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Carnaval de Rio
23/09/2011

O MAIS GRANDE…

Por Jimena Leiguarda

Brasil vibró una vez más, se sintió en las calles y en la energía de cada uno de los cariocas. Un ambiente festivo invadió el espíritu de este país, de esta ciudad maravillosa, Río de Janeiro. Las coloridas decoraciones anunciaron la llegada de la gran fiesta, la más popular…la más esperada.

 


Llegó el día. El Carnaval entró en ebullición y Brasil se transformó en un universo de música, danza y color.  Una fiesta desenfrenada, con una mezcla de emociones y fantasía que reunió a miles espectadores en aquel escenario asombroso.

Fue el día Martes el que presencié aquella fiesta. Gracias a mis cuñados Fabiano y Florencia que viven allá, tuve la oportunidad de acceder a una de las mejores ubicaciones. Sabía que iba a vivir la experiencia de un gran show al estilo carioca, pero nunca me imaginé tanta alegría expresada al mismo tiempo. La música de la primer escuela comenzó a sonar junto con el característico “grito de guerra” presentando el inicio del desfile. El público comenzó a vibrar, mis ojos no podían alcanzar a ver todo lo que el espectáculo me estaba brindando, tenía la sensación de estar dentro de una película de fantasías. Infinidad de colores invadieron el escenario, la música en vivo se apoderaba de cada uno de los espectadores, las expresiones de los integrantes de la escuela de danza contagiaba la sonrisa inevitable y permanente. ¡Tanto entusiasmo no podía ser real!.

Enormes carrozas adornadas, y sus reinas bailando con plumas y poca ropa se lucían frente al público que miraba desde las gradas, los palcos especiales llamados “Camarotes”, y ubicaciones preferenciales. Frente a la mía, se encontraba el jurado, por lo tanto tenía el privilegio de ver las caras de los que puntuaban y el esfuerzo de las escuelas al llegar a esa ubicación por lucirse aún más.

Música  y sensualidad. Uno podía cerrar los ojos y vibrar de la misma manera, porque la energía que había en ese lugar nunca la viví. Miles y miles de personas con un mismo objetivo, el de sonreír, bailar, y disfrutar. Algo increíble y difícil de expresar en palabras, porque simplemente se siente, se vive. Una atmósfera desenfrenada invadía el “El Sambódromo da Marquês de Sapucaí”  y las calles de su alrededor.

Las escuelas de samba trabajaron a todo tren para culminar con las fantasías que lucieron en los desfiles. El incendio que hace unas semanas se llevó carrozas y 8.000 disfraces no fue suficiente para que la tradición del pueblo continuara su rumbo con el mismo entusiasmo y espectacularidad. Aquellas escuelas desfilaron sin competir y lo hicieron como si nada hubiera sucedido…brillando.

 

Más allá de los horarios convenidos, el Carnaval de Río de Janeiro es una fiesta que no tiene tiempo. Durante una semana, en Brasil no se hizo otra cosa que reír, bailar y disfrutar. El culto al cuerpo con curvas, erotismo, belleza, pasión, sensualidad y sobre todas las cosas alegría y esperanza se hicieron presentes como todos los años en esta “Cidade Maravilhosa”.

 

Pero no solo el Sambódromo fue el escenario, sino cada una de las calles de la ciudad, en donde se pudieron admirar a voluptuosas mujeres con diminutas vestimentas moviendo sus cuerpos al ritmo de la samba, a jóvenes con sus cervezas festejando como si fuera el último día de sus vidas…como si algo increíble estuviese por ocurrir…como si fuera la celebración más emocionante que jamás hayan vivido. Una energía envidiable era lo que caracterizó a cada uno de los cariocas.

 

Un país con esperanza y considerado el cuarto país más influyente del mundo, preparado para soñar los mejores momento de su historia, con un mundial y olimpíadas por delante, los dos eventos más importantes del mundo. Este sentimiento se trasladó a la semana en donde las escuelas de samba recorren uno de los mayores espacios al aire libro de Río de Janeiro, planificado por el arquitecto Oscar Niemeyer, e inaugurado en 1984.

