ELLA EST //
Andrea Frigerio
03/01/2012

"Soy una GRAN soñadora"

Comenzó a trabajar como manequin casi por casualidad, cuando todavía estudiaba biología en la UBA. Cuando llegó a la televisión, supo que quería ser comunicadora y el teatro enseguida la conquistó. En 2009, fundó junto a su familia Roses Are Roses, una marca de productos de belleza.

“Rose is a rose, is a rose, is a rose”, así comienza un famoso poema de Gertrude Stein, y sigue: “Loveliness extreme.” Aquella primera definición, que se volvió popular en el Reino Unido para significar que las cosas son como son, fue la frase que el abuelo de Andrea Frigerio repetía a menudo durante las comidas en familia, para dar a entender que una discusión estaba cerrada.


Muchos otros recuerdos pueblan la memoria de esta actriz, modelo y conductora, que con el paso de los años confiesa que privilegia cada vez más sus pasiones y gustos personales. De esta manera y luego de un tiempo de planeamiento, Andrea, junto a Lucas, su marido, y Tomás, su hijo mayor, lanzaron Roses Are Roses, una empresa familiar dedicada a brindar experiencias sensoriales únicas a través de una amplia gama de productos para el cuidado personal, elaborados con la más alta calidad.

La marca cuenta con diez líneas, cada una de ellas caracterizada por tener una fragancia original y una amplia variedad de productos que incluye: colonias, lociones corporales, geles de baño, jabones, velas aromáticas. Roses Are Roses ofrece también mantelería refinada y exclusivos accesorios.

Apasionada desde siempre por las fragancias, Andrea nos contó de qué forma aprendió a distinguir esencias y cómo prefiere combinarlas, cómo cambió su carrera y qué pasiones siempre guiaron su curiosidad.

¿Cómo empezaste a trabajar de modelo?

Empecé a trabajar cuando nació mi hijo Tomás, que hoy tiene 29 años. Primero haciendo publicidades y después en moda. La primera etapa fue la de Para Ti. Pero yo estudiaba biología en la UBA, me había casado, no pensaba que iba a ser modelo. Nunca lo volví como una vocación, aunque tuve la suerte de ser muy bien recibida por el medio: las chicas que ya trabajaban en esto me recibieron muy bien y me enseñaron todo.

No sabía ni caminar ni maquillarme, solamente era alta, flaca y tenía un estilo, que entonces yo no sabía que tenía. Era parecida a las modelos de ahora: piernas muy largas, hombros chicos.

¿Cómo llegaste a la televisión?

Cuando probé con la tele, dejé el modelaje, porque al principio me sentía cómoda, pero sentía que no era la profesión que yo quería tener.

Empecé en un programa de TV y me di cuenta que eso sí era lo que quería hacer. Quedé atrapada pero con gusto. Sentía propio ese medio. Entonces empecé a crecer. En el ambiente de la moda, me seguían contratando para conducciones de desfiles o publicidades, pero a la vez estaba en la tele. Paro entonces yo me había transformado en una comunicadora.

 

Finalmente, la actuación…

Sí, a partir de un programa que hice con Tinelli, que se llamaba “La mesa de Andrea”, en el que yo tenía que actuar un poco. Entonces descubrí un mundo. Me empezaron a decir que debía ser actriz: muchos me llamaron para hacer teatro, entre ellos, Francella. Desde entonces, no dejé de trabajar como conductora y como actriz.

¿De dónde surgió la idea de Roses Are Roses?

Empecemos por el principio. Yo tenía una abuela, que murió hace unos meses. Ella había nacido en Francia, en Marsella, en la zona de Provenza: la cuna de la perfumería. Mi abuela era muy cocinera, pero también se llevaba muy bien con los perfumes. Yo tenía una relación muy estrecha con ella. Me enseñaba hasta cuestiones botánicas: era una mujer muy culta y muy curiosa.

Me decía, por ejemplo: “este es el perfume de tal flor”; “tal arbusto tiene un perfume en determinada época del año y en otra no”. Todo el tiempo estaba instruyéndome sin darse cuenta. Me entrenaba en el olfato, también cuando cocinaba. Ella hablaba siempre de si algo tenía o no perfume, si le faltaba o no le faltaba aroma. Como buena marsellesa tenía un léxico muy desarrollado sobre plantas y flores.

