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Historias de Porsche
27/09/2011

Historias de Porsche. Parte III

Por: Estanislao Iacona

Un 911 vuela en tierra Argentina

Desde el año 1957 se organizó en Argentina con singular éxito el Gran Premio Internacional de Turismo, que para automóviles de serie organizaba el Automóvil Club Argentino. El nivel de la prueba fue creciendo en cada edicion, y así, equipos oficiales y semi oficiales llegados desde Europa fueron haciendo su aparición en escena.

 


Volvo logró la victoria con Gunnar Anderson en 1960 (544PV), Mercedes-Benz lo hizo en las tres ediciones siguientes; en 1961 gano con el alemán Walter Schock (220 SEB); en 1962 con la sueca Ewy Rosqvist (220 SE) y en 1963 con Eugene Böhringer (300 SE). A su vez, Alfa Romeo estuvo representada por el equipo de la firma Vianini Argentina S.A., importador oficial de la marca, cuya victoria se negó en reiteradas oportunidades, pero que dio batalla desde 1960 hasta 1965 inclusive, estando al tope de las clasificaciones.

 

Lancia fue otra firma italiana que envió autos a participar de la carrera, con pilotos oficiales e invitados locales, pero sin lograr destacarse como lo harían años mas tarde con el modelo 037, la S4 y finalmente la Delta en sus distintas versiones.

El interés de la prueba estaba dado por la cantidad de inscriptos, cifras siempre superiores a los 400 autos, y la extensión y dificultad que presentaba el evento, ya que surcaba todo tipo de terrenos a lo largo y ancho del país, por espacio de 15 días. Argentina se pegaba a la radio para saber “cómo iba el Gran Premio”. En 1967 se realizó la XI edición, denominada Gran Premio Internacional de Turismo Nafta Súper YPF.

El Automóvil Club Argentino comenzó con la recepción de inscripciones desde muy temprano, pero cuando la nomina de inscriptos estaba por cerrarse, la entidad recibió un telegrama del Automóvil Club de Polonia, que inscribía al campeón europeo de rally Sobieslaw Zasada.

 

El polaco, gran profesional y hábil piloto, conduciría un Porsche 911 S color rojo, que llevaría el número 405 en sus flancos.

 

El 911 era la sucesión del Porsche 356, y para la fecha en que el auto de Zasada pisaba tierra Argentina, solo 3 unidades similares existían en nuestro país.

 

La prueba se largaría el día 7 de octubre a las 7 de la mañana desde Pergamino, en la provincia de Buenos Aires, y el polaco trasladaba la atención que había generado el debut de los Torino 380 y los Fiat 1500 coupé a su enigmático Porsche.

 

Zasada y el ingeniero Dobrzanski, su copiloto, contaban con moderno equipamiento en el Porsche, incluyendo por primera vez en una prueba en Argentina intercomunicadores entre los pilotos.

 

Rojo y con patente de Cracovia – 25 – 15 – KR -, el auto alemán se presentaba como una incógnita para el publico y prensa Argentina.

 

La primer etapa de la carrera se disputaría entre Pergamino y Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba. Zasada y su 911 largaron muy atrás, pero llegaron a 17 segundos de quien arribó primero en la ruta, Carlos Alberto Reutemann y su Fiat 1500 coupé.

 

La etapa, con tiempo desapacible, frio y lluvia, fue ganada por el polaco, tanto en su clase (C) como en la general, a un promedio de 159,720 Km/h. La prensa destacó el estilo de conducción, la solvencia y tranquilidad con que circulo Zasada en los tramos más difíciles de la etapa, habiendo superado más de 300 autos desde la bajada de bandera en Pergamino.

 

La segunda etapa de la carrera se corría entre Villa Carlos Paz en la provincia de Córdoba, y la provincia de San Juan. El tramo clave era la Pampa de Achala, cuyos caminos de tierra y ripio estaban sembrados de piedras, algunas del tamaño de una pelota de futbol. El polaco y su Porsche 911 surcaron los caminos a paso firme, bajando todos los promedios de la etapa, y dejando a todos con la boca abierta por el tiempo empleado El Porsche, cuya confiabilidad se había puesto en duda por gran parte de la afición, en cuanto a suspensiones y despeje del piso, superaba la gesta y seguía al tope de la clasificación general y de su categoría, a 133.708 Km/h.

 

La tercera etapa seria la única que pondría en jaque a Zasada y el pequeño Porsche. Disputada entre la provincia de San Juan y la ciudad de Miraflores, en Catamarca, tenia diversos tramos muy complicados en lo que hace al terreno. Ripio, tierra floja, arena, badenes, piedras. El polaco sufrió primero desperfectos en la suspensión trasera derecha, en un violento golpe tras un vuelo. Esto detuvo por largos minutos a la tripulación, quien pudo reparar el desperfecto pero cediendo la punta de la carrera. En la persecución de sus rivales, Zasada quedó sin embrague; el Porsche terminaba la etapa agonizando. Aun así, quedaba segundo en la clasificación general, detrás de Eduardo Rodríguez Canedo (Torino 380), manteniendo el liderazgo en la categoría C. Dos extenuantes horas de trabajo del equipo dejaron al auto de Stuttgart como nuevo.

La cuarta etapa se corrió entre la provincia de Catamarca y la provincia de Córdoba. La prensa una vez más destaco la conducción de Zasada; alto promedio en toda la etapa; manejo muy pulido y sin sobresaltos. El polaco superó por amplio margen a sus rivales de la categoría C, y descontó casi el total que le llevaba Eduardo Rodríguez Canedo en la clasificación general.

 

La última etapa de la carrera se disputaría entre Córdoba y Junín, en la provincia de Buenos Aires. El tramo, de unos 600 kilómetros de caminos asfaltados y sin mayores complicaciones era ideal para el Porsche. El polaco, a gran ritmo, hizo la diferencia que sería definitiva, logrando la victoria en la clasificación general y la categoría C.

Los antecedentes que Zasada tenía y los galardones que cultivo en los años sucesivos de su campaña deportiva, demostraron el por qué de sus tiempos, su adaptabilidad a un medio tan distinto y lejano, y a la vez tan riguroso como lo era el Gran Premio.

Y de la maquina podemos decir lo mismo; el Porsche 911 desde su nacimiento fue un auto exitoso y muy confiable. Evidentemente a estas cualidades mecánicas se agregaba la experiencia de Zasada y del equipo del Automóvil Club de Polonia.

Ganaron porque hicieron todo lo que había que hacer para llegar a la victoria, y todo lo que hicieron, lo hicieron bien.

Aquella hazaña de 1967 fue una cátedra polaco – alemana de manejo y confiabilidad en tierras Argentinas.




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