Este año la celebración atrajo a más de 750.000 visitantes, entre turistas nacionales y extranjeros, y la ocupación de los hoteles fue de 100%, esperando que los ingresos superaran unos 559 millones de dólares, según el departamento de turismo local.
Las escuelas se prepararon durante un año, cada una contó con miles de personas dispuestas a sambar durante una hora y veinte minutos sin parar, mientras el público los acompañó con euforia al compás de la música. El rollizo Rey Momo personifica al Carnaval, una fiesta en que todos participan y todos se olvidan de sus actividades cotidianas por unos días.

 

Participaron 450 bandas musicales callejeras y grupos de samba, además de que hubieron otras fiestas en las calles. Las bandas desfilaron por todas las zonas de la ciudad e interpretaron sus canciones seguidas de miles y miles de personas que bailaron y bebieron animadamente.

Todas y cada una de las escuela se lucieron y brindaron un show impresionante. Pero una se llevó el gran premio y fue “Bella Flor”, la última en desfilar. Al día siguiente de participar, cada uno de los participantes se prepara nuevamente para el próximo año, orgullosos de pertenecer a la Fiesta más importante del Mundo. Con la ayuda del gobierno pueden pagar gran parte de las fantasías, disfraces, y montajes. Durante años las escuelas fueron financiadas por los llamados “Bicheros”, personajes pertenecientes al juego ilegal y lavado de dinero denominado “jogo do bicho” (lotería ilegal). La actividad de tragamonedas fue abrazada por los 'bicheros’ en los últimos años y está prohibida en todo Brasil. Pero esto a lo largo de los años se fue diluyendo y perdieron poder, muchos fueron arrestados y perseguidos por la policía local. Por lo tanto, la mayoría de las escuelas hoy en día reciben el apoyo financiero del gobierno.

Y por encima de todo esto está el mando del Rey Momo."Es el líder físico y espiritual de la ciudad y su felicidad es omnipresente", dijo Haroldo Costa, autor de varios libros sobre las tradiciones de carnaval de Brasil. Río de Janeiro ha tenido reyes Momo desde la década de 1930, cuando el primero, un periodista de deportes corpulento y aficionado a la bebida, fue elegido por sus colegas para desfilar por la ciudad con ropa colorida. Desde ese primer Rey Momo se estableció como requisito que los reyes tuvieran sobrepeso, en parte como símbolo de los excesos. De hecho en el 2004 Río de Janeiro estipuló que todos los que compitieran por el puesto pesaran por lo menos 150 kilos (330 libras). Pero ante el aumento de la diabetes y la obesidad en Brasil la ciudad removió ese requisito y muchas otras han hecho lo mismo. El actual Rey Momo de Río de Janeiro, Milton Rodrigues, ha mantenido el puesto desde el 2008, pero al principio tenía el temor de no ser demasiado corpulento.

Brasil crece y espera un crecimiento económico aún mayor. Los precios y los valores de las propiedades aumentan día a día. La esperanza de sus ciudadanos es desenfrenada. Con apenas tres años para que llegue el Mundial y cinco para las Olimpíadas, el país se prepara para recibir a millones de turistas. Los casi 800.000 extranjeros que llegaron a Río para el carnaval prácticamente llenaron los hoteles disponibles, las calles se saturaron de vehículos y los retrasos se multiplicaron en los aeropuertos. La velocidad en la que está sucediendo este cambio produce vértigo. Las marcas de lujo apuestan cada día más y la presencia de celebridades extranjeras y personajes como Obama comienzan a interesarse por tener algo en común con esta comunidad.  La bandera amarilla y verde se destaca cada vez más en el mundo. Al universo carioca aún le queda mucho por sambar.


Agradecimientos: Fabiano Robalinho Cavalcanti, Florencia Fontán Balestra, Julia, Isabela y Felipe…




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