homilía, Benedicto XVI se emocionó hasta las lágrimas cuando recordó las palabras de su predecesor: “‘¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!’, aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios", aseguró el Papa. Además, Ratzinger decretó que el 22 de octubre será el día oficial de la fiesta de Juan Pablo II. 

Justo cuando salía el sol y después de la ceremonia de Beatificación, 800 sacerdotes dieron la comunión a los fieles. La multitud agitaba las banderas sobre sus cabezas mientras Benedicto XVI impartía la bendición final. A partir de las 7 AM se abrieron las enormes puertas de la Basílica de San Pedro, donde los visitantes pudieron rezar frente al féretro y las reliquias del difunto Papa.

 

Un papa contra el miedo  

Cuando el 16 de octubre de 1978, después de que apareciera por las chimeneas vaticanas la famosa voluta blanca y se anunciara el “Habemus Papam”,  Juan Pablo II salió al balcón. Una sonrisa amplia se dibujaba en aquel rostro anguloso. La multitud lo ovacionó al instante. Muchos no lo conocían. Karol Wojtyla no era uno de los Cardenales más nombrados los días previos. “No sé si podré explicarme bien en vuestra... nuestra lengua italiana; si me equivoco, me corregiréis”, lanzó, sonriendo, y aquella simpática frase fue la llave para ganarse a sus fieles. “Así me presento a todos vosotros, para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza y nuestra confianza en la Madre de Cristo y de la Iglesia; y también para comenzar de nuevo el camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres”, reiteró. Pero la frase más significativa de aquel primer discurso, aquella que por su sencillez y sinceridad resonó en cada rincón del mundo fue la exclamación “¡No tengáis miedo!”, que se convertiría en un lema de su pontificado.

Juan Pablo II era el primer papa polaco, el más joven del siglo XX, el primer Pontífice no italiano desde la elección de Adriano VI, en1522.

 

En manos de Dios 

Karol Józef Wojtyla nació, el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, Polonia. Era hijo de Karol y Emilia. Cuando tenía tan solo nueve años de edad, falleció su madre, y tres años después, su hermano mayor Edmund. En aquel momento, Karol se aferró a su padre. Este era católico practicante y su hijo lo consideraba un gran ejemplo. Pero el padre del futuro Primado de Roma falleció cuando Karol tenía 21 años.

Su afición por el deporte, la poesía y la actuación, ayudaron a templar su espíritu. Entre los años 1940 y 1944 durante la ocupación nazi en Polonia, trabajó como obrero en Solvay, y fue en ese período donde nació su deseo de ser sacerdote, y así fue como en el año 1942, y en forma casi clandestina, comenzó a estudiar teología en el seminario de Cracovia.

El primer día de noviembre de 1946 fue ordenado como sacerdote y al día siguiente celebró su primera misa en la cripta de San Leonardo de la catedral de Wawel, luego de ser enviado a Roma para completar su formación teológica. Regresó a Cracovia en el año 1948, para comenzar su tarea pastoral como vicario parroquial, y también ejerció la docencia en la facultad de teología de la Universidad Jagheónica, en el seminario diocesano de Cracovia y en la Universidad Católica de Lublin.

El arzobispo Baziak lo ordenó como obispo auxiliar de Cracovia a sus treinta y ocho años de edad. Karol sucedería a Baziak como arzobispo en el 1964. El 26 de junio de 1967 fue ungido cardenal por el Papa Pablo VI. Su absoluto  y desinteresado compromiso con el hombre y las problemáticas sociales, lo proyectaron rápidamente como un ser carismático, amado por toda la grey católica.

Su diálogo permanente con los más necesitados y su atención por el prójimo lo transformaron en un pastor admirado y respetado por todos. También prestó especial atención a las mujeres, los niños y los ancianos, y asumió un fuerte compromiso de protección hacia ellos. El 16 de octubre de 1978 fue ordenado obispo de Roma y Romano Pontífice.

 

Su legado en el mundo

Sus numerosos viajes apostólicos, para confirmar en la fe a sus seguidores, hicieron de Juan Pablo II un pontífice itinerante, que no reparó en su por momentos menguada salud, para llevar la palabra de Dios a cada rincón del mundo. Juan Pablo creía que solo la fe salvaría al hombre, y por ella luchó. “El amor es más fuerte que la muerte”, repetía y rechazaba la que llamó “la cultura de la muerte”. Con esta expresión, el Papa polaco se refería a las guerras, las muertes, la deshumanización del hombre, el capitalismo sin valores, el comunismo y el narcotráfico.

Las jornadas mundiales de la juventud fueron motivo de júbilo para el Papa Wojtyla. Tenía particular afecto por los jóvenes en quienes veía la reserva de fe del cristianismo, y un terreno fértil donde sembrar el amor desinteresado hacia el prójimo. Él mismo aparentaba menos edad de la que tenía. Era enérgico, ágil, simpático e incluso chistoso.

Juan Pablo II realizó más de cien viajes por todo el mundo.

El mundo, sin distinción de credos, se estremeció el 13 de mayo de 1981, cuando el Papa Juan Pablo II, sufrió el ataque de Ali Agca, un ciudadano turco que disparó contra el sumo pontífice cuando se desplazaba por la plaza San Pedro dentro del “papamóvil”, el vehículo abierto que comúnmente utilizan los papas . En la filmación puede verse con claridad una pistola que asoma sobre la multitud y dispara. El Papa cayó inmediatamente, herido en el brazo y en el abdomen. La multitud se desesperó, mientras el conductor aceleraba y los guardaespaldas se desplegaban.