 

Ese ambiente funcionó como un estímulo…

Sí, cuando empecé a usar perfumes, durante la adolescencia, comencé a hacer mis propios perfumes. Por ejemplo, iba a la playa, juntaba algas y las mezclaba con crema de leche, y salía una crema de algas. He hecho estropicios: ¡Mamá tenía que soportarme! Pero de esa manera uno demuestra sus gustos desde pequeño y yo fui aprendiendo.

 

¿Cómo empezó a funcionar la empresa?

La idea estaba dentro de mí desde siempre. Solamente había que decir “ahora”. Un día estábamos almorzando en casa, comiendo en familia, y de pronto dije: “¿y por qué no empezamos con la empresa de perfumería?”. Para mi sorpresa, todos dijeron que sí.

Anteriormente me contrataron para lanzar perfumes con mi nombre. Fue positivo, pero no los hacía yo. Con Roses es distinto, me ocupo de cada detalle creativo.

Abrimos la primera tienda en 2009, en Pilar. En diciembre de ese año, el segundo local en Paseo Alcorta. En 2010, en el Solar de la Abadía y en Martínez. Este año, abrimos en Recoleta, también a la calle.

¿Cómo describirías la estética de la marca?

Se definió antes de empezar, y se respeta en todos los locales. El packaging para nosotros es importante. Debe reflejar la excelencia del producto.

 

¿Qué significa llevar este negocio en familia?

Como familia, nos llevamos muy bien. Nos divertimos, nos peleamos, como en cualquier trabajo, pero está buenísimo. La diferencia de trabajar con tu familia es que no te mentís. Te sentís integrado a un proyecto. Los procesos de aprendizaje son tranquilos.

¿Cómo son los roles empresariales dentro de la familia?

Todos hacemos todo. Sin embargo, algunos se dedican más a algunas cosas. Todo lo que se relaciona con el desarrollo del producto, perfume, corte: pasa por mí. Pero también yo consulto mucho a especialistas. Lucas, mi marido, se ocupa de lo administrativo y de los números. Y Tommy, mi hijo, está en lo comercial y la logística de la empresa.

Nos enfocamos mucho en capacitar a los empleados: esto es como dejarle tu hijo a alguien para que lo cuide. Hay un sueño y un cuidado especial detrás de cada detalle.

¿Por qué el nombre Roses Are Roses?

Hay un poema de una autora inglesa, Gertrude Stein, que dice “Rose is a rose”. Que quiere decir: las cosas son como son, son tan simples como son. La rosa es la flor más compleja pero la más simple. Sin embargo, hay millones de especies de rosas. Con muchos pétalos, con pocos; con más perfume, con menos perfume; con espinas, sin espinas. Las rosas son como las personas. Diría más, para mí las rosas, son la representación de las mujeres en el mundo vegetal. Todas somos distintas y a la vez diferentes. Una mujer es tan fácil y difícil de conocer como una rosa.

En El Principito, de Saint-Exupéry, en un momento dado, el principito pasa por un campo lleno de rosas. Entonces recuerda que la rosa que con tanto trabajo había cultivado en su pequeño asteroide le había dicho que ella era única. En ese momento, el zorro, otro de los personajes, le dice: "Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.” Lo mismo ocurre con las personas.

Mi abuelo, que era inglés, usaba esa frase cada vez que había una discusión en la familia: “No discutan más; Rose is a rose”, sugería. Yo tomé ese nombre porque me gustaba cómo lo decía, en qué contexto lo decía. Todo resultaba muy íntimo.

 

¿Cómo elegís los aromas?

Nosotros elegimos las esencias, que vienen de diferentes sitios. Por ejemplo, las esencias de las rosas vienen de Marruecos o de Bulgaria; las lavandas, de Provenza. Nosotros las importamos y entonces le indico a los perfumistas cuánto de cada esencia. Lo pruebo, lo pruebo en mí, lo someto a la familia, a la gente. Es como armar una comida.

Mi aroma preferido es el de rosas. Aunque no todos los que hacemos son de rosas. No hago perfumes comerciales, hago perfumes de autor, donde privilegio lo original, lo distinto. Para mí el perfume comercial es como la canción del verano.

¿Cómo imaginás tu empresa en el futuro?

Me encantaría hacer perfumes personalizarlos. Encontrar la esencia indicada es como encontrar un tesoro. Hoy día hay ciertas esencias que no se fabrican más. Sino que se venden en versiones artificiales. Encontrar la mejor versión es todo un desafío. Yo tengo la visión puesto en eso.

 

¿Un secreto de belleza?

Maquillaje nunca tengo. El secreto para mí está en la originalidad de la fragancia, y lo logro mezclando esencias, mezclando perfumes. Me perfumo el pelo, me gusta dejar mi aroma al pasar y la gente se pregunte qué me puse. Sin embargo, nunca puedo decirle uno solo: es una mezcla. De día uso uno, de noche, otro. Según dónde voy y lo que quiero lograr. Es un lenguaje.

¿Cómo te relacionás con el arte?

Uno expresa su creatividad de diferentes modos: a través de la actuación, el canto, la escritura, la pintura. Yo creo que todos somos creativos. Ocurre que algunas personas no tuvieron la fortuna de encontrarse en un ambiente demasiado estimulante.

No es que vengo de una familia de artistas o que me haya estimulado particularmente. A pesar de eso, la creatividad en mí era tan fuerte que salió a la luz.

¿Qué te inspira?

Muchas cosas. Algo que olí o escuché. Un viaje que hice. Una persona que conocí, una comida.

 

¿Un lugar en el mundo?

El mundo entero. Me gusta la playa y la montaña, el frío y el calor. Estuve en África, Rusia, EEUU, Europa, la Argentina, Sudamérica, Brasil. Me encanta conocer personas nuevas y culturas.

¿Qué marcas de moda te gustan?

Soy muy relajada, clásica. Hay que tener en cuenta que por mi trabajo me vestí de mil modos distintos y los sé llevar, porque los aprendí a llevar. La única marca argentina que me encanta es Etiqueta Negra.

¿Un conjunto que siempre te pondrías?

Otro concepto de mi abuela: el vestidito negro.

¿Tu plato preferido?

Me gusta absolutamente todo. Cuando era chica y preguntaba qué estábamos comiendo, en casa me decían “se llama coma y calle”. De esa manera, aprendí a comer desde caracoles hasta angulas. Regulo yo lo que quiero comer según lo que tenga ganas, según lo que a mi cuerpo le haga bien. 

 

¿En qué creés?

Soy católica. He sido bastante practicante durante mi adolescencia, porque fui a un colegio de monjas. Me casé por Iglesia y bauticé a mis dos hijos. Después me divorcié, por lo tanto no puedo comulgar. De tanto en tanto, voy a misa, porque acompaño a alguien o porque quiero. Y cuando voy, me encanta. Pero no soy ferviente.

¿Hay otras culturas o religiones que te interesan?

En realidad, todas. Porque soy muy curiosa. Creo que tienen un origen común, pero por peleas propias del ser humano se dividieron. Las diferentes culturas, a su modo, intentaron responder las preguntas esenciales de la vida. Pienso que la religión es como una respuesta que busca el ser humano para comprender lo que está viviendo. 

¿En qué rol te sentís más cómoda: modelo, actriz, conductora, mamá?

En el de mamá: el rol femenino de llevar adelante una familia. Siento que es el más exigente también.

¿Cómo es un día en tu vida?

Ninguno es igual al otro. Nos levantamos muy temprano para llevar a Josefina al colegio. Desayunamos. Hago deporte: bicicleta y estiramiento.

 

¿Un libro?

Leo mucho al mismo tiempo. Nunca releo. Cuando un libro me aburre, lo dejo, porque ¡hay tantos! “La elegancia del erizo” es el que estoy leyendo ahora. Biografías, historias de vida, me encantan. “El evangelio según Jesucristo”, de Saramago, por ejemplo, fue un libro que me impactó tanto que estuve como cuatro meses retomándolo.

¿Una película?

Hay una no muy comercial que se llama “Ser digno de ser”, transcurre en África, posee un contenido cultural y religioso muy movilizador.  “Mi nombre es Khan” también me gustó. Son películas que relatan cuando el mundo privado entra en conflicto con ciertos paradigmas sociales.

¿Un sueño que aún no cumpliste?

Millones. Soy una gran soñadora. Todo el tiempo imagino cosas y realidades posibles. Esa es mi forma de vivir.




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