Luego de recuperarse, en diciembre de 1983 el papa visitó a su agresor en la prisión. Entonces conversó con Ali Agca y lo confesó. Repuesto de su convalecencia, el papa reinició su tarea misionera y llevo la voz del evangelio allí donde los corazones esperaban su mensaje de amor y paz.

Su periplo de fe también incluyó a la argentina. El 11 de junio de 1982 Juan Pablo II arribó a la Argentina, donde fue recibido por una multitud. "Vengo impulsado por el amor de Cristo", dijo al arribar al aeropuerto de Ezeiza.

El Sumo Pontífice fue recibido en la Catedral Metropolitana y presidió una misa en la Basílica de Luján ante miles de fieles, donde bendijo la imagen de la Virgen y pidió la pacificación de los espíritus y la comprensión de los pueblos.

Seis años después, repitió su visita. El 6 de abril de 1987, Juan Pablo II llegaba en una visita de una semana por segunda vez a la Argentina, tras permanecer siete días en Chile. El Papa había sido invitado por los episcopados de ambos países en agradecimiento por la mediación de Vaticano en el conflicto por el canal de Beagle.

Su tarea de Pastor universal también se manifestó en la convocatoria de numerosas asambleas del Sínodo de los Obispos, en la promulgación de los Códigos de Derecho Canónico Latino y de las Iglesias Orientales y del Catecismo de la Iglesia Católica, y en la publicación de Cartas Encíclicas y Exhortaciones apostólicas. Para incentivar en el Pueblo de Dios momentos de vida espiritual más intensa, convocó al Jubileo extraordinario de la Redención, el Año Mariano, el Año de la Eucaristía y el Gran Jubileo del Año 2000.

Su salud frágil se agravó con la llegada del mal de parkinson, que lo obligó a suspender los viajes y luego de una recaída debió ser internado. Aquellos últimos meses, el Papa dio un valiosísimo ejemplo a todas aquellas personas enfermas, que padecían dolores. Como Vicario de Crsito en la tierra, cargó con su cruz, se fortaleció en la oración y siguió. En el tradicional rezo del Ángelus a menudo apenas podía pronunciar las oraciones latinas, y sin embargo su lucidez en la conducción de la Iglesia nunca menguó. Concluyó su larga y fecunda jornada terrena en el Palacio Apostólico del Vaticano, el sábado 2 de abril del año 2005, víspera del Domingo in Albis, dedicada por él a la Divina Misericordia. Horas antes, miles de personas aguardaban en la Plaza San Pedro. Era una noche triste y fría. Una de las luces altas del Palacio, donde agonizaba Juan Pablo, permanecía encendida. Los fieles encendían velas; una a una, sujetaban las cuentas del rosario. Pedían a la Santísima Virgen María por la salud del hombre que los había guiado hasta ese día: el Vicario de Cristo, la Piedra sobre la que el mismo hijo de Dios edificó su Iglesia.    

Los funerales fueron celebrados en la plaza San Pedro el 8 de abril de 2005. Once días después, el conclave de cardenales eligió al Papa número 265: Joseph Ratzinger, teólogo alemán de 78 años, el papa Benedicto XVI, que había sido un tenaz colaborador y amigo del difunto Pontífice.

El 13 de mayo de 2005, Benedicto XVI anunciaba en la Basílica de San Juan de Letrán el inicio del proceso de beatificación de Juan Pablo II, que comenzó en junio de 2005, dos meses después del fallecimiento del Pontífice, gracias a la dispensa concedida por Benedicto XVI para que este proceso de investigación y presentación de pruebas no tuviese la  necesidad de esperar a los cinco años de rigor que deben transcurrir entre el fallecimiento de una persona y el comienzo de su causa.

Esta dispensa ya había sido concedida también por Juan Pablo II para beatificar a la Madre Teresa de Calcuta, cuya causa comenzó menos de dos meses después de su fallecimiento. Finalmente, la Madre Teresa fue beatificada seis años después, en octubre de 2003.

El sacerdote polaco Slawomir Oder fue elegido por Benedicto XVI como postulador de la causa de beatificación de Juan Pablo II y se inició por la curación de una religiosa francesa. Este fue el milagro que decidiría si el llamado 'Papa viajero' sería elevado a los altares. Se trata de la curación de la monja francesa Marie Simon Pierre, que sufría desde 2001 el mal de párkinson, la misma afección que sufrió Juan Pablo II en sus últimos años. La religiosa superó, dos meses después de la muerte del Papa en abril de 2005, todos los síntomas del párkinson de forma "inexplicable" según las autoridades médicas de la comisión de beatificación.

La monja había tenido que dejar de trabajar en la maternidad de un hospital de Arles debido a la enfermedad, que desapareció en junio de 2005, después de que la hermanas con las que convivía le rezaron a Juan Pablo II, recién fallecido, para que la ayudara.

A partir de entonces, Juan Pablo II fue nombrado 'Venerable'; sus virtudes heroicas fueron reconocidas el 19 de diciembre del año 2009.

¿Un hombre incansable, un viajero, un Papa que llevó el mensaje de Cristo a cada rincón de la tierra? Existen muchas formas de recordar a un hombre como Juan Pablo II. La mejor manera quizás sea repasar su devoción hacia la Virgen María, la madre de Cristo y de su Iglesia, a quien encomendaba su espíritu y fortaleza. De cualquier modo, siempre surgirá en nuestra memoria la figura alta de un hombre vestido de blanco; un hombre que aún en la enfermedad y la vejez nunca dejó de sonreír. En medio de duros escenarios internacionales, supo llevar la serenidad de un líder. “No tengáis miedo”, repetía el sucesor de Pedro, y sus palabras aún resuenan en un mundo que necesita una certeza para vivir.






Mustique 28